Edición 2474: Jueves, 9 de Febrero de 2017

Su Excelencia… Juajuajuajuajua

Pucha, yo estaba en la fiesta del perol bailando cumbia con Alfredo Barnechea, cuando Maripí –que con los años se está volviendo una rata peluda– me hace una seña para que vaya a verla. O sea, me fui corriendo donde mi amiga de la infancia pensando que se trataba de un pedido de ayuda. Pero no, la bitch esa me lo soltó con todo y carcajada. Mira, no te voy a decir que no me afectó, ¿ya? Porque yo sí creo que el Perú tiene unos diplomáticos de carrera regios como para estar recurriendo a cualquiera pelafustana de embajadora en un país tan importante. Pero pucha, a la vez con todo lo que he aprendido con mi swami Cachaparada, o sea, tomé aire, recité tres veces un mantra (“malditaaaa, malditaaaa, malditaaaa”), me fui al baño y de allí llamé a PPK, a quien no le di la chance siquiera de decir aló. “Oye, zampatortas, en qué estás pensando, como si yo no fuera la Talleyrand natural para ese país que adoro pero ya te fregaste, voy a hacerte campaña en contra de tu huevada esa del aeropuerto de Chinchero y no voy a parar hasta que te metan preso”. Y juá, colgué. Ya después empecé a ver las cosas de otra manera porque, cholita, todo pasa por algo y Dios es mi copiloto, ¿no es cierto?, y claro, me di cuenta que más bien lo que toca es defenderla, pobre, porque la están haciendo chichirimico en las redes y ella no se lo merece, al menos tanto, tanto, no. Yo te voy a decir, quizás ya en edad está un poco pasadona, pero qué quieres, la designó PPK, que no es precisamente Justin Bieber. Ahora, claro con todos los jales y calafateos que se ha hecho no aparenta los casi ochenta, pero digo yo que felizmente allá no hay temblores porque si saliera de noche corriendo hasta la calle, pucha, la podían confundir fácil con una de las Madres de Mayo, hija, gravísimo porque esas señoras son unas cutreras comunistas de última, pobre mi amiga. Que habla idiomas, los habla, eso no se lo quita nadie. El francés con acento de la Alianza, debo precisarlo, donde entiendo que aprendió con una profesora piurana y entonces es capaz de decir s’il vous plaî, guá,y no me quiero imaginar la cara que le habrá puesto Francoise Mauriac en París cuando ella era agregada cultural en las entreguerras, y ya se decía que estaba maltoncita para el cargo, la pobre. Que tiene sensibilidad social, uf, le sobra. Todo eso que dicen de que es racista y le sacan un artículo de 2014 en el que afirmaba que a los peruanos que están en el país al que ella va a ir a presentar credenciales, pucha, los deberían tirar al Plata, más o menos, no es sino un exabrupto, porque los tiene y de qué tamaño. Pero para que veas que posee su lado social, que hace poco escribió en su columna una crónica súper profunda contra Trump, pucha, destacando la huachafería de sus mujeres y la falta de estilo de él mismo, y tú sabes que para darse cuenta de cosas así hay que estar súper, pero súper comprometida con el futuro de la humanidad. Le interesa horrores la educación, yo guardé una columna suya en la que se quejaba amargamente de que los periodistas peruanos no saben escribir bien el apellido de Gloria Vandebildt, y por eso –ya de mi cosecha– salimos como el orto en la prueba PISA. No, no te creas, que tiene horrores de cualidades para el cargo. Lo que pasa es que tira su gatazo de regia y distinguida pero lo que la gente no sabe es que esa figura de junco que exhibe no es producto de sus estudios de modelaje sino de una operación que le tuvieron que hacer de emergencia a la vértebra lumbar y por pagar menos se fue a Casimiro Ulloa (porque el apellido le dio confianza) y la pobre casi sale en silla de ruedas para siempre. Pero como es bien aprendida, pucha, practicó y practicó hasta que caminó de nuevo desarrollando ese estilacho de hablar estirando los brazos y moviendo las manos como si fuera un molino de energía renovable y que está absolutamente demodé, pero en ciertas cosas con ella ya no hay nada qué hacer, los años no pasan por gusto. Pero hija, no importa, la cuestión es que ella esté bien, tranquila, quizás revolcándose de la envidia porque PPK me llamó después a ofrecerme la embajada en Roma y claro, cómo te explico que regio, ¿no? Chau, chau. (Rafo León)