Edición 2500: Jueves, 10 de Agosto de 2017

Pucha, Ella Quería Caracas

Pucha, cholita, yo tengo una amiga que moría porque PPK le diera una embajada, no te digo su nombre porque ella es absolutamente low key y no la conoce casi nadie, ejem. ´Tan fuerte era su deseo de ser embajadora que coincidimos las dos en una reunión en Palacio para lo mismo, cómo te explico, pedirle a PPK que nos nombrara jefas de la misión diplomática del Perú en Caracas, ¿y sabes tú por qué? Claro, los migrantes, las anticucheras que se fueron y ahora quieren regresar y para de contar porque no hay mayor trabajo que hacer con el orangután fronterizo de Maduro. No, las dos moríamos por ese cargo porque nos habíamos enterado de que en Venezuela el 87 por ciento de la población en los últimos meses ha bajado un promedio de ocho kilos y sin hacer nada, hija, ni gimnasio, ni dieta ni ninguna de esas huevadas que te matan el alma y al final no reduces ni cien gramos de morongote, ella por supuesto más que yo, qué quieres que te diga. Claro, a PPK se le soplaron las empaquetaduras y pensó que ella y yo éramos la misma persona y nos citó a la vez a la dos creyendo que éramos la misma, cómo te explico que igual le pasa con la macroeconomía, piensa que trabando el gasto fiscal en realidad lo está destrabando y, claro, mis acciones de las mineras se están yendo al hoyo y cada día me sale una nueva pata de gallo. En fin, cuando PPK se dio cuenta de su desaguisado ya estábamos los tres con nuestros drinks en absoluta confianza, full GCU, de modo que no hubo necesidad de disculpas ni explicaciones. Yo la vi a mi amiga tan ansiosa que les dije: “Miren cholitos, yo puedo bajar ocho kilos por mi cuenta, no necesito de una dictadura de zambos, así que les propongo cambiar de tema y chismear sobre lo que va a hacer Cayetana en la cartera que realmente le corresponde porque en la de Mujer, cómo te explico que era como si a Jonny Lescano le dieras el ministerio de economía, Lesotho asegurado”, qué quieres que te diga. Pero en eso PPK tuvo como un zamacón interior, que es lo que le da cuando se acuerda de algo para él importante, un síndrome que se acompaña de un bailecito tipo mono de organillero, con las manos a la altura de los hombros y un denguecito horrible de acá para allá y de allá para acá. Y entonces le dijo a mi amiga que en realidad había pensado para ella la embajada en Londres, volteó donde mí y me la soltó: “Y a ti, China, te quiero mandar al Vaticano”. Pucha, ya te imaginarás cómo me sentí al imaginarme en cócteles y comidas llenos de curas mañosos que llevan a esas reuniones a unos mancebos dignos de Caravaggio con la excusa de que son sus secretarios y me vas a decir, pucha, de trompeteros de cardenal no bajan. De inmediato y con mis mejores modales decliné la oferta de PPK sobre todo cuando me dijo que todo lo tendría que coordinar con Cipriani, ¿te imaginas lo que sería eso? No, cholita, para tal caso habría preferido la embajada en Corea del Norte, que dicen que es divertidísimo, no mueves un dedo y tienes a horrores de chinos que chuponean tus conversaciones y te cagas de risa, el puesto ideal. En fin, mi caso quedó así resuelto y el de mi amiga también. Después ya en el bar del Country ella me confió que sumisión es hacer que Rothschild –íntimo de las dos– concrete su propuesta de comprarse toda la parte de la Amazonía donde hay lavaderos de oro, formalizar a la fuerza a esos delincuentes insensibles que contaminan los ríos, desaparecer a los que no quieren entrar al buen camino y luego ser el mismo Rothschild en principal comprador de sí mismo, con lo cual no le paga un sol de impuestos al Estado y regio, win/win, todos salimos ganando. Te juro que he quedado feliz con los resultados de todo esto que te cuento, sobre todo porque mi amiga por fin va a entrar a Buckingham, donde yo iba cuando era chiquita a tomar el té con Ana mientras mi pobre amiga tenía que ir a jugar al parque. Regio, ¿no? Chau, chau. (Rafo León)

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