Edición 2526: Jueves, 15 de Febrero de 2018

Pucha, no al Arte Sexista

Ay, cholita, para no ser la reaccionaria del grupo yo también tuve que ponerme en línea y les mandé a hacer unos calzones regios a mis cuchimilcos de Chancay que tengo en el comedor de Totoras para que no se les vean más el pipilín al huaco macho y la rajita a la mujercita.

Es que hija, todos están haciendo eso y tampoco te puedes quedar sin amigos en esta vida, aunque sean unos imbéciles. La cosa empezó la noche en que Marigá Garrido Lecca hizo una comida en su casa de Los Castaños y cuando estábamos en el aperitivo, pucha me di cuenta de que el Baca Flor que siempre había visto sobre la chimenea, o sea, un desnudo de mujer a plano entero, ahora llevaba puesta una ropa de baño tipo Jansen (¿te acuerdas?), negra, con faldita y espalda.

Después, pucha, todos los putti virreinales que su familia fue robándose de las iglesias cusqueñas en las que tenían sus haciendas, igual, o sea, con unos bebecrece rosados y celestes que te lo juro que parecían esculturas neobarrocas de algún aprovechado alumno de Artes de la Cato.

Días después en un champán en el deck de mi casa en la yapla, escucho a la escasa Maripí Pinillos contar, feliz, que al Tiepolo que hay en el comedor de la casa de  su mami, pucha, que está lleno de calatas y calatos ascendiendo al Paraíso, le habían pintado encima jeans, camiseros, bikinis y hasta corbata y terno a algunos caballeros que mostraban una joya de la familia un tanto más aventajada que sus compañeros de cuadro. “¿Y quién retocó todo eso?”, pregunté intrigada. Bueno pues, Maripí tiene una sobrinita de nueve años que va a un taller de verano de arte en su  cole y regio, la mocosa es talentosa, le dieron sus plumones y a adecuar el Tiepolo a la circunstancia histórica.

Te lo juro que me quedé tranquilísima, porque ya pues, en los tiempos que corren, pucha, cuando son trendy la dignidad de la mujer, el empoderamiento y  la chucha del gato, o sea, tú no puedes permitir calaterías ni cosas así a vista y paciencia de todo el mundo, te lo juro que esas cosas nos ofenden más que si nos metieran mano en el Metropolitano, al que nunca he subido ni subiré porque creo en la economía social de mercado y me parecería súper injusto que yo ocupara en el transporte público un espacio que le sería más necesario a una mujer pobre.

Pero mujer, eso así: a los hombres, como decía mi abuela Nicanora, “que se los cache un burro”. Regio este reto, hija, de combatir el machirulismo en el arte. Yo ahora tengo algo de tiempo porque en el verano, tú sabes, los pacientes se van a sus playas a regar la neura sin compasión.

Pero bueno, estoy aprovechando y por las tardecitas ando adaptando el Romeo y Julieta de Shakespeare para ofrecérselo a Chela a ver si lo ponen en su teatro de Larcomar. O sea, en mi versión Romeo es un mamón que solo piensa en eso (ya te imaginas) y que a lo largo de sus veinticinco años de edad ha violado a veinticinco mujeres, una por año, pero los jueces, que también tienen chulapina, no han hecho caso a las denuncias de ellas y ya tú sabes.

Julieta, mientras tanto, no es ninguna jovencita ingenua que sale al balcón a escuchar romanzas del tarado. Sí, en una escena en efecto sale al balcón pero con una bacinica llena de pila y juá, lo deja al pobre Romeo apestando a Estadio Nacional, cómo te explico.

Bueno, Julieta crea en Verona un movimiento que se llama Lascia la Mia Vagina in Pace, chola, que agrupa a todas las mujeres que han sido agredidas de alguna forma, especialmente a las que fueron alguna vez víctimas de acoso como que les dijeron en la calle Sei il vento che soffia la mia anima.

Terrible, ¿no te parece? Mira, me muero de pena porque a como vamos le van a poner suspensor al David de Miguel Ángel, que en realidad no lo merece porque tiene el pajarito del tamaño de un chizito, pero igual, o sea, simbólicamente es el representante en el arte del sexismo más descarado. Así es la vida, pues, todo cambia y suponemos que para mejor. Por eso mi libro favorito, Memorias de una pulga, de Musset, lo tengo guardado en la caja fuerte de mi depa, no vaya a ser que alguna de mis amigas me visite y lo descubra. Regio, ¿no? Chau, chau.

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