Edición 2541: Jueves, 31 de Mayo de 2018

Pucha, Televisores y Frigobares

Por: Lorena Tudela Loveday |

Mira cholita, yo sé que te llenas de una indignación más poderosa que la de Saladino contra los cruzados, y la comparto. Pero tienes que ponerte por encima de las circunstancias, sacar toda la clase que puedas de dentro y aceptarlo con cara de cojuda. Es que piensa, o sea, ¿cómo habrán sido sus infancias? Ponte, en Canchamarca, en Chuchubamba, en las selvas de Nanay donde todavía hay boas que comienzan en Iquitos y terminan en Puerto Maldonado. Pucha, desayunando con té de una bolsita que desde la semana anterior la madrina (porque eso sí, todos y todas tienen madrina), o sea, ha tenido que machucar con mortero para que tiñese un poquito al menos. Sin ir al colegio, porque la familia es tan pero tan, ay no sé, que no le dio ningún valor a la educación, aparte de que ya hasta en la punta del cerro se sabía que por mil soles tú puedes en el Perú ostentar un PHD y tres doctorados de Harvard, cómo te explico. Llenos de piojos y ya no solo piojos, en esas cabecitas ignorantes y deprivadas se alojaban hasta avispas de esas negras del tamaño de camarones camanejos, que cuando te pican te hacen cambiar de religión, algo que también ha sido parte de sus traumatizadas historias, reina. Un día eran católicos de cargar al santo en la procesión y endilgarle el cargo de mayordomo al tío que tiene chacrita, cuando de pronto al día siguiente ese santo de la procesión es la viva imagen de la idolatría, lo queman en acto público, las mujeres se bajan las bastas de las faldas hasta la mitad de la canilla y van a unos oficios los sábados donde se curan el páncreas solo de repetir la palabra de dios. Pucha, la iglesia del Venidero Paraíso del Reino de Su Majestad Divina. Pero a la semana vuelven a ser cucufatos católicos que recogen las cenizas del santo quemado y las vuelven reliquias, y es que cholita, se enteraron de que a la parroquia ha llegado un lote de leche en polvo bien grande y bueno, si la sabes hacer te puedes meter de voluntaria a repartir la leche y de paso te alzas un par de costales que luego, cuando ya no hay qué comer, vendes al triple. Regio, súper emprendedores a pesar de haber nacido en el valle de lágrimas. Claro, hay unos más y otros menos, ¿no? ¿Qué me dices, por ejemplo, de la cabeza de gusanera reencauchada, chola, que se acaba de casar (¡de blanco!) y pobrecita, pucha, hizo su fiestecita en un club campestre creyendo en el fondo que es una de nosotros? Te lo juro que es lo más triste que he visto en años, tanto que no paré de llorar echada en mi cama toda la noche y amanecí con otitis porque las lágrimas de mierda se me metieron a los oídos. Pero bueno, hija, a lo que voy es que con esas vidas que han tenido, pucha, sobreviviendo entre los plásticos azules de la indigencia, sin bañarse más que cuando soltaban el agua de la acequia (o sea, dos veces al año), desnutridos y feos como meter el dedito del pie en la pata de la cama, con esas historias, es comprensible que quieran tener sus televisores grandes como piscinas olímpicas y sus frigobares de burdel, cholita, hay que ser misericordiosos alguna vez en la vida aunque estos cocodrilos la vayan a pasar bomba con nuestra plata, pero ya qué importa, así los tendremos entretenidos y se relajarán en eso de sacar leyes contra la prensa, chola, que el canino de Mulder está empeñadísimo en que le den el carpetazo seguro para que no se publique algún entripado de los que debe tener con alguna chelfa de dos por medio. Hija, tranqui nomás, ya sabemos que en unos meses esos televisores y esos frigobares van a estar en las salas sus casas, pucha, con los floreros de Locerías Primor encima llenos de flores chinas de tela color calzón, y encima de esas alfombras imitación persa que más parecen un vómito de arroz chaufa. No importa, la vida a veces te pone pruebas y hay que saber sortearlas porque yo estoy convencida de que los buenos tiempos van a volver, y que esos curules que ahora huelen a esencias Banderas (los caballeros) y Pecado de Eva (las damiselas), se engalanarán con nuestros apellidos, regia, esos que construyeron la República, se saben vestir bien y no gritan en las plenarias. Regio, ¿no? Chau, chau. (Rafo León)

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