Edición 2518: Jueves, 14 de Diciembre de 2017

¡Gracias a la Vida!

Se acabó la angustia existencial, al cuerno con el horror al vacío, pucha, soy una mujer nueva y no porque la semana pasada me haya vuelto a hacer los hilos finlandeses en el párpado, cholita, me refiero al cambio de 360 grados que he dado a mi vida desde que estoy yendo a rezar el rosario todas las semanas con mis amigas de la playa.

Pucha, últimamente hemos agarrado una potencia que si fuéramos jeeps competiríamos en el Dakar. Ahora, claro, no es fácil el camino de la reconciliación con la vida, hija, hay que dejar el trago y los tronchos, ya no debes andar mirándoles el popó a los hombres ni fantasear con que te torteleas con ciertas regias de tu environment. Aunque todas esas son paparruchadas frente a la mayor exigencia que te hacen Dios, Cristo, la Santísima Trinidad. María, tú eres mi madre, el Divino Copón y el santoral completo a coro.

La mayor prueba consiste en asumir que todo lo que has criticado en los otros a lo largo de tu vida de pecado, pucha, lo reconozcas como tuyo, como taras de tu persona, ¿me entiendes? Te explico, al comienzo de mi proceso hacer insight de que era yo la porcina ojo jalado y ninguna otra,  fue algo súper fuerte, cómo te explico. Pero a punta de esfuerzo, oración y Rivotril lo conseguí, hija, y como recompensa me  llegó una especie de ventilación interior deli, no te imaginas. Bueno, llego a finales de 2017 con la certeza de que soy yo la pacharaca apretadita y de rulos que defiende a la mujer y por eso le encanta que los hombres digan en público que tiene buenos pechos. Regio, ¿no?

Otro peso que me quité vino cuando me di cuenta de que en alguna otra vida yo debo haber sido matona en las azucareras del norte, una hampona lisurienta y más fea que pegarle al padre. Pucha, látigo por aquí, chajuí, látigo por allá chajuá, nunca más proyectaré en otros mis horribles defectos. Acuérdate de cómo yo hacía escarnio de cierta gente, ejem, que tenía en lugar de manos, pucha, unas tenazas que hasta me hacían pensar en la langosta Thermidor que una vez almorcé en el casino de Montecarlo y me pareció la mejor que había probado en mi vida.

No, cholita, ahora soy yo la que tiene esos garfios, simbólicos como podrás imaginarte porque la beatitud me da para mucho pero no para cojuda, yo sé que tú me entiendes, además que las peores malformaciones no son las que se ven sino precisamente las que no se ven, y de esas tengo horrores, cómo te explico. Dios, perdóname. Y perdóname Virgencita por haber considerado que esos en lugar de un partido político, pucha, son una banda de pedorros más feos que Los Chesumadres de La Huayrona.

Qué horror, qué pecado capital, qué falta de humildad la mía de no haber tenido en cuenta que en realidad los delincuentes somos yo y mi familia, chola, cosa que puedes claramente comprobar si te das una vueltita por el penal de Ancón, cómo te explico. ¿Fea? No, no es fea la virola bigotona que usa el saco del tío difunto, no. La horrible soy yo aunque te parezca mentira. Soy yo esa cuya alma es todavía más espantosa que su empaque, cholita, si es que eso es posible. ¿Bruta? No, bruta no es esa que su apellido rima con teta, la tarúpida soy yo por no darme cuenta de que es necesario contextualizar a la gente en su contexto, valga la redundancia, antes de juzgarla de ruca, insignificante, salaburra, imbecerril, ordinaria, ignorante, taba, necia, carente de cerebro, mala, pésima, de lo peor.

Pucha, qué difícil pero qué saludable es dejar de colocar en esa gente la palabra gentuza, no te puedes imaginar, es como si de chica me hubieran puesto en unidad escolar porque la familia pasó por un mal momento. ¿Ahora ya entendiste por qué estoy tan feliz y liberada? Pero la tarea recién ha empezado, he grabado el momento en el que allanan su local partidario y se presentan todos y todas apestando a poto porque el aviso no les dio tiempo para ducharse (los que lo hacen regularmente).

Pucha, ahora estoy mirando a una maravillosa mujer a la que yo pecadoramente calificaba de muñeca inflable sin darme cuenta de que soy yo quien tiene hasta un pitorrete por el cual soplas para que cobre cuerpo, no sabes. Y ahora, déjame que tengo que seguir con mi acto de contrición y propósito de enmienda, aparte de cagarme de la risa. Regio, ¿no? Chau, chau. (Rafo León)

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