Edición 2475: Jueves, 16 de Febrero de 2017

Pucha, Chinchero, ¿No?

Ay, cholita, no sabes, zarpé a París hace quince días porque Lima, pucha, como a Vallejo, ya me estaba jodiendo como un flojo coñac dentro de mí, es decir, me llegó al pincho, y como yo entro y salgo me basta comprar mi ticket y ya, aunque debo decirte que con el paso de Cronos, pucha, cada vez me da más flojera cruzar el charco, no sabes. La first de Air France sigue siendo regia, pero yo ya no sé cómo acomodarme, me duelen los mondongos, la tetamenta se me desacomoda y además como en el vuelo se me da por la chupeta, cómo te explico que por la presurización me meto unas curdas a bordo a punta de cava que ya una vez me amenazaron discretamente que si no paraba iban a hacer un aterrizaje forzoso para dejarme en la isla de Gander, donde viven cuatro esquimales y quince mil focas, no sabes, me dio tal pánico que se me pasó la mona igualito como cuando ol cholo sono o sogrodo so metóo ol boño y salía regio como un equilibrista del Cirque de Soleil después de haberse jalado la que mató a Amy, no sabes. By the way, o sea, esta semana quería escribir sobre el cholo y la Pendejos Flamígeros pero ¿sabes qué?, voy a esperar un poquitiño a ver cómo se desenvuelven los hechos y ahí me mandaré con todo el peso de la ley detrás y ya verás cómo a la loca Carrot las mechas se le lacearán. Lo que te quería contar es que en ese vuelo a París, pucha con el ayudín de cuatro Rohypnoles y otros tantos cavas, pucha, ni bien cerraban la puerta del avión para decolar yo ya estaba roncando como el tren de Tornamesa. Bueno, empecé a entrar en un sueño más profundo que la mirada de Martín Vizcarra (que me hace vibrar la Trompa de Eustaquio a niveles de grado 9 escala de Richter) y debe haber sido cuando sobrevolábamos Huaura que empecé a soñar la cosa más horrible, ni la Alcorta haciéndose análisis de sangre. Yo, como buena Borgeana, soñé que estaba soñando que soñaba, ¿ya?, y que en realidad no estaba volando a París en la firts de air France sino al nuevo aeropuerto de Chinchero en una de esas líneas de bajo costo en las que te cobran hasta por llevar zapatos de cuero y a bordo no te dan ni agua del caño, chola, son horrorosas, las hostess parecen jubiladas del Troca, no sabes, desmondongadas, pelos en las alas, bigote y malcriadísimas, tú les preguntas por el baño y como están entrenadas para cobrarte por todo, te contestan “two dollars drop”, ¿te puedes imaginar? Bueno, qué remedio, lo malo es que se trataba de un viaje desde Manchuria hasta Cusco, directo y sin escalas y cómo te explico que cuando en un momento me quise levantar del asiento para estirar las piernas, pucha, mi cuerpo ya se había quedado en forma de escuadra y yo ya parecía el carrito de las bebidas de acá para allá por el pasillo, no sabes, además de la apestación potal de los manchurianos que habían abordado en el aeropuerto de Shenyang. Bueno, la cosa es que cuando ya la pesadilla estaba por terminar, pucha, la bigotuda de la hostess anuncia que estábamos listos para aterrizar y que sería bueno que nos pusiéramos el chaleco salvavidas porque aun cuando Cusco no tiene mar, pucha, el aparatejo ese nos podía salvar la vida, y de lo más críptica apagó micro. Cholita, cómo te explico que el piloto empezó a bajar la velocidad hasta apagar el motor y así planeando a medio metro sobre la pista, pum, pum, pum, empezó a golpear el tren de aterrizaje sobre una poza de arcilla rojiza y ya no me aguanté, llamé a Bigote, la hice pararse y venir para que me explique, y entonces me dijo que como la adenda había sido muy misia, la pista del aeropuerto solo medía veinte metros, cuando tendría que haber sido de cuatro kilómetros, pero que no importaba porque de los cien accidentes que se habían producido desde la inauguración del aeropuerto, pucha, se había conseguido que los nombres de todas las víctimas estuvieran en un lugar de la memoria construido por el gobierno alemán en un local del costado, como para consolar a la historia. Hija, cuando me desperté y reparé en que estaba en la firts de Air France, pucha, me sentí como si a María Antonieta le hubieran pegado la cabeza de nuevo y bueno, el mundo real siguió siendo real. Regio, ¿no? Chau, chau. (Rafo León)