Edición 2473: Jueves, 2 de Febrero de 2017

Pucha…¡ la Procesión!

Ay, me quiero morir, es que vi las fotos que la Jessikah’s  Jesseniah’s tomó con su famoso I Phone y ¿sabes qué? La premodernidad, la cholada total, el provincianismo a lo Chuchubamba, hasta ahora no entiendo por qué terminé haciendo semejante papelón, aunque si te soy sincera, pucha, en algo han mejorado las cosas desde que lo hicimos, al menos dejó de llover en Totoras, que era lo que más aterradas nos tenía. Sí, no me digas, ya estoy vieja porque los viejos tendemos a no usar el sujeto de la oración, déjame en paz, pero te voy a contar con todo y sujeto. Yo no sé si te he contado que mis amigas de toda la vida, vecinas en Lima, vecinas en el Valle Sagrado, vecinas en Miami, y vecinas en Totoras, pucha todas se han vuelto cucufatas y se reúnen una vez por semana rotando sus casas, con el cura de Orbegoso y Covarrubias, chola, que anda metido hasta el alzacuello en esas vainas de pedofilia del Sodalicio, pero ha pasado piola porque entre estas amigas lo han protegido y hasta lo han tenido que esconder varias veces de la prensa. Bueno, pero qué tanto que haya tenido sus revolcones con unos niños de la calle, que hasta propina les daba, ¿te imaginas? Sí, ya sé que es horrible pero, chola, todo puede ser peor en esta vida. Bueno, se reúnen con ese cura mañoso a rezar el rosario, ¿tú te puedes imaginar? Con lo putorras, fumonas, borrachas e infieles que son toditas, me imagino que los misterios gloriosos no se los aceptarán en el cielo. Yo he ido un par de veces a esa cosa del rosario, pucha, con ojos de antropóloga y te caes de culo, todas van vestidas como mormonas, con unas faldas a la altura de la rodilla y blusa de manga larga y por supuesto llevan los rosarios con los que se casaron sus abuelas, que son por lo menos de oro y perlas. Hija, empiezan con la cantaleta de las avemarías y no hay quién las pare hasta que llegan a cincuenta, el cura las bendice y de ahí se lanzan como buzos sobre la mesa de los bocaditos que no sabes lo que son. Cuando yo fui el tema –porque son temáticas las reuniones– era el pato. Crepes de pato con ciruelas ácidas, filetitos de pato con arándanos, pato pekinés y un plato de pato más y salíamos todas caminando con las puntas para afuera gritando cua cua. Pero en fin, que dios las asista. Lo que pasó el último sábado fue que Maripí Pinillos, la más fanática (y la más bruta) de todas, nos reunió para algo que parecía urgente. Ya todas juntas nos explicó que estamos al borde del fin del mundo, cuyos indicadores son el triunfo de Trump, lo de Odebrecht, lo del Sodalitio, más las lluvias y las inundaciones y encima nos van a cortar el agua por escasez y con qué vamos a llenar nuestras piscinas. Pucha, nos aterró la tarúpida de mi amiga porque con certeza total afirmó que lo siguiente sería que llueva fuego del cielo pero de abajo para arriba (¿) porque según ella así está escrito en Apocalypse Now (sic) “donde sale Marlon Brando como para hacerle la trompeta sin sordina”. Yo no lo dije, simplemente lo consigno. Bueno, acto seguido sacó de una caja una imagen de una virgen colonial horrible, hija, toda llena de pelos de mujeres de verdad  que se los donaron cuando el chozno de Maripí era virrey de España, y nos conminó a salir en procesión por el malecón de Totoras, presididas por el cura mañoso. ¿Tú te puedes imaginar el modelito? Pero bueno, como siempre hay que pensar que todo es posible, las regias de Totoras, lideradas por una Maripí llena de blondas negras por todos lados y con un cirio en la mano, pucha, empezamos a caminar lento por el malecón, turnándonos la virgen y cantando todas “Oh virgen más pura que el nardo y la rosa, madre más hermosa que el fúlgido sol…” Mira, las que mejor la pasaron fueron las muchachas porque ellas vienen de caseríos así donde todo se resuelve con procesiones y regio, y tomaron fotos y videos a morir. Yo después fui donde una por una a decirles, “lo que se hace en Totoras, queda en Totoras”. No fuera a ser que nos sacaran una nota en Cosas y ahí sí que me daba prolapso. Pero igual, chola, regio ¿no? Chau, chau. (Rafo León)