Edición 2567: Miércoles, 28 de Noviembre de 2018

¡Respeto!

Escribe: Patricia Salinas O. | A la poca oportunidad que tienen los nuevos artistas nacionales para mostrar su talento, se suma la falta de escrúpulos de algunos empresarios

Que hay muy poco respeto al artista nacional en el Perú se sabe desde hace tiempo, que muchos empresarios les pagan solo con un sencillo para su pasaje o con un par de cervezas, también lo había escuchado, pero que se les cobre por cantar en un concierto ya sobrepasa todos los límites.
Hace unos días, Cédric Vidal, exfinalista de La Voz Perú, que después ha grabado temas que han sonado tanto aquí como en el extranjero, se atrevió a decir en el programa que conduzco en Acción Web Media que hace poco le quisieron cobrar 18 mil dólares por participar en un concierto de música urbana.

No quiso precisar de qué concierto se trataba, pero mencionó que era el de un artista extranjero bastante mediático y aunque él no aceptó porque le pareció una falta de respeto, hubo otros cantantes peruanos que sí lo hicieron.

“Primero me dijeron que cante gratis, que era una buena oportunidad porque se trataba de un evento con mucha exposición y hasta ahí acepté…a los dos días me llaman y me dicen: tienes que pagar US$ 6 mil por canción, porque tales personas también han pagado para estar allí”, explicó.
Es decir, US$ 18 mil porque le “permitan” trabajar. Sí claro, todos nos escandalizamos de que existan organizaciones criminales como “Los cuellos blancos del puerto”, pero ¿acaso la corrupción no está en todas partes? Curiosamente nadie rebotó esa noticia ¿será porque se trata de ese tipo de cosas que todos saben, pero que también todos callan?

Antes eran los disc jockeys de las radios los que cobraban por poner determinada canción (hay quienes dicen que en algunas emisoras mantienen esa práctica), era una coima institucionalizada,  pero las redes sociales acabaron con esa dictadura porque ya no importa si un cantante no suena en las radios, igual puede llegar al mundo entero a través de internet. Sin embargo, el camino no es fácil y los nuevos artistas necesitan de los medios de comunicación para difundir su trabajo, de medios de comunicación que los respete, que les ofrezca un espacio digno y no que los hagan ir con instrumentos y todo su equipo de sonido para ponerlos al final sin permitirles hacer una canción completa.

Hay programas con mucha sintonía que, como esos empresarios de los que hablamos al comienzo, también cobran a los artistas por dejarles cantar y claro, en la desesperación por un minuto de fama, muchos pagan. Eso no está bien, no les ayuda en nada, eso se llama mermelada y la única manera de parar con esta forma de abuso es denunciando. Desde aquí, insto a todos los artistas, a los que alguna vez les han hecho este tipo de propuestas que aprendan a decir NO, que se hagan respetar y que tengan el valor de hablarlo, que no se callen, que no sean parte de ese juego porque tan mal hace el que cobra, como el que paga (como en cualquier tipo de coima).

Con un panorama como este, programas como Yo soy, La voz o Los 4 Finalistas, son el paraíso: exposición gratis y la gran oportunidad de llegar al gran público. A pesar de algunos detalles de los cuales he hablado en otras oportunidades, es la única alternativa que tienen los nuevos artistas para mostrar su talento, por eso soportan muchas cosas, como tener que esperar un turno que no llega, ser reprogramados y al final, por falta de tiempo, quedarse sin participar a pesar de haber ensayado.

Y ¿por qué falta tiempo? El viernes pasado, por ejemplo, estiraron tanto el chicle que solo hubo una batalla. Daniel Lazo, por supuesto, que es el favorito del público y, por ende, el que les da más rating, Pasaba el tiempo y los miembros del jurado opinaban una y otra vez, luego los demás concursantes (algo que nunca se había hecho). Era evidente que estaban pendientes del minuto a minuto en lugar de seguir el desarrollo normal del programa y que no les importó dejar plantados a los otros concursantes que esperaban su turno y que nunca salieron. Eso también es una cuestión de respeto, pero obviamente comparado a todo lo que hemos mencionado, es lo menos malo.

Loading...