Edición 2533: Jueves, 5 de Abril de 2018

Pucha… ¡Matiné Con Las Monstruosas!

Por: Lorena Tudela Loveday |

La depre pues, la depre tiene la culpa de todo. Estaba con una de las bravas, cholita, de esas que cuando me vienen no me baño por una semana y mi máximo placer es sentir los olores de mi cuerpo venteando las sábanas mientras me zampo uno tras otro los pollos a la brasa con todas sus cremas que me pido por delivery al Norky´s, echa pluma. Bueno, así estaba la semana pasada cuando en eso viene a visitarme Maridé de Romaña, que tiene una vocación de Teresa de Calcuta (y unas arrugas también) que te lo juro que pasa el tiempo y me sigue sorprendiendo. Vino a sacarme de la casa y yo le dije que si quería ayudarme en algo, más bien me trajera la botella de Calvados del mueble de la sala y se dejara de cojudeces. Pero la arequipeña es dura y no paró hasta hacerme bañar y vestir, y qué poderes habrá adquirido en el H’oponopono que consiguió meterme a su carro… ¡y llevarme al cine Alcázar! Pucha, yo no voy al cine en Lima desde hace treinta años, cuando el Alcázar era una sola sala con asientos de terciopelo y te vendían esas almendras acarameladas que eran más buenas que la paja rusa. Y te digo, no se me ha ocurrido ir a ningún multicine por una cuestión antropológica: la gente nueva del Perú, que llena esos sitios, cree de verdad que son de verdad, yo sé que tú me entiendes; o sea, cuando se ven a sí mismos con las cajotas de pop corn entrando a una sala donde los avances que dan los ponen a tal volumen que es la única manera como olvidan el mundo que están dejando (y no sabes cuánto los entiendo). Pero, hija, yo soy observadora no participante, no me obligues a incluirme en esa cosas que han sido creadas para, cómo te explico, para quienes pueden a la vez tener un negocio de llantería y una peluquería Unisex en la misma cuadra, ¿ya? Bueno, pero la idiota de la Maridé me metió al cine y yo ni siquiera sabía qué película íbamos a ver, simplemente actuaba en piloto automático. Cómo te explico que  la sala estaba llena y en una de las primeras filas había un grupito de damiselas cuyas voces –no muy discretas que digamos– me sonaron conocidas. Pucha, haciéndome la que se  me había rodado el celular hasta abajo me fui a mirarlas y claro, lo que sospechaba. En vez de estar en el Congreso debatiendo leyes para que a Roque no lo investiguen, pucha, bien sentadas en la platea dispuestas a soplarse la vida de María Magdalena porque ya se acercaba la Semana Santa. Pero, chola, el asunto era que muy pegadas a la ley, ellas ya habían acatado la resolución del Indecopi que permite a la gente llevar sus propios alimentos al cine y no depender de lo que ahí te venden. Pero, reina, como que seguía buscando el celular, y guiada por un olfato infalible como el Papa, fui detectando qué había llevado cada Madre de la Patria a su matiné. Te digo, la Peluda Pubis Subsahariano tenía un termo con ajiaco de papas y su arrocito graneado que te lo juro que no se veía mal porque tenía el toque cajamarquino correspondiente. En cambio, la Migajona Zezeosa cómo te explico que tenía en un táper común y corriente una mezcla de olluquitos, tallarines al tuco y arrimado de coles que de verlo, pucha, entendías el porqué de esa mirada extraviada que tiene la dame. Es que nadie puede sobrevivir con decoro después de un tentempié como ese. La Bella LouLou, pucha, más vestida que nunca con la ropa del difunto, como es bien fina y su familia tiene restaurante, pucha, por dárselas de muy/muy, había llevado unas colas de langosta pero en mantequilla, que se había empezado a derretir y le bajaba por la comisura de los labios y te lo juro que pensé que nos habían cambiado la película a Godzilla y la Amenaza Verde. La Choborra Cejona ( ya sabrás quién es), cargó chuño y moraya de su terruño, que son delicias en su contexto pero en un cine de Lima hizo que toda la concurrencia se revisara la suela del zapato, cómo te explico. Y los modales, me quería morir. Todas con los pies encima del asiento de adelante y hablando como teenagers haciéndose la vaca. La gente las hacía callar pero ellas se achoraban más y en ese momento se me pasó la depre, le agradecí en el alma a Maridé por haberme llevado al séptimo círculo para hacerme recuperar mi capacidad de lucha contra los desenfrenos del nuevo Perú en el poder. Pucha, habiendo un Barnechea, que sabe bien lo que come, no podemos permitir semejantes desmanes en la política. Regio, ¿no? Chau, chau. (Rafo León)

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