Edición 2542: Jueves, 7 de Junio de 2018

Pucha, Nada de Política Esta Semana

Por: Lorena Tudela Loveday |

Ay, cholita, me voy a salir completamente del tema político –que ya me tiene curcuncha– para compartir lo apenada que estoy con la muerte de mi querida amiga de toda la vida, pucha, compañera de estudios desde el kínder en The nougat cottage, que quedaba a la espalda del Country y nos enseñaban a cantar Jack and Jill went up the hill, To fetch a pail of wáter, pero mi amiga que en paz descanse no era de entendederas muy abiertas para el inglés y solía cantar así: Jack and Jill guante pichill, tu fechar in the wáter, misma Tongo, hija, pero como su abuela, Consuelo Dolores Canaval y Moreyra, financiaba el kínder, qué coño que la mocosa cantara lo que le saliera del forro, yo sé que tú me entiendes.

Bueno, se murió Maritú Tudela Canaval y Moreyra, hija, le dio un infarto, que es la forma de morir más GCU que existe. No hay sangre ni ambulancia ni cuidados intensivos ni te meten cosas ni te pasan por ese horror que es la resonancia magnética. Bueno, la cuestión es que la forma como manejamos nosotros todo el temita de la muerte y sus rituales, pucha, comienza en el momento en el que alguien te llama para contarte la noticia. Esta comunicación debe darse sin quebradas de voz ni otras lorchadas porque, chola, está bien que la pelona nos iguale a todos pero hay que luchar por darnos nuestro lado hasta el último momento.

Una vez que te enteraste, tienes que preguntar: ¿y dónde van a estar?”. Bueno, eso significa que estás indagando por el lugar donde será el velorio, pero no hay nada más ordinario que decir, “¿y dónde la velarán a la pobre?”. Cholita, la frente siempre en alto, el efecto de los Rivotriles que te metas con sus wishcachos más hará que parezcas una de esas princesas danesas a las que se les muere la abuela archiduquesa, y salen en Hola en el sepelio enfundadas en negro hasta los pelos pero con unos sombreretes regios que tú dices, si tanta pena tenía, en qué tiempo fue donde la sombrerera.

Pero se trata de eso, justamente, de no aparentar nada que te exponga emocionalmente chola, porque ahí es donde se infiltra la vulgaridad. ¿O hay algo más vulgar en esta tierra de morondanga, que poner al muerto en un cajón con ventana abierta? Chola, la última vez que vi eso fue cuando se murió la mamá de Pocotón, una cajamarquina que dicen que de chica usaba pollera y trenzas y no se le fue a la familia el atavismo impúdico de velar a su gente con la tapa levantada.

Hija, cuando eso pasa, ves debajo del vidrio unas caras que nada te digo, para comenzar, como si fuera una pantalla pasan por ahí varios congresistas y políticos y yo te digo, por más que haya querido a la difunta, lo último que se me ocurriría sería ir a encontrarme con la carota de la Alcorta saliendo de un vestido de bastitas de guipiure en el velatorio de Fátima.

Otra cosa, pucha, ya no estamos para hipocresías, antes en el velorio tenías que poner cara de circunstancia, dar unos pésames de incunable y bien al anteojo oscuro susurrar con tus amigas sobre lo casco ligero que había sido la difunta pero de manera que pareciera que la estabas ya extrañando. No reina, ahora puedes trabajar en el velatorio con el I Pad, porque no vas a perder clientes de tu financiera gracias a que a tu amiga le tocó. Pucha, con toda naturalidad puedes conversar sobre tu último almuerzo con Anna Wintour o el polvorete con alguno de los Baertl y nadie te va a decir nada. ¿Flores? Forget it. Ya pasó la época en la que los velorios de la GCU terminaban pareciendo el mercado del Parque de la Exposición. A lo más, pucha, una lágrima de rositas sin perfume importadas del Ecuador y sanseacabó.

Y por favor, eso de poner una foto de la difunta al pie del cajón, pucha, déjalo para cuando se petatée la mami de la chica de la que te hiciste madrina cuando trabajábamos en el voluntariado en la Sociedad Nacional de Poseedores de un Solo Riñón, ¿te acuerdas qué buenas que éramos? Bueno, y de ahí cremación o nada, antes de pasar por la casa de los familiares a tomar un cava y ya pues, eso fue todo, lo demás es como el matrimonio de la Che Che, que o sea… mejor me callo, a esa gente le encanta litigar en el Poder Judicial y a mí me da una flojera realmente moqueguana. Regio, ¿no? Chau, chau.

Loading...