Edición 2496: Jueves, 13 de Julio de 2017

Pucha, Con Fratricidios a mí

Pucha cholita, diferencias fratricidas las hay desde que Caín le zampó un quijadazo de burro en la cabeza a Abel por un Edipo mal resuelto, por eso es que no me llama la atención la bronca entre los quetejedi, porque ellos también pertenecen al género humano. Mira, sin ir muy lejos, o sea, yo tengo unos primos Tudela que cuando murió mi tía María Emilia de la Peña de Tudela y dejó sin testar todo el Campo de Marte, pucha, se trenzaron a patadas en pleno velorio, cholita, y uno de ellos –que es bastante psicótico, debo decirlo- casi lo mata al otro con un candelabro de la capilla ardiente, felizmente el aparato no era eléctrico ni de metal, como les gusta a ellos, sino de madera y con cirio de verdad, como nos gusta a nosotros, yo sé que tú me entiendes. El asunto se dirimió en un juicio que duró más de veinte años y al final Popocho Tudela terminó con la parte del monumento ese que está frente al Lawn Tennis, y Puchín Tudela con lo que fue el hipódromo de Santa Beatriz. Te podría citar horrores de casos de hermanos enfrentados, que conozco de cerca.  Otro célebre es el de los Prado, hija, que hasta ahora se sacan los ojos por la casona de 28 de Julio, en Miraflores, ese tortón espantoso que se hizo construir mi tío Mariano, más para comodidad de sus caballos que la de sus hijos, que después Velasco expropió y llegó a ser la sede de la PCM y te lo juro que ver a las secres piernonas con minifalta comiendo su butifarra de media mañana al pie de la escalera real por la que habían bajado Marita y Nonoy en sus fiestas de quince años, cómo te explico que era para correr ya no donde Saúl sino de frente donde un malero para que le hiciera vudú a la tumba del Chi Cho Chu que nos arruinó la vida. Por eso, insisto, o sea la lucha entre hermanos es parte de la vida y se da literalmente hasta en las mejores familias, como te lo estoy demostrando. Hasta ahí, lo intrínseco de nuestra naturaleza pero no mucho más. Porque cholita, la bronca que estamos viendo entre los que ya sabes, tiene otro cariz, como dicen los opinólogos con olor a fundillo. Para comenzar, o sea, si no fueran quienes son nadie se habría enterado, porque una cosa son los Prado y otra los que ya sabes, qué quieres que te diga, que pululan por el mundo tirándose agua hirviendo por encima de la pared o dándose de cachetadas en la mitad de La Victoria y en los noticieros ya ni los nombres les ponen. Pero claro, como ahora cualquier cosa puede ocurrir, tienes que los peruanos de bien estamos obligados a presenciar cómo una señora ya bastante madura, esposa y madre y lideresa de un partido bien de taco bajo, pucha, se las tiene juradas a un hermanete al que una vez tuvimos el privilegio de ver poco menos que fornicando con su perro, cómo te explico. A ver dime, ¿qué tengo yo que soportar esos dramas de telenovela de pueblo joven, protagonizados por gente con la que no comparto nada más que un territorio llamado Perú y sí, seamos claros, pucha, algunas ideas políticas que la verdad, o sea, son necesarias y no están nada mal, pero que deberían quedarse allí, en el patio de los operadores, como cuando en la hacienda de Arequipa, pucha, los capataces que eran regios y trabajaban como mulas tucumanas, llegaban solo hasta el patio de las carretas trayéndonos a las niñas horrores de flores y frutas del valle de Chilina, hija?. Pero bueno, ahora que no somos sino los que somos, no nos queda sino acostumbrarnos a vivir invadidos de parvenues aunque felizmente aún ahí está París y la botella de vodka polaco que me ha regalado un nuevo percunchante, del que nunca te voy a hablar. Regio, ¿no? Chau, chau. (Rafo León)

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