Edición 2560: Jueves, 11 de Octubre de 2018

¡Ay, la Cobertura Electoral!

Cada vez que realiza la cobertura televisiva de algún evento importante, aparecen nuevas y extrañas formas de realizarla. En lugar de que los cambios sean para mejor, lo cierto es que nos sorprenden porque las “novedades” siempre son para peor. En el caso de las elecciones municipales, hemos visto algunas cosas que lindan con la estupidez, como por ejemplo, cuando un reportero perseguía corriendo a las personas que estaban llegando cerca de las 4 de la tarde a sus locales de votación y aún así los interrumpía para hacerles preguntas. En una de esas nos encontramos con este diálogo:

Reportero: ¿Viene a votar, señor?
Ciudadano: ¿Tú qué crees, qué otra cosa puedo estar haciendo acá?

Reportero: Pero es tarde, ya va a ser hora de que cierren las mesas.
Ciudadano: Sí y tú me estás haciendo perder más tiempo. Si no llego ¿me vas a pagar la multa?
Suena a sketch cómico y a los televidentes seguramente les pudo arrancar una carcajada, pero lo cierto es que no hay el menor criterio de qué es noticia y qué no lo es, por eso nos atrevemos a hacer tres sugerencias (podrían ser más, pero concentrémonos en las más resaltantes) de lo que se deberían evitar en una cobertura electoral.

Uno: los desayunos
Los desayunos electorales son casi casi un invento de la prensa. Como tenían necesidad de mostrar cualquier cosa desde temprano, alguna vez a alguien se le ocurrió ver cómo desayunaban los candidatos (y de paso picar su tamalito). Al comienzo era una entrevista más, luego los candidatos convirtieron eso en una parte más del show y un “agasajo” a los periodistas presentes (¿se acuerdan de la imagen de Kenji repartiendo sanguchitos entre los reporteros?). Después comenzaron a competir por quién tenía el desayuno más criollo: el chicharrón, la salchicha huachana, los tamales, etc. (el domingo Urresti hasta tuvo pachamanca). La mayoría ya ni siquiera desayuna en su casa, sino que organiza todo un evento en algún local popular, en muchos casos con show incluido,  de tal manera que viene a ser una actividad más de campaña, cuando la ley dice que los cierres de campaña se deben realizar tres días antes de las elecciones. O sea, esos desayunitos son ilegales. Así de simple.

Dos: de sujetamicros a colocador de audífonos
Se supone que los reporteros que son enviados a cubrir algo tan importante como unos comicios electorales están preparados para hacer preguntas, ¿no es cierto? Han estudiado comunicaciones , ¿no? Pero los subestiman tanto que  ahora han pasado de ser sujetamicros a ser colocadores de audífonos y ya ni siquiera les dan la oportunidad de hacer preguntas. Su trabajo consiste en pelearse con sus demás colegas para ver quién le pone primero el audífono al candidato (o al entrevistado de turno) para que escuchen las preguntas de los conductores que están el set. El momento en el que Jorge Muñoz apareció después de los resultados a boca de urna que lo daban ganador fue terrible, un enjambre de periodistas se peleaba por introducirle un audífono en la oreja, lo cual evidentemente era invasivo y mal educado. La solución hubiera sido que él no aceptara ningún audífono (de hecho, el martes, cuando se reunió con el presidente Vizcarra sí se negó a que le hicieran lo mismo), por respeto a los reporteros que estaban allí que es con quienes debía hablar y por respeto a sí mismo. Si los conductores quieren hacer las preguntas, pues que vayan personalmente, ¿no?

Tres: Los resultados
Desde las 4 de la tarde, hora en la que salieron los primeros resultados a boca de urna hasta cerca de las 9 de la noche  se la pasaron dando cifras distrito por distrito, departamento por departamento, región por región. Al 50%, luego al 70% y finalmente al 100% ¿Era necesario que nos lean tooooodos los resultados?¿No sería suficiente con dar al ganador de cada distrito, departamento o región y poner a un lado de la pantalla la información detallada? Optimización de recursos, que le llaman. Y de tiempo, por supuesto ¿O era una forma facilista de llenar espacio?

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