Edición 2549: Jueves, 26 de Julio de 2018

Un Despertar Glorioso

Escribe: Patricia Salinas O. | Es en momentos como este, en los que el público está ávido de noticias de verdad, cuando nos damos cuenta del peso de un buen noticiero.

Hace unos días vi, por tercera o cuarta vez, la película Morning Glory (Un despertar glorioso para América Latina). Es una cinta del 2010 que no es, para nada, una gran película (de hecho tuvo algunas críticas terribles), pero me fascina ver, una y otra vez, historias que tienen que ver con periodismo, porque siempre hay una lectura entre líneas, así se trate de una comedia, como en este caso.

La sinopsis de Morning Glory habla de una eficiente productora de televisión que es despedida repentinamente, y después de varias semanas buscando un nuevo empleo, asume el reto de producir Daybreak (Amanecer), el peor noticiero de Nueva York, pero lo hace, decidida a hacerlo crecer (crecer en puntos de rating, claro está).

“Hasta que los conductores estrella, el difícil Mike Pomeroy (Harrison Ford) y Colleen Peck (Diane Keaton) se declaran la guerra durante las transmisiones, pero Becky (la productora en cuestión interpretada por Rachel McAdams) está lista para deslumbrar a la audiencia, a pesar de todo”, se puede leer en la sinopsis.

El avance no va más allá del problema de egos entre los dos conductores, no habla de cómo esta chica, consigue ir subiendo el rating de su noticiero tratando de llamar la atención, haciendo que la conductora o el hombre del tiempo hagan cosas, muchas veces humillantes, convirtiéndose en “protagonistas de la noticia”, haciendo el ridículo en vivo cada mañana (¿les suena conocido?).

La sinopsis no dice que el único que se niega a entrar en ese juego es Pomeroy, un periodista con gran  trayectoria, que ha entrevistado a los más importantes personajes y ha sido, entre otras cosas, corresponsal de guerra y que un día engaña a todo el equipo diciendo que sí, que va a entrar en el juego haciendo una historia intrascendente, cuando lo que hace realmente es desenmascarar en vivo y en directo a un político corrupto, cosa que, por supuesto, hace que el noticiero suba no solamente en cantidad de audiencia, sino en prestigio.

¿Por qué les estoy contando esta película? Porque hoy, más que nunca, tenemos que estar conscientes de que el periodismo, cuando no se traiciona a sí mismo, cuando no se deja llevar por los intereses del medio, o por factores como el rating, puede llegar a destapar toda la porquería y la corrupción que hay en las altas esferas del poder, como está pasando ahora mismo, como pasó hace 18 años, como pasa siempre.

Sí, es verdad que el periodismo está desprestigiado, que estamos hartos de ver gente que hace shows ficcionados y grotescos en lugar de noticias para llamar la atención, que muchísimos conductores de programas periodísticos le ponen más punche al leer las “activaciones” de los auspiciadores que a una denuncia, que hay de los callan y de los que pactan entrevistas, pero también están los que quieren mostrar la verdad, caiga quien caiga.

El periodista de Morning Glory le dice en una escena a su joven productora: “Subestimas a la gente, la gente quiere información real, no toda esa basura que tú le das todos los días”. Y es verdad, muchos noticieros y programas periodísticos se van por el lado sensacionalista para ganar audiencia y no se dan cuenta de que si hicieran su trabajo, tendrían siempre un público cautivo. La prueba es que en momentos como estos, el público está más pegado que nunca a las noticias, porque le interesa, porque quiere saber quién maneja la justicia en este país, qué entripados hay en el Congreso y quien más está coludido en esta mafia que resuelve todo en medio de almuercitos.

La verdad también vende, señores que manejan los espacios periodísticos de los canales de televisión, así que no le tengan miedo. 

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