Edición 2594: Jueves, 13 de Junio de 2019

Terkes vs. Forsyth

Escribe: Patricia Salinas O. | La actriz y esposa del alcalde de La Victoria reiteró esta semana haber sido víctima de violencia sicológica ¿Estamos preparados para entender esa figura?

Gaslight” es el nombre de una película clásica estadunidense de 1944, protagonizada por Ingrid Bergman (quien ganó un Oscar por este papel). En la historia, una pareja de recién casados se muda a vivir a casa de una tía recientemente fallecida. Muy pronto, la mujer comienza a escuchar unos extraños ruidos que la aterrorizan por las noches. Es su marido que, además, esconde objetos (cuadros, joyas) haciéndole creer a su esposa que ella ha sido la responsable, aunque no se acuerde. También atenúa la luz de gas (no había electricidad) y le hace creer que el fuego sigue brillando en la misma intensidad que antes.

Por supuesto, todo eso hace que la protagonista sienta que se está volviendo loca, no quiera salir de la casa, se encuentre ansiosa y llora continuamente. El esposo le advierte que dejará la relación, y la amenaza con mandarla a un doctor para que la medique o recluya. El abusador sabe muy bien lo que está haciendo, la manipula hasta hacerla dudar de ella misma y casi consigue su cometido si no fuera por un investigador que descifra la situación. Pues bien, a partir de esa cinta se acuñó el término “gaslighting” para referirse a  un patrón de abuso emocional en el que la víctima es manipulada para que llegue a dudar de su propia percepción, juicio o memoria. Esto hace que la persona se sienta ansiosa, confundida o incluso depresiva y desde hace ya un buen tiempo, se considera una forma de violencia familiar que se puede denunciar.

Obviamente son muy pocas las mujeres que denuncian este tipo de abuso, porque si ya es difícil denunciar una violación o una situación de acoso sin terminar siendo insultada y vapuleada, imagínense lo que es en una sociedad machista como la nuestra, hablar de violencia sicológica como lo ha hecho Vanessa Terkes.

La reacción inmediata de la mayoría de personas, incluso de muchas que luchan por la no violencia contra la mujer en nuestro país, ha sido sorprendente, por decir lo menos. “A la Terkes no le creo ni sus lágrimas, ni para eso es buena actriz”, son frases que he leído por todas partes ¿las razones? las mismas de siempre: “Con el historial que tiene”, “Siempre ha sido inestable”, “Es por despecho”, “Es una dama de compañía a la que no le han pagado, etc. Es decir “es una loca” o  “es una puta”, los dos argumentos más usados desde que el mundo es mundo para descalificar a una mujer.

Es aún peor escuchar los “análisis” de sus declaraciones con las famosas frases de “Y ¿Por qué aguantó?” o “¿Por qué tiene que hacerlo público?” o  escuchar a quienes dicen ¿cuál es el maltrato: que la grite, que la insulte, que llegue tarde a su casa con unos tragos demás y viva su vida como soltero? Claro, todo eso está tan normalizado que no nos damos cuenta de que sí son signos de un tipo de violencia que no deja marcas visibles en el cuerpo, pero que puede ser aún más peligroso.

Si es verdad que George Forsyth trataba de bajarle la autoestima diciéndole que no servía para nada, comparándola con sus exparejas después de tener sexo, eructándole en la cara demostrándole así todo su desprecio y demás cosas que Vanessa ha declarado, encaja perfectamente en la figura del gaslighting, un tipo de abuso que ya tendríamos que comenzar a combatir más en serio.
No sé quién dice la verdad y quién miente en este caso. Eso lo determinará la justicia, pero creo que ya es hora de tratar de tener un poco más de empatía con las mujeres que se atreven a hablar, ya es hora de ponernos en sus zapatos, de dejar de aceptar como normales cosas que van contra la dignidad humana. Si eres mujer, piensa si nunca te ha sucedido algo así y lo has pasado por alto porque te parece “normal”. Si eres hombre, piensa si alguna vez no has actuado como un patán sintiéndote un “papirriqui”, porque nos han hecho creer que eso es “normal” en un hombre bien macho. No seamos cómplices de este tipo de abuso. La indiferencia también es violencia.