Edición 2463: Miércoles, 16 de Noviembre de 2016

Pucha, Qué Asco, Qué Regio

Bueno, cuatro Rivotil al día, dos Sinogán para dormir, además de los antipiréticos y los anticoagulantes porque por los Tudela Rey me viene una afección a la sangre que, chola, al primer impacto emocional se me congela como si fuera un chup y me puedo quedar patitiesa. Y claro, no te estoy hablando de un impacto emocional cualquiera sino de la caída del paradigma de la decencia y la asunción de la cholada gringa al poder, hija, que es mil veces peor de la que ya te imaginas. Mira, cuando me llamó Su a contarme –yo estaba haciendo mi yoga bramachucha que es regia– me privé por unos segundos y mi percepción, que es normalmente fría y objetiva, pucha, se desdobló y se corporizó ante mí una pareja salida de una tienda del Borugs donde le hacen realidad aumentada a los diseños de Versace y Swaroski que te puedes morir. Él, cómo te explico, terno pejerrey tornasol de azul, bolsudo, camisa a rayas con cuello blanco y una corbata con diseños de cabezas de medusas de esas que encuentras en las fontanas italianas y que de verlas se te regresa el osso buco del almuerzo en Mirabelle. Pero ella, dios de la clemencia, ni Susy Díaz en el velorio de su tío payaso, cómo te explico. La pelambrera platinada con reflejos en ciclame y extensiones marroquíes que no me quedan bien ni a mí, eso te da una idea. Es cabezona aunque adentro haya guano de las islas, pero la tiene grande, y con esos pelos más los aretes de oro chusco con circonios  y turquesas de fantasía, pucha, ya agarraba onda de Ño Carnavalón, aunque te voy a decir que en mi alucinación veía a todo el proletariado peruano, más obviamente el gringo, babeando de la arrechura hija porque esas cosas son las que les encantan, pobres, nadie les ha enseñado clase, pues, y eso es consecuencia de la colonización. Pucha, me puse más científica social que Willy Nugent. Bueno, el modelito: un chachá corto, tan corto que seguro se sentaba sobre la Trompa de Falopio, todo en plateado, con una mariposa bordada en el pecho del tamaño de un cachalote, en verdes. Y el detalle, lo que me produjo arrugas e intoxicación al punto de tener que añadir un antihistamínico a mi medicación, fueron las hombreras. A ver díganme si hay un invento más feo en la historia que las hombreras, el purgante y la estirada de cara que se hacen las tres condesas que adoran nuestra señorial ciudad. Bueno chola, cuando me repuse del shock, y ya con la cabeza más fría, entré en un trompo peor porque analizando la información me di cuenta de que ese monstruo de peluquín naranja, el mismo que me metió mano en una fiesta que dio en el Waldorf Astoria la Anna Wintour y lo invitó a Trump para que todos nos riésemos de él, bueno ese, pucha, tiene algunas ideas regias para gobernar USA, al menos para clarificar ciudades incomparables en el mundo, sobre todo NY, chola, donde yo pierdo el sentido cuando veo a los hombres afro y lo recupero al darme cara a cara con los mexicanos, los salvadoreños o nuestros propios paisanos que cómo te explico, son capaces de convertir Times Square en un barrio lumpen de Guanajuato, qué quieres que te diga. Mira, eso del muro me parece súper porque no tiene que ser un muro así, frío y horrible. Yo crearía una fundación para premiar a artistas de los dos lados para que hagan grafitti y murales regios sobre el dolor de los migrantes, que, hija, pegan regio con la corrección política, permiten que los ilegales desfoguen su ira y se contribuye de paso al desarrollo de un arte underground regio, ¿no te parece? Igual, o sea, acabar con el Obama care, que es una cagada y listo, viva la democracia liberal. Nomás que la cholada no se la va a quitar nadie a Trump, pero si aquí hemos aguantado a Choledo un periodo entero, no veo por qué no podamos hacernos los mensos mientras se restituye el verdadero New Deal. Regio, ¿no? Chau, chau. (Rafo León) 

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