Edición 2466: Martes, 6 de Diciembre de 2016

El Delito de Enamorarse, Merde!

Ay, cholita, el otro día Macki y yo nos estábamos haciendo las uñas en mi casa con la Yvette, chola, que es regia aunque un poco chismosona pero nada, andábamos en un chisme bestia sobre lo regia que se le ve a Marishienka desde que se casó cuando en eso la Yvette se arranca a llorar como una posesa, no sabes, con suspiro, ahogo, resuello, tirada al suelo boca arriba y tal cantidad de lágrimas que yo al ver que se le metían por las orejas pensé que le iba a dar una otitis y después cómo justificar eso en una comisaría, ya me veía yo llamando a Basombrío para que saque un comunicado diciendo que un extraño se había metido a mi casa y había atentado contra la pobre manicurista, pero no fue necesario porque le convidé un huaracazo y se arrancó a hablar, y tú sabes que la palabra es cura, tal como lo demostró el gran Sigmund. Bueno, para hacerla corta, la Yvette era el calentado de un caballero gordinflón él, biselado como nadie, que sin saber cómo, pucha, terminó de ministro de guerra, de acción armada, ay no sé cómo se llaman esas huachaferías que hay ahora en el Estado, nada que ver con la época de mis tíos Manuel y Clori, donde en Palacio se hablaba en francés hasta con el jardinero. Bueno, resulta que un día la Yvette cuando el ministro dormía, le contesta el celular, y una voz así como de gatita con hiper producción de hormonas, enunció un “¿Chanchis?”. Pucha. Yvette, que para más inri es epiléptica, comenzó con la tembladera, la espuma por la boca y los espasmos y el ministro justo se despertó cuando la pobre estaba por morderse la lengua y pasarse la mitad. Bueno, a este punto del relato Macki me miró, bajó el párpado y me dijo, “China, felizmente ahí está París”. Entonces, lo que había pasado era que el tal ministro se había enredado con una chelfa que le había presentado su prima Shirle (sic) un día antes en un karaoke mientras todos cantaban juntos “Y cómo es él…” Flechazo a primera vista, el ministro necesitaba una asesora en Energía Nuclear, la chelfa le dijo que había estudiado computación y era una tigresa en Excel y zas, contratada para empezar el lunes siguiente. Y bueno, así fue, y la tal chelfa se desempeñó con tal eficiencia que en cuatro días fue ascendida a Secretaria General de Adquisiciones y Contraloría, chola, mientras esa fuerza inabarcable como el gas doméstico que es el amor, les toca a los dos las puertas de los corazones y bueno, ya te puedes imaginar que la gritería que salía del baño del despacho ministerial parecían los aullidos de las ánimas benditas pero con asma, qué quieres que te diga. Reina, cuando la Yvette se enteró de todo ni cojuda, contrató a su primo que es camarógrafo para que les hiciera unas tomas in situ y si las vieras, la Yvette nos las mostró y bueno, cómo te explico que hacer la palomita que toma agua sobre el wáter de la toilette de un ministerio tiene mucho de acto dadá, ¿no me crees? Y bueno, las tomas se filtraron a los medios y como dicen las reporteritas de hoy, pucha, el episodio se volvió de lo más mediático y el ministro tuvo que salir en el programa de la Roxana Cueva a decir lo que se le escapó a Gustavo Adolfo Bécquer: “Mi delito fue enamorarme”. Hija, cuando Macki y yo escuchamos esa parte del relato, las dos al unísono soltamos tal suspiro de limeñas que pensamos que íbamos a perder el conocimiento, porque entonces para delincuentes ese par de putas que nunca nos hemos detenido cuando el amor se presenta en nuestro camino, yo sé que tú me entiendes. Pero bueno, como toda historia romántica, la del ministro y la chelfa terminó en drama, con despido de trabajo y lagrimones y esa tarde las uñas nos quedaron regias porque para las cutículas no hay nada como una manicurista despechada. Regio, ¿no? Chau, chau. (Rafo León)