Edición 2517: Jueves, 7 de Diciembre de 2017

¡Cholita, Estoy Cambiando!

Por: Lorena Tudela Loveday |

Ay, cholita, el Club Nacional ahorita se cae, metafóricamente obvio, pero es que desde que entras comienzas a sentir que sus cimientos crujen, hija, y hay tal conmoción adentro que ya ni controlan que las mujeres solas ni los hombres sin corbata suban al comedor a clavarse el tacu tacu de pallares más delicioso y barato del Perú, cómo te explico. Pucha, qué tiempos estos, porque a la vez que pasa lo que ya sabes que está pasando, pucha, encima hay que ir a toros.

Y yo te voy a decir una cosa, no es que yo sea una esclava de lo políticamente correcto, al contrario, pero me asquean, me repugnan, me deshacen el corazón las corridas de toros, yo sé que tú me entiendes. Y fíjate, si no me pierdo una es porque pucha, yo soy una depositaria regia de los atavismos y taras de mi clase social, ¿te das cuenta? O sea, tienen absoluta razón todos esos puyudos que me han estado rajando de clasista porque en efecto, pucha, yo voy a toros y tengo casa en Totoras y depa en San Isidro y salgo en sociales en los medios y somos dueños de medio Arequipa por mi lado materno, y todo es verdad, pero nadie se pone a pensar en lo difícil que sería salirse de esa clase social, no te puedes imaginar.

O sea, al revés no solo es súper fácil sino que ya too much. O sea, si te dijera quién se compró el año pasado la casa más cercana a la mía en la playa no lo podrías creer: el marido con bermudas de palmeras, zapatos y medias de terno y chela en mano el día entero y la mujer, cómo te explico, sandalia taco catorce en la arena y tapenade nacional en su toldo, aparte de que los horrendos hijos se comen los mocos mientras escuchan reguetón y ya no hay nada qué hacer, ¿te das cuenta? Claro, ellos sí pueden ascender y que dios los asista, pero que no nos obliguen a descender a nosotros, nosotros pues, no te hagas el idiota que sabes muy bien a quiénes me refiero, sobre todo porque es imposible, ¿entiendes lo que eso significa? Ahora, sí he avanzado horrores en el tema del racismo, porque debo confesarte que alguna vez tuve unos arrechuchos de los más discriminadores en mi diario comportamiento.

Pero ahora, pucha, regio, para comenzar ya erradiqué de mi léxico la palabra ‘raza’. Porque pucha, la raza no existe, y claro, ahora estoy hecha una loca tratando de reclasificar al mundo y no me cuadra nada, ¿o me vas a decir que entre Betty Ananculí y Maripí Pinillos no hay mayores diferencias? Pero bueno, desde que vi la luz y dejé de ser racista, pucha, estoy haciendo cosas increíbles.

Por ejemplo, el cuarto de la Jessikah’s Jesseniah’s en el depa de San Isidro no tenía ventana, apenas cabían una Comodoy y un clavo en la pared para colgar el mandil y bueno, ni siquiera estaba pintado, para no hablarte del baño, cholita, sin terma ni mayólicas y claro, en cada duchazo de la doña, los lamparones de humedad se pasaban hasta el depósito donde guardo las bicis y era una desgracia todo.

Ahora, pucha, con ayuda de Jordi Puig he transformado el área de servicio en una suerte de enclave minimalista donde destacan las maderas claras, las plantas de sol oscuras, las habitaciones llenas de luz y ventilación y un baño que ya lo querría para un fin de semana la chica de Osma que se ha casado con el príncipe alemán más paparulo que  parió reina. Pero, chola, la boda no me la pierdo porque va a ser una oportunidad de ver directamente y sin eufemismos, pucha, todos los males, taras y herencias nefastas de un sistema colonial que cómo te explico, hizo germinar el racismo, el clasismo y cuanta huevada hace feliz a la gente que tiene columnas en los periódicos y le da duro al feis.

Pero pucha, después de esta especie de confesión, cómo te explico que me he quitado horrores de peso del alma y en penitencia me voy al bar del Country con un nuevo prensapapa que tengo, a bajarnos varios pisco sour porque ahora eso no es muy correcto en el Club Nacional, donde todo está como a media asta. Regio, ¿no? Chau, chau. (Rafo León)

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