Edición 2477: Jueves, 2 de Marzo de 2017

Pucha, Historia de Una Traición

Ay, chola, estoy de muerte, ¿tú sabes lo que significa para una pensadora y creadora con mi sensibilidad, darte cuenta de que la que tú creías que era una regia nativa con proyección de convertirse en una figura de la política internacional, tipo Pocahontas, y que el maridete se quede en el sótano jugando con sus soldados de plomo porque para más de eso no le daba el mate, de pronto se te cae? ¿Te imaginas o no? Porque ahora, con todo lo que está ocurriendo, cómo te explico que ya una no sabe con quién está hablando, pero bueno. Mira, cuando el cachaquito salió elegido, pucha, te confieso que a mí me alborotaba un poco la hormona porque –eso salió a los treinta años de haber  empezado mi análisis– o sea, yo tengo una historia de varios tocamientos indebidos por parte del mayordomo de mi abuela Cayetana de Tudela y Canaval y Moreyra, ¿ya?, que como se la pasaba el día arreglando unos álbumes de fotos más picados que su churrimindanga, ni cuenta se daba de que a su preciosa nietecita, un cholo buenmozón le estaba descubriendo antes de tiempo los secretos de la vida, qué quieres que te diga. Pero contra lo que se dice, culpa yo no sentía sino más bien una curiosidad tremenda por entrar al mundo de ese hombre, que usaba bividí, olía a trementina y se ponía Glostora en los trinches. Creo que allí empecé a desarrollar mi vocación de antropóloga, que con los años me ha dado tantas satisfacciones. Pero bueno, en qué estaba. Ah, claro, en la esmirriada first lady que nos engatusó a todos, cómo te explico. Esto me da pie para formular una parte de mi Weltanschauung, ¿ya? Te explico. Cuando yo me encuentro con algún personaje así, o sea, del Perú hondo y verdadero, en la sierra, pucha, me sale el Arguedas que llevo adentro y te lo juro que me echo a llorar solo de pensar que come pésimo, que no tiene acceso a buena ropa para el frío (ahora Salomon y Patagonia tiene unas fibras nuevas regias), que su cultura se la está llevando toda la basura china que nos llega de China (¿y de dónde va a ser si no), pucha, te lo juro que me siento a punto de dejarlo todo y convertirme en la Camarada Miou Miou que intentaba ser cuando militaba con Pedraglio ahí en Trinchera, ¿ya? Es atroz ese sentimiento telúrico que no tiene salida. Aunque en realidad sí la tiene porque me basta al poco rato con encontrar al mismo personaje pero vestido de wachiturro, pucha, en un noticiero bailando reggaetón con una de cerquillito al gel, y cómo te explico que se me borra todo lo anterior y vuelvo a ser yo misma. Bueno, algo así de profundo me ha pasado con la chelfa del cachaquito, chola. Acuérdate de cómo se vestía antes de que se la entregáramos a Annie Álvarez Calderón: las cretonas de su casa, todas desteñidas y cangilonas, le colgaban de los 45 kilos de peso y te lo juro que parecía una interna del Hermelinda Carrera. Pero como ella es bien aprendida, cómo te explico que sacó al otro yo del doctor Merengue y –te acordarás– que se disfrazó de escarapela nacional para su primera parada militar y yo al verla en la tele dije, “Holy shit, se pasó de vueltas, Annie!”, pero no le quedaba tan mal el plisado ese en la tetamenta, porque aquí entre nos, pucha, el cuerpecito que tiene sí que se lo envidio, más que los tres millones, chola, porque tres millones me vienen solos, como diría el Búfalo de la Oratoria, pero esa cinturita, y esas piernas lisas de japonesa, ni de vainas, chola, eso es andino y yo de andina creo que tengo a una tatarabuela de cascos ligeros que se tiró a cuanto Loveday pasó por su chacra de Characato hasta que le ligó el enllante con uno. Bueno, después comencé a estudiarla y me di cuenta de que la chica, ahí donde la veía, daba la talla. Yo pensé, unos años más y esta termina como Secretaria General de la FAO, viviendo en Roma y con el cachaquito jugando con los soldados de plomo en el sótano. Pero, ya ves lo que es la vida, siempre hay que poner por delante lo que te vino con la primera impresión, hija, y eso, cómo te explico, tiene más que ver con Cecilia Túpac Amaru que con Christine Legarde, yo sé que tú me entiendes. Regio, ¿no? Chau, chau. (Rafo león)

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