Edición 2470: Jueves, 12 de Enero de 2017

Pucha, #Cuidemosela-guadelplaneta

Ay, cholita, te lo juro que no duermo desde las Navidades porque me he puesto súper obse con el tema de la falta de agua en el planeta, no sabes. O sea, si el animal bruto paleolítico del Trump dice que no hay calentamiento global, pucha, créele exactamente lo contrario, porque creo que de contrafáctico nos va a servir ese cholo de pelo naranja y mujer putorra, porque lo que es en el Perú, cómo te explico que ya la mitad del país está en emergencia y en San Isidro nos van a empezar a racionar el agua, seguro culpa del desaguisado ese de Velarde, chola, que se cree alcalde de Barranco y está haciendo unas huevadas para bohemios y hipsters por todos lados y yo ya estoy vieja para corista. Pero ese no es el tema sino que ahora me paso la vida cerrando caños con tanta fuerza que después tengo que llamar al hombre para que venga con todo y maletín a destrabarme la ducha justo cuando me está esperando la paciente más jodida en el consultorio, no sabes. Pero es la única manera. Ahora, por ejemplo, me cepillo los dientes con un flush gringo regio, no sabes, que tiene una equipo adentro para reciclar agua del wáter y está comprobado que es súper sano y limpio, aunque te voy a decir que me sigue sabiendo a pichi pero no importa, todo sea por cuidar “el líquido elemento”, como dicen esas reporteritas de dos por medio en los noticieros. Por supuesto que como siempre mi problema principal es la Jessikah’s Jesseniah’s, que pertenece a esa cultura panandina en la que los cuatro elementos caen del cielo por obra y gracia del apu Toparpa y no hay que pensar en pagar ni en proteger ni en nada, y la chola deja correr el agua de su wáter como si se tratara de la Fontana di Trevi y no hay manera de hacerla entender que tiene que poner un palito debajo de la bomba y amarrarlo con un pabilo para que no se siga desperdiciando el agua. El otro día me salió con que “claro pues señorita China, como usted tiene sanitarios venidos de Francia que hasta le lavan el siqui, perfecto, pero a mí me ha instalado uno de Maestro, que cuesta cincuenta soles y tengo yo encima que estar haciéndole el truco para que no desperdicie”, y con una volteada de cara totalmente aymara state of mind me dejó con la palabra en la boca. Esa noche decidí hacer las paces con ella, le fui a ver a la cocina donde ella come parada porque no me gusta que muevan de sitio los banquitos Vassily que puse ahí y que los adoro, y bueno, le dije que yo entendía que en su cultura no existiera el sentido de la prevención y en realidad ningún sentido y que para que se sintiera libre de usar el agua como se le diera la gana, que fuera a bañarse a la pileta de Chorrillos, porque yo ya sabía que esa cosa verde llena de algas y hongos que puso el asco de Miyashiro se había convertido en el último entretenimiento del Perú profundo afincado en Lima. La otra debe haberse imaginado a los cholifáis en bañador con nariz y aceptó encantada, le di para su pasaje y, con la ropa de baño debajo de su vestido, se fue bien al jabón y al champú a la tal pileta. Pucha, cómo te explico que en la noche regresó borracha como una uva y con el I Phone lleno de fotos y de selfies que se había tomado con todo el desborde popular, que te podías morir. Te lo juro que cada foto parecía una pieza del catálogo del museo de mi tía Chabuca Larco, verdaderos modelos vivientes de culturas como chimú y sobre todo cupisnique, que regio hicieron migas con la Jessy, que es más bien del Sur Andino, pero te digo que esta gente tiene una capacidad para relacionarse entre ella regia, chola, y ese ítem antropológico me sirvió –y me sigue sirviendo– para contribuir a la lucha internacional por la conservación y el cuidado del agua, porque la flojonaza esta ya no se ducha media hora continua en la casa (no sé cómo aguantaba el agua fría, es que se malogró la ducha eléctrica y no se le ocurrió llamar al hombre), sino que ahora socializa un bien entre el proletariado urbano y de paso me rebaja el recibo mensual, ¿no te parece que soy una sostenible por naturaleza? Ay, happy new year. Regio, ¿no? Chau, chau. (Rafo León)