Edición 2542: Jueves, 7 de Junio de 2018

Por Eyvi, Por Todas

Escribe: Patricia Salinas O. | Así como estamos unidos en la alegría de ver a Perú en un Mundial, después de 36 años, sería importante que estemos unidos también en el duelo.

Tenía pensados varios temas para esta columna: la fiebre mundialista, la estupidez del programa En boca de todos de América Televisión donde hicieron una nota entrevistando a un cirujano plástico para saber, en el colmo de la frivolidad, cuánto deben gastar nuestros seleccionados para hacerse unos arreglitos y lucir como modelos en las figuras del Mundial, los personajes que siempre dijeron que odian el fútbol y ahora se suben al carro por rating, en fin… sin embargo, no me puedo sacar de la cabeza la muerte de Eyvi Ágreda y no sé si será por comparación con la gran cobertura que se le está dando a Rusia 2018, pero siento que no se le ha dado todo el espacio que merece.

Es lindo ver a todo el país unido en un abrazo de gol, como dice el eslogan de un comercial, pero así como estamos juntos en la alegría de ver a Perú en un Mundial ,después de 36 años, sería importante que estemos juntos también en el duelo, no solo por Eyvi, sino por todas, porque vivimos en un país en el que el acoso, la violación o el asesinato a una mujer ya no es noticia, sino parte de la rutina y pasa como una nota más en todos los noticieros.

Pero el caso de Eyvi tendría que ser más que una estadística, es un punto de quiebre por la forma en la que se dieron las cosas: el feminicida Carlos Hualpa se subió a un bus lleno de pasajeros, le roció gasolina y le prendió fuego. Así de simple, así de terrible. El 60% de su cuerpo quedó quemado, tuvo una agonía de 38 días y fue sometida a 12 operaciones ¿Suena sólo a frías cifras?

El problema es que estamos perdiendo la capacidad de indignación. Y eso comienza por los medios.

Es chocante, por ejemplo, que el anuncio de que Paolo Guerrero fuera habilitado para jugar en el Mundial, se haya hecho entre gritos de euforia, saltos y hasta en llantos de los conductores  y cuando se dio a conocer la noticia de la muerte de Eyvi Ágreda, todos estaban calmados y hasta distantes. Es inexplicable que el día anterior todos eran parte de un todo y vestían la camiseta blanquiroja, pero para la muerte de Eyvi ya no había una unidad, a nadie se le ocurrió poner un listón negro en la pantalla en señal de duelo. Ya no éramos todos los peruanos unidos como un solo puño. Se informaba de una movilización en las que “algunas mujeres habían salido a las calles a pedir justicia”, “ellas dicen…” “ellas piden…”, ya no había un nosotros, ya no se hablaba de todos los peruanos.

Claro, me van a decir que una cosa no tiene que ver con la otra, que no sea pincha globos, que nos merecemos una alegría después de tantos años, pero yo creo que para todo tiene que haber un espacio, un momento y  una reacción, que tenemos que ser peruanos en las buenas y en las malas, que  si solo nos importan los nombres de los 23 jugadores de la selección y no los de las más de 50 víctimas de feminicidio en lo que va del año, algo anda mal; que si solo nos hace llorar el hecho de que Paolo vaya al Mundial, en realidad no tenemos sensibilidad; que si nos sentimos orgullosos de ser peruanos cuando podemos gritar un gol, aunque sigan matando a mujeres cada día, las cosas no van a cambiar. Hay otros partidos que también tendríamos que querer ganar, con la misma fuerza, con la misma emoción. Lo tenemos que ganar por Eyvi, por todas.   

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