Edición 2540: Jueves, 24 de Mayo de 2018

Pucha, Fui Doña Peta

Escribe: Rafo León |

Bueno, chola, cómo te explico lo que me pasó hace unos días cuando yo estaba pegada al televisor para no perderme el menor detalle de la boda real, bien al scotch y los sanguchitos de pan blanco con mantequilla y pepinillos, que es lo que se come en ese maravilloso país que es Inglaterra donde la vida lo es todo menos la comida, hija, con decirte que en Santiago he comido mejor pero ese es otro tema. Bueno, no podía despegar la mirada de la morenita que se abrochó con el paparulo pelirrojo, el Benjamín de los Windsor y me acordé de lo que decía mi tía Grimanesa Diez Canseco cuando nos llevaba a la Botica Francesa a tomar helados y pasaban los marineros del Jeanne d’arc bien embracetados con unas chelfas que qué quieres que te diga y la tía entre dientes puteaba, “suerte la de estas aborígenes, en cambio mi hija se tuvo que casar con un Huapaya”. En eso suena el intercomunicador, mi sobrino Thiago Tudela, chola, que es una bala perdida de las dum dum, pero como yo tengo debilidad por los bad boys y además este chico es buenísimo si le quitas las capas de coca que lleva encima, como un árbol las cortezas. Y nada, pasaba por El Golf y se le ocurrió visitarme para tomar un tecito. Pucha, le dije que se esperase un rato, porque tenía que esconder mis joyas, la escultura de Niki Saint Phalle que me costó el huevo que no tengo, los discos funerarios chinos de siete mil años de antigüedad que están sobre una mesa holandesa de palo de rosa que si mi querido Thiago está necesitado fácilmente se la alza y la cambia por un gramo, yo sé que tú me entiendes. Bueno, lo hice subir, lo senté en la cocina para evitar que mirase mis grabados de Picasso y serví el té. Debo decirte que el pobre temblaba como un perro recién bañado y sudaba peor que Ronaldo a pleno gol. Yo sabía lo que le pasaba pero pucha, no le iba a decir nada porque habría sido muy poco elegante. Solo me limité a escribirle en un papelito un  número de celular al que llamó, y en cinco minutos mi bebé se estaba dando unos jalones que yo hasta temí por el mármol de la encimera, no sabes. En un momento en que se fue al baño yo agarré lo que creía era mi servilleta y me limpié los labios y regio. Luego vino Thiago, se despidió con un beso bien lamido y se fue. Bueno, yo al día siguiente tenía que hacerme un análisis de pichi para renovar mi seguro médico de la Clínica Mayo, ese que si me sale un uñero me mandan avión privado, cómo te explico. Y regia, yo en ayunas, vino la Vicky de Roe y se llevó la muestra. Chola, a las dos horas me llama mi médico, el Lucho Poggi con quien tengo una confianza de omertá a preguntarme si estaba todo bien. Le contesté que como para el tiempo pero luego soltó, chola. Resulta que en mi análisis salía que yo había consumido por los menos tres gramos de cocaína alita de mosca y que si él mandaba eso a la clínica Mayo, en lugar de asegurarme me extraditaban por narca, ¿no ves que yo tengo nacionalidad gringa, aparte de francesa, sueca, polaca y de NY? Casi muero, no entendía lo que estaba pasando, le pedí a Lucho que tirara esos resultados del análisis y que hiciéramos otro pero mi amigo se puso bien de Hipócrates y me colgó nomás. Te imaginarás que yo tengo forma de arreglar esto, no hay nada que una Tudela no pueda hacer. Pero, chola, este episodio me ha hecho sentir por un buen rato como si yo fuera una doña Peta, hecha una Erinia, una leona herida, una justiciera sin respaldo, y todo porque el estúpido del mocoso se puso a jalar y dejó el papel del paco junto a mi servilleta. Regio, ¿no? Chau, chau.

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