Edición 2512: Jueves, 2 de Noviembre de 2017

Que Venga Maripí

Ya, pero apúrate porque ahorita llega el padre Alfonso, pero explícame bien por qué me quieres entrevistar a mí si tienes que escribir sobre la China y yo me llamo Maripí Pinillos. Ay, no te entiendo, ustedes los caviares se hacen los inteligentes, pero nosotros no nos hacemos los nada, ¿ya?, aunque te parezcamos brutos, bruto eres tú porque, o sea, pucha, ay no sé, bruto pues, bruto. No, la China no viene a nuestras reuniones, ella es un poco comunista, poquito nomás porque le encantan los estiletos italianos y con esos no sale ninguna lorcha del SUTEP a gritar en las calles, o sea, al pueblo le falta horrores de educación. Sí, ya viene el padre, hoy nos tocan los misterios dolorosos. Acá tengo el rosario de perlas que mi mamama Victoria Ana Luisa Pinillos Urquiaga de Iturregui recibió del Papa, en sus manos y no me pidas el nombre del Papa porque ¿qué crees, que yo soy novia del homo sapiens? Acá ya están todas: Mariadé, Maritú, Mariagá, Mariafé y una nueva medio azulona que no pega mucho porque es de las que le encanta cuando entra a un cuarto de hotel encontrar las toallas puestas como cisnes sobre la cama, ¡vomito! Pero pucha, tiene un huevo de plata y a nuestros rosarios semanales la tal Vicky de Arimborgo –que huele a cocona– trae unas crepés de pato con ciruela que te puedes morir. ¿La China? Bueno, estudiamos juntas en Villa, yo aprendí a leer y escribir el mismo año de nuestra fiesta de promo, pero la China, pucha, a los cinco años hacía poesías, hasta ahora me acuerdo de una que decía, “Ay golpes en la vida tan fuertes como el del mes…”, ¿te imaginas? Esa era y es la China, o sea, súper intelectual y por eso un poco comunista y también creo yo un poco lesbiana porque a mí me consta que si le das mucho al cerebro te vuelves torta, ¿ya? Ah, la China. Me acuerdo cuando se metió a la Cato, yo postulé con ella, pero no ingresé y al año siguiente ingresé a la de Piura porque mi mami le había donado a la U una de sus haciendas por ahí por Mórrope donde los curetes del Opus producen piquillo riquísimo, regio. Pero no pude seguir porque en el primer control de Anatomía puse que las meninges quedan en el cerebelo y la tícher escribió en la hoja, debajo del cero cero, “yo no tengo la culpa de que haya estudiantes que confundan la parte del cuerpo con la que piensan”. Me ofendí y me fui a acabar en Laussane. Pucha, en cambio la China, veinte en todo y después se metió a Psicología, no entiendo por qué, yo no creo en la Psicología, cholito, más fácil es el H’oponopono, dices lo siento, perdóname, gracias, te amo, y hasta la chola de la casa se vuelve súper nice y no te tira los platos por la cabeza cuando la gritas, regio. Ahora soy una guerrera de la luz, mi niña interior pucha que es regia con sus colitas doradas que se mueven con el aire, no saaabes. La China también le entra a eso y por eso es que tiene horrores de pacientes en su consultorio, yo una vez quise probar, me eché en su diván y mi mente se puso blanca, blanca como un papel y así se pasó una hora entera y la China me quiso cobrar trescientos dólares. Pucha, nos peleamos horrible, ella me acusó de ser bruta y yo, de hacerse la que no es bruta, de ser una caviar, una rojeta, una feminazi y una puta reputa, más puta que la gallina que aprendió a nadar para que se la tiren los patos. Bueno, así es ella pero lo que sí me molesta de mi amiga del alma es que a veces escribe cosas horribles sobre el Chino, la Keiko y todas las huachafonas del Congreso. No se da cuenta hasta ahora que… ¿te acuerdas en las haciendas de nuestros papás que había unos capataces, que eran de otro código postal, pero qué regio hacían el trabajo diario sin chistar? Ya pues, ahora entiende pues. ¿No entiendes? Puta madre, el bruto entonces eres tú. Ya, me voy, llegó el padre, “Oh Virgen más pura que el nardo y la rosa, madre más hermosa que el fúlgido Sol…” regio, ¿no? Chau, chau. (Rafo León)

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