Edición 2547: Jueves, 12 de Julio de 2018

Después del Domingo

Escribe: Patricia Salinas O: | Esta semana se acaba el Mundial y también la serie sobre Luis Miguel. La pregunta es ¿volveremos a lo mismo?

Después de este domingo todo volverá a ser lo mismo, volveremos a la rutina de siempre (esa de la corrupción y el escándalo), porque el mismo domingo se acaba el Mundial Rusia 2018 y Luis Miguel, la serie; dos cosas que han mantenido en vilo a millones de personas en todo el planeta.

Así son las pasiones, inexplicables y hasta incomprendidas. De repente se desatan de un momento a otro y ¡zaz! cuando son masivas como en estos casos, se convierten en fenómenos. Y a pesar de que en el Mundial no pasamos de la primera ronda, igual la sensación de haber visto a nuestra selección entre los mejores y jugando de igual a igual es algo que quedará en el recuerdo y quién sabe si lleguemos a callar a esa vocecita que anda murmurando en la mente de muchos peruanos: “No, no podemos, no llegamos, nos van a hacer puré”.

Nadie nos hizo puré, es más, después de estar en la gran vitrina del Mundial, muchos de los jugadores peruanos están consiguiendo contratos millonarios en el extranjero, porque se ganaron el respeto en la cancha.

Claro, estamos hablando de fútbol, nada más. Es difícil abstraerse de la realidad de nuestro país porque esta nos cachetea todo el tiempo, sin dejarnos siquiera el respiro del Mundial. Seguimos siendo un país de feminicidas, seguimos siendo un país de violadores y lo peor de todo, seguimos siendo un país corrupto en el que todo es negociable.

Después de escuchar el audio del juez Rodolfo Hinostroza preguntando “¿Qué es lo que quieren, que le baje la pena o que lo declaren inocente?”, refiriéndose a la situación del presunto violador de una niña de 10 y 11 años, se puede entender por qué las víctimas nunca encuentran justicia en nuestro país,  y entonces volvemos a sentir vergüenza de ser peruanos, volvemos a sentir asco y volvemos a escuchar esa vocecita que nos dice: “No, no se puede, todo está podrido, nos van a hacer puré”. ¿Vamos a permitirlo? ¿No le podemos meter la misma pasión que le metemos al fútbol a la lucha contra la mafia?
Es curioso, comencé a hacer esta columna pensando en hacer una nota lúdica, jugando con el final del Mundial y el final de la serie de Netflix sobre la vida de Luis Miguel, pero es imposible, porque mientras escribía que nos habíamos ganado el respeto de los demás en la cancha, que sí podemos, que las cosas pueden cambiar, escuchaba las noticias de los nuevos audios que hablaban de más corrupción y por si fuera poco, del allanamiento de las oficinas de IDL-Reporteros  (el portal periodístico que difundió los vergonzosos audios), por un equipo del Ministerio Público con agentes de la Policía.

No he corregido el inicio porque creo que es así queda mejor graficado el sentimiento que nos invade en este momento a todos los peruanos. Esa lucha entre querer ser felices, aunque sea con poquito y cantar: “Cómo no te voy a querer, si eres mi Perú querido, el país bendito que me vio nacer” y esa sensación de no poder hacerlo porque algo se nos atraganta y nos da arcadas.

Hagámoslo  ahora más que nunca. Sigamos con la camiseta puesta, con el escudo en el pecho y defendiendo nuestro derecho a sentirnos orgullosos de ser peruanos. Demostremos que sí se puede, que juntos podemos lograr cosas que pensamos imposibles. Hagamos que después del domingo, cuando ya no haya más partidos, cuando ya se haya acabado la serie de Luis Miguel, no volvamos a lo mismo. No podemos ni siquiera pensar en la posibilidad de volver a lo mismo. Algo tenemos que hacer para que las cosas cambien. Otro día escribo sobre Luismi, disculpen la tristeza, pero sé que sabrán comprender mi indignación.

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