Edición 2528: Viernes, 2 de Marzo de 2018

Ay, Rosita, Los Comunistas Nos Derrotaron

Escribe: Lorena Tudela Loveday |

Pucha, cholita, mira, yo bien ingenua al ver la foto de Sue presentando sus credenciales ante la reina Isabel, pucha, pensé que ya al fin estábamos saliendo de África. Pero no, algo tienen los peruanos que no soportan el progreso, hija, yo creo que en los tiempos precolombinos se bailó demasiado huaylarsh por órdenes de Tupac Yupanqui y por eso es que en los cerebros originarios se produjo una mezcla de las distintas sustancias y eso es lo que nos tiene confundidos, me da una penita.

Bueno, estoy furiosa porque los rojetes presionaron tanto a la Rosita Bartra para que retirara su proyecto de empleo juvenil que la pobre lo tuvo que hacer. De paso, yo estoy de acuerdo con todo lo que Rosa María hace en el Congreso, pucha, porque hay que tener una mística única para salir al primer plano con esa cara de cuajada y esos pelos de Cristo de chacra y esa vocecita zezeoza de confesionario de pueblo joven, pucha, y defender tus ideas.

Te lo juro, o sea, como hablá- bamos el otro día en Totoras, ¿qué nos haríamos nosotros (nosotros, pues) si no existieran Rosita, el cuco de la Alcaorta, el vejete de Tubino y tantos otros que son como el mando medio de la hacienda, chola, que no eran los de a verdad ni tampoco los yanaconas sino que estaban ahí listos para guerrear por nosotros (nosotros, pues, ya no me hagas repetir), y se sentían parte de los Windsor Mountbatten si es que en Navidad los hacíamos pasar a la casa a comer su panetón y su vino de Borgoña. Pero me he salido del tema. Yo estaba feliz con eso de la ley de empleo juvenil. Te cuento, la Jessikah’s Jesseniah’s ya tiene casi veinte años trabajando conmigo. Pucha, desde el primer día le mostré que su cuarto y su baño no se diferenciaban casi en nada de los míos, y que no tener mayólicas en las paredes ni agua caliente, pucha, para la historia de desigualdades que puede mostrar el herido Perú, cómo te explico que son bagatelles.

Bueno, ella siempre ha comido lo mismo que yo. Ahora, que no le gusten el Beluga ni el fromaggio sardo que huele a pezuña de misionero franciscano, pucha, es cosa de ella, de su libre albedrío y albedría, así como yo vomito cuando a veces me viene del mercado con sus chuños y sus tuntas y se pone a hacer sus preparados que te lo juro, la vez pasada Maridí Díaz Ufano, que vive siete pisos más arriba, llamó a los bomberos y bomberas pensando que había ocurrido un crimen en mi piso. Ya, regio, la chica empezó como una súper trabajadora moderna, con seguro, con un buen sueldo y su medio día libre a la semana, los lunes de cuatro de la mañana a una de la tarde, inmejorable.

Claro, como yo soy justa y democrática no me había puesto a pensar que cuando la Jessy llegó, pucha, planchaba mis pantalones con dos rayas a los costados, preparaba el arroz así mazacotudo como les gusta en las alturas, guardaba las frazadas en la congeladora grande en el verano y un día casi me mata a mi gata Poupé porque le quiso dar de comer un ratón que se había traído especialmente de la casa de su madrina (¿te has dado cuenta de que todos ellos y todas ellas tienen madrina?), que queda por Los Olivos, chola, donde pasa todo lo que pasa en el Perú.

Y claro, ahora la vieras, sabe preparar conejo trufado, boeuf a la bourguignonne, endivias al Roquefort y unos postres que te lo juro que a la Sandrita Plevisani, que la adoooro, la deja como a la señora que me hacía esos maicillos que saben a chompa cuando yo era así, de este tamaño, en Arequipa.

Nada te digo de cómo limpia mis piezas Cupisnique ni cómo contesta el teléfono, chola, que parece una buena secretaria que ascendió desde abajo. Y claro, yo de tetuda le enseñé todo eso y encima le he venido pagando, por eso cuando Rosita presentó su proyecto pensé hacer retroactivo el asunto y que con justicia la Jessy trabajara diez años en adelante como compensación a esta maravilla de la economía compartida. Pero no pues, los comunistas de siempre que ni siquiera se bañan y vienen a hablarle al país de derechos laborales. Ay, qué horror. Bueno, no tan regio ¿no? Chau, chau. (Rafo León)

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