Edición 2456: Jueves, 29 de Septiembre de 2016

Pucha, ¡No al Acoso!

Ay, cholita, intenté hacer un hashtag más corto pero me resultó imposible porque los hombres todos son iguales y merecen sin excepción ser denunciados, unos perros chuscos mamones que lo único que quieren es saciar sus pulsiones presimbólicas con cualquier cosa que se mueva, y ya te voy a contar en las que ando. Pero bueno, apunta, copia, comparte, ¿ya?, porque así estarás aportando al cambio que el milenio, la perspectiva de género, la democracia, la destrucción de la falocracia y lo trendy nos exigen: #NoalasMañoseríasdeDiegoGinoyOtros MachosSinClaseLibidinososCochinosLos VoyaDenunciaraTodosParaquelosMetan PresosyenlaCárcelquelesDendesuPropia MedicinaysinLubricante Bueno, ¿qué te parece? Regio, ¿no? Ya, ahora lee bien para que no te pase a ti, porque, reina, ni una menos y tampoco ni una más porque ya no cabemos, yo sé que tú me entiendes, tampoco es cosa de que entre cualquiera que una no conoce. Mira, hace unos días me llegó un correo de un anónimo en el que se me decía, “China, tus ojos son dos mares en los que se refleja el cielo”. Qué te voy a decir, de inmediato sentí el puñal oxidado de la agresión macha y el inminente feminicidio, cholita. O sea, un enunciado así de cholo y discriminador no podía quedar en la impunidad, así que le contesté con copia a las Floras, las Manuelas y por si acaso existan, a las Lucrecias, chola, además de la DEMUNA, el Ministerio de la Mujer, las Naciones Unidas, la OEA, el Mercosur, la Unión Europea y Médicos sin Frontera, donde tengo un amiguete francés odontólogo voluntario con el que más bien tengo experiencias de ginecólogo involuntario, pero ese ya es otro asunto. Entonces, o sea, mi respuesta decía lo siguiente: “Pucha, eres un cobarde que te amparas en el anonimato para discriminarme, para excluirme, para invisibilizarme, para demonizarme, para reproducir el rol que la historia nos ha adjudicado a las mujeres, so indio pezuñento, pacharaco, ordinario sin clase”. Y juá, lo mandé. El siguiente mensaje no se hizo esperar, en menos de diez minutos yo leía en mi pantalla: “Las veces que te he visto en Ancón me has quitado el sueño”. Hija, ahí casi muero porque el asunto era inequívocamente un acoso, si no ¿qué hacía ese brulote en Ancón, a ver dime sino espiarme para después seguro run his straw con mi imagen? Pucha, me quiero morir, si una ya no puede confiar ni en su balneario ya qué nos queda, la molicie del arrinconamiento por parte del poder establecido por la falocracia, qué asco. Bueno, pero había que seguir en la lucha a pesar de los daños que esos mensajes me estaban produciendo: depresión, angustia, ansiedad, melancolía, psicosis bipolar, hebefrenia y hasta ninfomanía, cómo te explico la contradicción. Me puse frente al teclado, traté de recordar a Rosa de Luxemburgo y a Maruja Barrig y como una autónoma teclié: “No voy a parar hasta los tribunales y si es necesario iré a Costa Rica, a esa huachafería de la Corte Interamericana que sirve para estos casos, porque además Diego está enquistado allí y es necesario que se sepa lo felón que es ese tipejo de dos por medio. ¡Te oooooodio!” Y machuqué enviar. Hija, ya me estaban respondiendo de todos los destinatarios a los que mis mensajes iban copiados y se armaba un affaire internacional regio, cómo te explico. Por supuesto que mientras le escribía a mi abogado, Cholón Ugaz, pucha que entraba otro correo del fascista ese que representa a todos los seres con chulapina de este mundo: “Tu piel es un homenaje a la naturaleza intocada”. A ver dime, ¿qué me estaba diciendo el acosador? Es obvio, que esa piel que menciona tarde o temprano será agredida como la naturaleza lo está por las mineras y las petroleras que, pucha, o sea, podrían seguir haciendo su trabajo y ganarían horrores de plata pero que al menos disimulen un poco, contraten asesores de imagen y no anden amenazando a campesin@s con quitarles sus tierras porque eso ahora vende pésimo, ¿no te parece? Pero bueno, ya estás al tanto del drama horrible que estoy viviendo por culpa de ese colectivo de acosadores pero también ya tienes el hashtag con el que vamos a hacer la revolución de Lisístrata, que si no la conoces lee a Aristófanes. Regio, ¿no? Chau, chau. (Rafo León)

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