Edición 2506: Jueves, 21 de Septiembre de 2017

Pucha, Festejando el Triunfo

Ay, cholita, me han contado del party que los mostrencos del Congreso hicieron para celebrar el cagadón contra Fernando Zavala, chola, un chico regio al que claro, como es súper GCU, los súcubos esos de apellidos improvisados, pucha, se lo tuvieron que tirar abajo. Pero hija, yo en esta columna te voy a hacer antropología de la mafia legislativa en lugar de análisis político, porque este con tanto opinador, pucha, se ha vuelto más aburrido que peinarte con un cardo, yo sé que tú me entiendes. Bueno, al punto. La celebración se dio en una casa –por llamarla de alguna manera- que tiene Imbecerril en Cieneguilla, y de paso te cuento que cuando la compró, pucha, vecinos como Maripí Pinillos y Maritú Tudela de inmediato remataron las suyas con todo y caballerizas y tuvieron que comprarse unos sosos depas en Florida, para que veas cómo la cholada cultural afecta el precio de la tierra y por tanto al PBI, a ver si nuestros técnicos se convencen de una buena vez. En fin el zafacoque era de día, tipo parrillita, el dueño de casa ponía el bitute pero los invitados se caían con los drinks, y ya puedes imaginarte que con lo miserable que son, pucha, el bar se llenó de cajas de ese vino chileno que al día siguiente te saca espinas en la palma de la mano, borgoña de Cuatro Bocas, y por ahí unos chuicos de esos rascabuche que venden en la carretera por Chincha, que a la primera copa ya están vomitando la primera mamadera. Por su lado el anfitrión mandó comprar en los camales de última –esos donde benefician a perros callejeros- una gama muy variada de carnitas para el fuego, como choncholí, morcillones, chorizos y picanhas de inocultable origen canino pero que chu, chola, tú sabes que todos esos nacieron barrigones y no los cura ni la faja. Fueron llegando, ellas ricas y apretaditas, sobre todo la Chacóncha, chola, con su pelambrera indómita y salvaje oliendo a champú de telo a cinco metros, y ya bien adelantada con unos traguichis que se debió haber clavado en el bar… del telo. De ahí la Muñeca de Migajón, doña Rosita la soltera, habría escrito García Lorca sobre ella. Qué te digo, según mis informantes estaba más blanca que nunca y lucía un modelito tipo supernumeraria del Opus en color rosa de Lourdes que te cagabas. Ya en manchón entró otro grupete donde estaban esas huachafas que salen a cada rato en la televisión a opinar sobre las carencias educativas en el Perú, mientras ellas les pagaron sobornos a directores de colegios primarios para que les dieran certificados de secundaria completa. Nada te digo de Lourdes Horror, vestida con el sacón del difunto, un ojo mirando la cordillera y el otro el mar, la saliva roja chorreándole por las comisuras de los labios y de zapatos, chancabuques de cantante punk de los ochenta. Un primor. Bueno, loa caballeros, no me detengo demasiado en ellos para hacerte el relato de la dinámica de la reunión. A medida que la corte de los milagros iba llegando, Imbecerril les ofrecía una copa y brindaban por el triunfo, lo que terminaba en un concierto de eructos en algunos casos mal disimulados pero en otros, emitidos con orgullo, producidos por la calidad de los licores. Y empezó el bailongo. Perreo a forro, Imbecerril con una tal Tamar (oh my Dog!) juntaban pelvis con poto al ritmo de “por ahí no, por ahí no”. La Hermana del Púgil Luz Saltado, pucha, se agarró con Cagarruta en unos síncopes de vértigo pero siempre manteniendo la distancia porque esas tenazas de langosta virtual te pueden sacar un ojo. Cuando se pusieron sentimentales y nacionalistas cambiaron a cassettes de los Zañartu, cholita qué quieres que te diga, y ahí Salavurro sacó a bailar Es mi Perú a Muñeca de Migajón, con tal ímpetu que los lentes de la intelectual salieron disparados hasta la piscina (que no tiene reciclador, echa pluma), de modo que el resto de la fiesta a la beldad la tenías como sonámbula, seseando y buscando a punta de tanteo en las paredes, todas escarchadas  por supuesto, y repletas de cuadros de calatas, como en el sauna de Montesinos. No se presentaron Quequito ni el oligofrénico del hermano para darles plena libertad a los íncubos a desfogar su alegría. Bueno, reina, este ha sido mi reporte antropológico de una fiesta de gente con la que, pucha, ¡yo no tengo nada que ver! ¿Te imaginas? Regio, ¿no? Chau, chau. (

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