Edición 2523: Jueves, 25 de Enero de 2018

Pucha, Primicias de la Santa Visita

Por: Lorena Tudela Loveday |

Ay, cholita, tú sabes que yo soy una clásica, me llegan las fusiones y las modernizaciones y por esa razón es que soy corresponsal de Le Monde en todo América, Oceanía, Asia y Europa excluyendo a Francia, ya habría sido el colmo. Pero bueno, estaba la semana pasada en mi deck de Totoras tomando el soleil con la teta fresca al aire, cuando me llama Theo Delvaux, el director y dueño cien por ciento de Le Monde –y a quien le conozco hasta el perineo, y lo digo con todas sus letras sustentando el manifiesto de las cien francesas regias– pucha, para decirme que tenía que cubrir toda la visita del Papa al Perú, sin descuidar un segundo y de ser posible, infiltrándome en su grupo más cerrado para obtener información privilegiada y única. Chola, fue como que Theo me hubiera llenado con gasolina de avión, me puse una blusa, agarré la camioneta y me vine a Lima de frente donde Eutroquia, la costurera de la familia que solo ve la mitad y por un ojo pero es regia, para que me hiciera un hábito de cualquier tipo de monja, pero al instante. Pucha, la pobre tuerta de cuarta edad se pinchó los diez dedos de la mano hasta parecer un colador, pero en media hora yo salía de su casita de Lince vestida de Dominique nique nique, regia, de blanco impoluto, con toca y hasta le pedí a la Eu que me prestara un crucifijo que tiene desde siempre en su sala que pucha, es casi de tamaño natural pero mejor, más fe, y me lo colgué al cuello con un pasador del difunto marido. De ahí de frente a la Nunciatura, donde sin necesidad de presentar papeles ni credenciales (nunca lo he hecho en mi vida), o sea, me identifiqué como la madre Virtud, de la orden de las Servidoras del Cruento Santoral y regio, al instante yo ya estaba en el cuarto de Bergoglio esperando a que el cura entre. Hija, en eso se abre la puerta y aparece el susodicho puteando en el mejor estilo de La Boca, “manga de boludos que creen que uno es un pibe de veinte años y lo tienen de acá para allá”. Me miró y me dijo, “y usted, qué hace ahí parada como una armadura, tráigame agua bien helada y de paso cámbiese esas sandalias que parecen de puta barata”. Hija, ahí me di cuenta de lo incompleto de mi atuendo, pero en fin, volaron las Gucci, quedé de carmelita descalza, le traje su agua y nos empezamos a caer regio. Me contó que en el aeropuerto le habían invitado un ceviche, “horrible, niña, y lo peor es que estoy peor que el Espíritu Santo después de haber compartido gusanos con otras palomas”, y se iba corriendo al baño el pobre para regresar de un color verduzco que, como le dije, o lo cambia o lo cambia porque no le hacía juego con ninguna de sus sotanas color pastel. Como que se reponía se tiró en la cama y me hizo sentar cerca para empezar con los chimentos. “Che, querida, a tu Cipriani no lo soporto, esa cara de sorete de dinosaurio me amarga la vida, no sé qué hacer para sacármelo de encima. ¿No conocés a algún buen envenenador que le ponga algo en el té para que duerma durante toda mi visita?”. Pucha, imaginate el compromiso, le respondí que hiciera gala de su tolerancia cristiana y lo aguante. Pucha, se sentó como accionado por un resorte y empezó a hablar para sí mismo: “Encima de que tengo que convencer a los cabecitas negras de que creo en dios, encima, me tengo que bancar con unos obispos que ni para lavarles los pies a los Medici habrían servido. De haberlo sabido, no aceptaba el cargo y hasta ahora estarían esperando en el Vaticano el humo blanco, porque nadie quiere ser Papa, te fijás que te llevan, te traen, te ordenan lo que tenés que decir y callar y encima, ay, el ceviche que creo que estaba vivo porque me anda caminando aquí adentro”. Y voló otra vez al Santo Wáter. Bueno, hija, ese fue el primer día, con información que nadie nunca en el planeta había antes conseguido sobre un Vicario de Cristo en la Tierra. Perfecto, consideré que mi misión con Le Monde estaba más que cumplida, salí del cuarto dejando a Bergoglio seco como un perezoso selvático, me cambié y volví a Totoras a escribir un poco de posverdad sobre el resto de la Santa Visita al Perú, que encajó horrores con lo que salió en los otros medios. Regio, ¿no? Chau, chau.

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