Edición 2553: Jueves, 23 de Agosto de 2018

La Casa de las Flores

Escribe: Patricia Salinas O. | La serie mexicana con sabor a telenovela que se ha convertido en el nuevo fenómeno de Netflix.

Hace apenas un par de semanas recomendamos el lanzamiento de “La Casa de las Flores”, la nueva serie de Netflix hecha en México, pero no imaginamos que se convertiría tan rápidamente en otro fenómeno, como sucedió con Luis Miguel, la serie, pero en este caso las razones son totalmente distintas.

“La casa de la flores” es una serie audaz, mucho más de las que llegan de Estados Unidos o Europa. Utiliza el humor negro para poner sobre el tapete la doble moral de ese tipo de gente que sale en las páginas de sociales de las revistas aparentando tener familias perfectas, pero que esconden todo tipo de secretos, desde los que tienen que ver con sus finanzas (usualmente no tienen tanto dinero como quieren hacer creer), hasta aquellos que ya forman parte de la vida privada de cada uno de sus miembros: amantes, homosexualidad, racismo, drogas, etc.  y todo en un balance perfecto entre el drama y la comedia.

El primer capítulo arranca con la fiesta de cumpleaños de Ernesto, el patriarca de la familia y termina con el suicidio de su amante, Roberta, en plena celebración en la floristería. Desde allí empieza el culebrón que, por momentos, nos trae un poquito de nostalgia de las tradicionales telenovelas mexicanas, pero con giro de tuerca que termina siendo una parodia de éstas.

A pesar de que se tocan muchos temas que en nuestras  sociedades (México y Perú que son tan parecidas) siguen siendo tabú y que muestran abiertamente y con frescura parejas homosexuales y bisexuales y personajes transexuales, quizás lo que se enfrenta con mayor valentía es ese concepto tan arraigado en nuestra cultura de “la casa grande” y “la casa chica”, es decir la familia oficial y la “otra familia”, que en este caso se hace más evidente porque la amante suicida tiene un cabaret al que ha llamado “La casa de las flores”, exactamente igual que la famosa floristería que maneja Virginia, la matriarca de esta familia, interpretada por una extraordinaria Verónica Castro que no podía haber conseguido un mejor papel para su retorno a las pantallas.

En ese mundo en el que prevalece el qué dirán, Virginia puede “adaptarse” a todos los secretos que van apareciendo en el camino; puede convertirse en la madre moderna que acepta al hijo gay y al yerno transexual (siempre con ayuda de un poco de marihuana de tanto en tanto), pero lo que no podrá aceptar nunca es que la gente piense que su marido la ha dejado por otra y, por eso, llegará a hacer cosas inimaginables. Lo que decíamos al comienzo, la doble moral en su máxima expresión.

Y no se puede hablar de “La casa de las flores” sin mencionar la delirante actuación de Cecilia Suárez como Paulina de la Mora, un personaje que al día siguiente de lanzada la serie, ya tenía memes con sus frases y ahora hay hasta un #PaulinaDeLaMoraChallenge, en el que todos tratan de imitar su voz desganada cortando las palabras por sílabas como la ya famosa : “Sa-lú-da-me-al-Ca-cas”. Se quedará como parte de la cultura popular.

Hay actuaciones menos notables de las que se esperaban mucho como el caso de Paco León, José María convertido en María José o Aislinn Derbez como Elena. En total son 13 episodios, cada una con el nombre de una flor y su significado, el cual siempre es leitmotiv del capítulo.

El éxito ha sido tan grande que el público ya pide una segunda temporada que, de hecho,  se hará,  aunque Verónica Castro se ha adelantado a decir, que por su parte prefiere dejarlo ahí. A ver si la convencen, como la convencieron de aparecer fumando marihuana. Y es que así nomás no le va a presentar un papel como el de Virginia de La Mora.

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