Edición 2592: Jueves, 30 de Mayo de 2019

Pornografía Social

Escribe: Patricia Salinas O. | Exponer la vida íntima de las personas puede ser un negocio muy rentable, pero también muy peligroso.

Aunque muchos piensen que la televisión basura y los formatos que explotan la miseria humana son exclusividad de nuestra televisión, lo cierto es que lleva décadas inventada. En Estados Unidos, el mayor exponente de ese tipo de televisión fue, durante años, Jerry Springer, quien se hizo multimillonario haciendo del cinismo su espectáculo.

Su equivalente en el Reino Unido era Jeremy Kyle, con un programa que se llamaba “Jeremy Kyle Show” y durante 14 años fue imbatible en su horario de las mañanas en la cadena ITV. Hasta hace algunas semanas que fue levantado de la programación después del suicidio de uno de los participantes.

El resumen del caso es el siguiente:  Steve Dymond, de 63 años, era un operario de maquinaria pesada que acudió al programa para intentar demostrar a su novia, Jane Callaghan, que por supuesto estaba en el estudio, que le era fiel. Fue sometido a un detector de mentiras y falló la prueba. El público se le fue encima, le dijeron de todo y el hombre abandonó el lugar en medio de lágrimas. Poco después, su casera lo encontró muerto.

La exnovia, declaraba después a los medios que Dymond era un hombre lleno de amor y generosidad, pero que había sido diagnosticado con un grave cuadro de depresión, al tiempo que ITV anunciaba la cancelación definitiva del programa y su compromiso de no emitir el episodio en el que participó la víctima.

Sin embargo, las autoridades encargadas en el Reino Unido de supervisar los contenidos televisivos revisan ahora el episodio grabado y no emitido y han abierto una investigación. «Las televisiones y las productoras tienen responsabilidad sobre la salud mental y el bienestar de los participantes y la audiencia de sus programas. Y les hemos dejado claro que deben contar con el suficiente nivel de apoyo en los estudios», ha dicho un portavoz del Gobierno, mientras el fiscal de Portsmouth, donde Dymond residía, se encuentra a la espera de los resultados de la autopsia, pero ya ha indicado que, muy probablemente, se abrirá una investigación penal.

Además de todas estas consecuencias directas, el hecho ha sacado de golpe la repulsión y rechazo que provocan este tipo de espacios a los que muchos definen como  «porno de la pobreza», algo bastante familiar para nosotros ¿no? desde la época en la televisión peruana era conocida en el mundo entero por las polladas, los carritos sangucheros y la violencia en el set de Laura Bozzo que nos mostraba lo peor de nuestra sociedad.

Las cosas no han cambiado mucho desde entonces. Ya no está la Bozzo (aunque ATV insiste en mantener sus enlatados en horarios de madrugada), pero los programas de chismes se multiplican. Magaly ha vuelto con lo mismo de hace veinte años y hasta usa la misma canción que usaba en esa época para musicalizar sus ampays (“A escondidas” de Camilo Sesto).

Seguimos viendo cómo a diario se expone la intimidad de las personas. Algunas se prestan al juego por dinero, otras porque quieren ser famosas, pero también están los que son invadidos, impunemente. Seguimos viendo cómo personajes que no tienen ningún talento se convierten en “figuras” por ir a un programa para contar si tuvieron un choque y fuga con tal o con cual.

Es decir, no hemos aprendido nada de los años en los que la televisión estuvo secuestrada por el fujimontesinismo. Nos llenamos la boca diciendo “Qué horror, qué época tan nefasta”, pero quienes manejan los canales de televisión se hicieron adictos a la cochinadita porque descubrieron que mientras más degradante es el show, más rentable resulta. Pero ellos no son los únicos culpables. Las marcas auspician esos programas y lo hacen porque los televidentes los ven. El famoso círculo vicioso que no se sabe dónde comienza y tampoco dónde termina. Espero que no tenga que pasar una desgracia como la Steve Dymond (aunque aquí ya tuvimos a Ruth Thalía Sayas y no pasó nada) para que alguien diga ¡basta!