Edición 2557: Jueves, 20 de Septiembre de 2018

Sí Pues, nos Falta Mucho

Escribe: Patricia Salinas O. | Una vez más la Teletón fue un programa lacrimógeno que justo a la hora precisa logró pasar la meta trazada.

Dicen los que creen en el secreto, la ley de la atracción y todas esas nuevas corrientes que lo que crees, creas; que lo que dices, decretas; que la fuerza de las palabras es increíble y que, por eso, hay que saber usarlas. A partir de esa idea, la Teletón empezó mal desde el comienzo, porque su lema “Nos falta mucho, nos faltas tú” era bastante fatalista. Decretaba que iba a faltar mucho y, peor aún, que faltaría la persona a la que se dirigirían todo el tiempo.

Como programa de televisión (no hay que olvidarse que es un programa que se transmite en casi todos los canales de señal abierta a la vez), la Teletón fue lo mismo de siempre. Es todo tan, pero tan predecible que yo estaba tentada a escribir en la columna de la semana pasada las predicciones de todo lo que iba a pasar: el inicio lleno de entusiasmo a las 11 de la noche del viernes, los números artísticos de madrugada como para llenar porque saben que muy poca gente está viendo, la cifra en la mañana del sábado que no sube lo suficiente y, de repente, los conductores malhumorados que comienzan a renegar y reclamar a los que no donan, los gritos, las lágrimas porque todo parece indicar que no se alcanzará a la meta y después, justo en la hora que tienen que terminar, el happy end.
Pasó exactamente igual que todos los años, es como un guion repetido. A las 7 de la noche apenas llegaban a S/ 6’031.766, que era prácticamente la mitad de la meta y las frases de indignación de los animadores, sacándonos en cara que tenían más de 20 horas sin dormir, ya no hacía el mismo efecto que hace años, porque ya es sabido que se guardan los grandes cheques de los auspiciadores para el final y que siempre conseguirán la cifra trazada.

Es bonito ver a gente de todos los canales unidos por una misma causa, conduciendo juntos, pero no hay razón para que los conductores ancla elegidos por cada canal se maltraten y estén allí casi todo el tiempo ¿No sería más lógico que hayan turnos y que participen la mayor cantidad posible de talentos? Es más. ¿No sería momento de convocar a los famosos influencers que tienen millones de seguidores y que, por lo tanto, probablemente obtendrían una mejor respuesta?

Y es que las preguntas que se hacían a cada rato los animadores era, ¿no estamos llegando a ustedes con el mensaje? ¿No es suficiente ver las historias que les estamos presentando como para se movilicen? Si bien ellos dan su tiempo y su esfuerzo con la mejor intención, la verdad es que no, no llegan con el mensaje cuando se ponen a exigir en lugar de pedir, cuando están más concentrados en lo que falta en lugar de agradecer a todos los que donan, cuando pierden los papeles y recurren al chantaje emocional.

Esta vez Eddie Fleischman estuvo más calmado que otros años. Fue Gian Piero Díaz quien se lanzó con un discurso con el que, se supone, quería convencer a los televidentes: “Vayan a la Clínica San Juan de Dios y mírenlos a los ojos y díganles que no van a colaborar, que no les importa, porque al ser indiferentes lo que ustedes están consiguiendo o lo que están dando a entender es que les importa un carajo lo que les pasa a los niños”.

No dudo de que todos los que trabajan desinteresadamente para esta cruzada lo hacen con la mejor intención, dan todo de sí y eso es digno de admirar, pero quizás los productores deberían tomar en cuenta que no es necesario que las 23 horas que dura el evento haya lágrimas. No son necesarios los primeros planos de conductores llorando. Se supone que la cuota de drama la ponen las historias y aún así, las familias que las protagonizan terminan siendo más inspiradores por su fortaleza que quienes los presentan.

La pregunta final que me hago todos los años es, ¿por qué todo tiene que acabar a las 10 de la noche? ¿Por qué los canales no sacrifican sus programas de horario estelar y, por una vez en la vida, hacen una fusión de El artista del año y Los 4 finalistas, por ejemplo? La Teletón lo vale, ¿no?

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