Edición 2524: Jueves, 1 de Febrero de 2018

Pucha, Adiós a mi Tablas de Sarhua

Por: Lorena Tudela Loveday |

Ay, cholita, tú sabes que yo amo a mi país más que Rosa de Luxemburgo al suyo, pero no vayas a creer que Rosa era de Luxemburgo, no seas bruta, era alemana, comunista y coja pero no importa, ya me desviaste de mi tema que es el amor al Perú, y te preciso “el Perú” porque yo tengo triple nacionalidad: como nací en Ginebra cuando mi papi era embajador allá, pucha, soy suiza pero ni pienses que tan aburrida como los relojes cucú y los chocolates de leche; además, cómo te explico también soy australiana porque alguna vez un ganadero millonarísimo de Melbourne se quería casar conmigo y como yo ni bola le daba, hizo una maniobra bastante montesinista para simular que yo ya era su esposa y secuestrarme en una de sus maravillosas haciendas, me too, chola, pero la Interpol me rescató y verás que no hay mal que por bien no venga porque así terminé con mi tercera nacionalidad.

Bueno, voy a que  con todo el amor que le tengo a mi peruvian, me he desecho de todas las piezas de artesanía que por décadas he venido coleccionando. Pucha, he tenido toros de Pupuja, kenés de los shipibo conibo por millones, retablos firmados por don Joaquín, frazadas de Huamachuco de las de a verdad y no de las que Lucila colecciona que parecen del Colegio Militar Leoncio Prado; nada te digo de los textiles de Cajamarca que los adoraaaba, y las dormilonas de Catacaos tan perfectas que las mariposas macho de filigrana tienen hasta huevos, cómo te explico.

Y por supuesto, unas tablas de Sarhua del siglo XIX que eran mi chochera. Pero tampoco tampoco, cholita, o sea, una cosa es que te mueras por la estética y otra muy distinta es que sin darte cuenta estés haciendo apología del terrorismo. Pucha, cuando leí el informe ese de Correo yo estaba calata en el deck de Totoras y del terror así tal cual me metí a la camioneta para venir a Lima y desaparecerlo todo.

Felizmente don Sapolio Cutipa, el viejo guardián de la playa, me vio y me dijo, “osté calata está, señoreta Chena, no maneje ase que la van a culear en la carritira”. Pucha, thanks don Sapo, regresé, me vestí y en una hora estaba metiendo toda mi colección en unas cajotas, después llamé al hombre para que se las llevara pero con el compromiso de tirarlas al mar (of course que ya había contratado a un policía para que lo siguiera), por ahí por Lurín, de repente él también era un rojete y las terminara donando al MALI y de paso, pucha, yo no sé qué le pasa a Natalia, chola. Una mujer de una sola pieza, regia, súper GCU, inteligente y cosmos como pocas, y de pronto, ay no sé, metida en eso. Claro, no se debe haber dado cuenta, tanta cosa que tiene en la cabeza.

Pero reina, su responsabilidad como directora del museo es coordinar con la Dircote, con la Dincote, con el MINJUS y el MINAN y la SUNAT y la SUNARP y la ONPE; con el Ministro de Defensa, con el del Interior, con el Servicio de Inteligencia, con los Serenazgos de todo el Perú, la FAP, la Marina de Guerra, el Círculo Militar y la Sociedad de Precursores de la Independencia, para evaluar antes de aceptar cualquier donación, que pucha, fácil viene de alguna institución caviar de alguna parte del mundo y una como una tetuda acepta el regalito de manos de la mismísima Maritza Garrido Lecca, tal como apareció en una foto en la red que te lo juro, o sea, a mí me dejó sorda por varios días: ¡una Garrido Lecca y una Majluf intercambiando un regalo con la hoz y el martillo!

Ay no, yo felizmente ya quedé fuera de todo eso con la destrucción de mi colección, aunque después me quedé pensando, “qué tarada”, hubiese podido vendérsela a los gringos que hicieron el donativo rojete de las tablas a la Natalia, me pagaban un horror de plata y luego con mi colección realizaban una segunda donación y quedaban regios porque te digo, las piezas que yo tenía, pucha, no las encuentras ni en el MOMA, ¿y sabes tú por  qué? Bien fácil, porque nadie ama a su país como yo, y te preciso que cuando me refiero a mi país, al menos en este contexto, pucha, no estoy pensando ni en Suiza ni en Australia sino en el Perú, ese que vale un Perú. Regio, ¿no? Chau, chau. (Rafo León)

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