Edición 2465: Jueves, 1 de Diciembre de 2016

Pucha, Ahí Donde la Ves…

Ay, cholita, qué horror, los agentados de hoy no pueden pensar que, ay no sé, para por ejemplo una mujer como yo, pucha, entrar de funcionaria de enlace entre la FAO y el gobierno peruano, es cosa de una llamada telefónica, pero que hay otras chicas, miles, pobres, que sueñan con eso y, o nunca cumplen con concretar su ilusión o si lo logran tienen que enfrentarse a esos cachalotes apristas y esas hienas fujimoristas que la quieren despellejar. O sea, nadie se pone a pensar en que la pobre chica nació en Cora Cora, yo sé que tú me entiendes. O sea, yo me imagino el Nacimiento de mi tía Palmira de los Heros, hija, que llenaba su enorme sala, donde el Misterio estaba compuesto por unas figuras de pasta de maguey del siglo XVII que te aseguro, o sea, en su hermoso mestizaje no deben haberse diferenciado mucho de la familia de la pobre chica, y nada te digo de la vaca y el burro, aunque por lo que sé de Cora Cora, lo más probable es que los dos animales hayan sido una cabra y un perrito de construcción, me muero de la pena. Ya, una cosa es ese nacimiento, que la puso a la chica en una posición distinta en el parador de la vida: bastante más abajo, Darling, al menos en relación conmigo, que casi nazco en Ginebra. Después, pucha, la infancia. Podrás suponer que en Cora Cora no había Barbies sino esas muñecas de trapo que salen cuando los huaqueros desentierran cosas para vendernos a nosotros. Cierro los ojos y la veo con su atado de telas incaicas con ojos, arrullándolo y llamándolo por su nombre quechua: runtusapa, qué ternura, mientras los hermanitos, con los cachetes rojos por la altura y las barriguitas hinchadas por la desnutrición, pucha, jugaban al aro, que, te lo juro, solo de pensarlo me vuelvo más arguediana que Maricarmen Pinilla. Hija, y el colegio. Seguro que, como ocurre en la realidad andina, sus padres casi la dejan sin educación porque allá la mujer es más útil en la cocina que en la escuela, y no los culpo porque creo en el fondo que es así. Pero la chica debe haber mostrado el genio desde ese momento, porque ahí donde la ves, pucha, no solo acabó la primaria y la secundaria sino que migró a Lima –seguro que a vivir donde su madrina, como todos ellos– y acá hizo una carrera completa de Comunicaciones y parece que bastante bien, aunque claro, era medio rojimia y cantaba esos adefesios del Silvio Rodríguez que a mí me dan pedos semilíquidos, cómo te explico. ¡Meritocracia! A palos, chola, a ver pasa tú de haber nacido en un pesebre, de que te hayan envuelto como un pan wawa, de que se hayan opuesto a que aprendas a leer y escribir, a primera dama. Eso no lo hace cualquiera. Claro, mucho pesó el cachaquito al que le puso el ojo, y luego esos años que pasaron juntos en Corea del Sur (aunque por los modales yo siempre pensé que había sido en la del Norte), y en París, donde claro, su única amiga era la podóloga a la que luego puso de embajadora del Perú, pero no la culpo, los franceses son más racistas que mis tíos de la Puente, qué te puedo decir. Pero, bueno, como first lady tuvo sus excesos y sus metidas de pata pero ponte la mano en el pecho y compárala con la Carrot, o con la misma Pili, que con su carterita Gucci y su mirada al suelo nos conquistó a todos en favor de la sachavaca preñada de su entonces marido. No, lo que le están haciendo es una total persecución política, a ella que se convirtió en la Dama de la Quinua y nos la quería meter hasta en los matrimonios, yo me quería morir. Pero, bueno, como decía Víctor Hugo: “Todo vuelve a su nivel, como el agua en el estanque”. Y ya ves que la chica lo consiguió y yo la aplaudo, así no sea prima de Jessica Lange, como otras. Regio, ¿no? Chau, chau. (Rafo León)