Edición 2537: Jueves, 3 de Mayo de 2018

¡La Jessy al Congreso!!!!!

Por: Lorena Tudela Loveday |

Pucha, cholita, solo me desespera más encontrarme con fotos de Marischenka en su periódico en las que se la ve usando la misma ropa de hace diez años, hija, lo que quiere decir que no sube ni un gramo de peso y de que no le importa estar pasadona de moda, regia ella. Bueno, pero si hay algo que me perturba como eso es que me interrumpan cuando estoy meditando, y fue justamente eso lo que hizo la Jessikah´s Jesseniah´s ayer, precisamente cuando yo ya había bajando al Sendero de Oro y Rubíes, que está en mi Cuarta Constelación, más o menos a la altura de la Trompa de Falopio, donde encuentras los orígenes de tu empatía, porque la verdad yo no sé por dónde anda la mía. Y nada, la mujercita se zampó a mi cuarto de meditación sin quitarse los zapatos (¡aaaaagggg!) y haciendo una bulla de fiesta de cono, aunque me han dicho que los conos ya no existen pero para mí sí. Sin preguntar siquiera si me estaba perturbando, y con una sonrisa de oreja a oreja que dejaba ver un bleaching dental a todas luces hecho con lejía Sapolio, pucha, me lanzó la última: va a postular para congresista en el 2021. Hija, te imaginarás que de la sorpresa subí del Sendero de Oro y Rubíes al piso once de un dúplex en El Olivar como por un tubo, y lo primero que se me ocurrió fue decirle: “haz lo que quieras pero me dejas todo limpio”; sin embargo era más complicadillo el asuntillo. Reina, en esencia lo que estaba pasando era que en su salida del domingo pasado había conocido a un vigilante del mercado de Jesús María (creo, o de Villa María del Triunfo, el orden de los factores no altera el producto), y claro, ojitos van ojitos vienen, terminaron en un hotel mirando en el televisor del cuarto a Macarroni Cazzo haciéndole el sillón de peluquero a Pussyfire y ellos por ahí. Terminado el polvorín, el caballero, que responde al nombre de Jabolayne Orcotuna, le ofreció a mi Jessy meterla al Congreso por Fuerza Popular y que por una módica suma, él le arreglaba el asunto de los requisitos para postular. El argumento principal que usó fue que la tocaya de la Jessy, una tal Yesseniah’s,  estaba bien entornillada en el hemiciclo a pesar de que no hizo ni la preparatoria y escribe cajón con /g/. Mi Jessy, que no es ninguna ignorante, le contestó al señor que ella sabía que no es necesario tener estudios superiores ni nada para postular, pero él, claro, como buen fujimorista pendejo y ladino, le respondió que se iba a dar una ley esa semana, cambiándolo todo y subiendo las exigencias de los postulantes. Hija, la pobre me contaba todo esto ilusionadísima, porque por mil dólares, pucha, Orcotuna le iba a granjear un título de obstetriz otorgado por el Hospital María Parado de Bellido, de Torata. Por otros mil, pucha, un doctorado en Neurología de la Universidad Patria o Muerte Venceremos, de Moho. Y ya, en combo, por tres mil dólares más, pucha los dos anteriores más un PHD en Podología Aplicada, emitido por la UPC, chola, que está franquiciada por Laureate, algo que la Jessy no entendía pero tampoco parecía importarle demasiado primero, porque tiene la plata, segundo porque el Jabolayne la había hecho linda y tercero, “señorita China, yo a usted la aprecio, pero la verdad ya me llegó, más vieja se pone, más me jode la vida”. En cambio -continuó-, de congresista de FP iba a tener carro, vales de gasolina, un sueldazo, vacaciones y de amigas, bueno, a la Migajona, a la Miss Horripila, a la Cabeza de Pubis Angoleño y a ciertos padres de la patria que según me confesó, “me arrechan, señorita China”. Y se refería específicamente a Becerril y a Salaverry. “Mira Jessy, me limité a contestarle con el alma en un hilo, tú eres dueña de tu destino pero te voy a decir algo para que no lo olvides nunca. De repente llegas a congresista y el auto y toda la huevada. Pero pasar de tratar con gente como yo y mis amigos a esa acequia de barriada, cómo te explico, que te puede causar un conflicto de identidad del que no te sacará ni Saúl”. Hija, se levantó, me miró por encima del hombro y salió del cuarto diciéndome: “envidiosa habías sido”. Bueno, no tan regio, ¿no? Chau, chau.

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