Edición 2497: Jueves, 20 de Julio de 2017

¡Quiero Ser Carcelera!

Ay, cholita, cómo te explico que estoy muerta de pena por lo que ya sabes, no debe haber agua caliente ni te dejarán llevar un buen champú ni nada, me muero. Pucha, pero no te angusties que nuestro consuelo llegará en tamaño familiar cuando se carguen al Alan #”%&/(%$% y a la señora #%$&(/&%$ Fujimori, los de a verdad, los que  tienen la marca en el orillo.  Tú no te puedes imaginar todo lo que pienso cuando regreso del consultorio a mi depa, aviento los zapatos y me lanzo en un sofá a pensar en cómo trabajaría si yo fuera la encargada de los susodichos en sus respectivos penales. Primero que me haría de un outfit de telenovela carcelaria, chola: uniforme negro con la mini bien al cuete y media tetamenta afuera, kepí del mismo tono, botones dorados hasta en el tafanario, una correa ladeada sosteniendo la pistola a un lado de la cadera (regia) y al otro lado un bastón de goma de esos que cuando te golpean te remontas a los egipcios para mentarles la madre en lenguaje de jeroglíficos. Bueno, tendría un turno en la mañana con el $%&/&% que nos gobernó dos veces, por decir algo, porque en realidad desgobernó su vida a cambio de queridas y butifarras, encarcelado en El Frontón y por la tarde con =//&%$%& Fujimori, en Santa Mónica, pucha que estaría compartiendo celda con la hija de La Rayo, además de cuatro paqueteras y un chito que le dio vuelta a la novia ahorcándola con alambre de púas mientras la obligaba a repetir, “te quiero mucho mi chicharrona”. Feliz me subiría a mi lancha en La Punta para ir hasta la isla donde encontraría embutido en una celda de dos por un metro cuadrado al sátrapa y lo primero que haría sería obligarlo a salir solo con pantalón (me daría narcolepsia verlo calato) a hacer ranas y lagartijas sobre las piedras de la playa. Una hora. Cuando después de eso y sin poder respirar, lo obligue a cantar la Marsellesa aprista a la vez que hace abdominales, ya el reo estará preparado para el desayuno. Agárrate: un vasote de leche Enci y su pan popular con soledad adentro, chola, para que a través del recuerdo yo exorcice la experiencia de haber tenido que pasar de los muffins de mi mamama Aurelia a esa mierda ácida de afrecho que me llenaba de flatos, chola, y encima vivir con el alma en un hilo porque era delito tener dólares guardados, no me vengas a joder. Bueno, una vez terminado su desayuno, pucha, lo haría sentarse sobre una roca puntuda para obligarlo a que me escuche hablar de lo maravilloso que está París en esos momentos y de cómo yo tengo ahora el que fuera su departamento pero puesto de verdad y no con esos cuadros de ambulante que tenía él colgados de las paredes, además de los trofeos de fútbol de la CHAP, con cinta de bandera peruana, y el otro ensalivando porque en un rato deberá volver a su celda donde con las justas cabe enrollado de modo que su nariz le encaja en el ombligo. Ya, una vez cumplido mi deber matutino, paso a Santa Mónica y voy de frente a la celda de la innombrable. A esa también la pongo a hacer ejercicios, específicamente a saltar la soga hasta que los cachetes se le inflen por el esfuerzo y por supuesto, pucha, haciéndola repetir “mi viejo es un pendejo, mi viejo es un pendejo”, de paso, pucha, la única rima que conocería durante su vida porque la &%$(/ es más ignorante que un burro ante una Biblia, cómo te explico. Después, pucha, le empezaría a describir un desayuno integrado por chicharrones, tamales, sangrecita y todas esas cochinadas que comen ellos, antes de servirle el de verdad: nada. Pucha, ocultando mi dicha, la dejaría languidecer en el patio, apoyarse en las paredes asquerosas y sobadas, gatear, revolcarse pidiendo a los gritos “¡un pan con huevo!”. Huevo te voy a dar, tremenda caimana. El resto de la tarde la sentaría frente a un televisor para que viera por horas desfiles de lencería de Leonisa y llegue a la conclusión de que la única moral es la de esas flacas perfectas y por tanto, haga insight de que ella es una inmoral. Pura terapia penitenciaria, esa no te la imaginabas. Pero te juro que me reinventaría como carcelera y lo haría perfecto, como todo. Regio, ¿no? Chau, chau. (Rafo León)

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