Edición 2534: Jueves, 12 de Abril de 2018

El Fenómeno Merlí

Escribe: Patricias Salinas O. | Después de haber logrado muy buenas cifras en la televisión española, la serie catalana llegó a Netflix y se convirtió en un éxito a nivel mundial y el Perú no es la excepción.

Platón, Maquiavelo, Sócrates, Aristóteles, Hobbes, Descartes, Hiparquía, Guy Debord, Judith Butlery, San Agustín son tan solo algunos de los filósofos y filósofas a los que nos acerca Merlí en cada una de sus clases y que de alguna manera protagonizan cada uno de los episodios de esta serie catalana que se ha convertido en todo un fenómeno mundial.

Y es que ¿quién podría imaginar que la historia de un profesor de filosofía y la aplicación que se le da a cada corriente filosófica para resolver problemas cotidianos podría atrapar al televidente de la manera que lo ha hecho Merlí?

De entrada, ya resulta insólito que una serie, que algunos podrían etiquetar como “juvenil”, logre hablar de filosofía, mezclándola con tramas amorosas y sexuales típicas de la ficción de un instituto o preparatoria, y que el resultado no resulte moralista o panfletario. Héctor Lozano, guionista y creador de la historia, encontró una fórmula audaz que, sorprendentemente, logró explotar en su narración el atractivo de autores y conceptos filosóficos que muchos no sabían ni que existían, pero al mismo tiempo, los televidentes (jóvenes y adultos) se  han sentido identificados con alguno de los personajes.

La trama parece simple y hasta bastante común: Merlí Bergeron es un profesor de filosofía del nivel secundario del Instituto público Ángel Guimerá, donde los chicos más rebeldes caen rendidos ante su forma de dictar clases, pero además se involucra en los problemas personales de sus alumnos, a quienes llama “los peripatéticos”, en alusión a los pensadores de la antigüedad que filosofaban mientras caminaban (por eso suele sacarlos del salón para hacer su clase).

A lo largo de tres ciclos lectivos, cada uno correspondiente a una temporada de la serie, el profesor de filosofía incita a sus estudiantes a razonar sobre el mundo del que forman parte y a tomar decisiones a partir de sus propias reflexiones, lo que genera amores y odios por parte de los jóvenes, sus familias y las autoridades del Instituto.

¿Por qué el éxito? Al margen de la calidad visual, que es casi cinematográfica, yo creo que tiene que ver, básicamente, con que no intenta ser condescendiente ni aleccionadora y se dirige a sus espectadores como seres inteligentes y adultos, sin darles moralejas. Ninguno de los personajes tiene una conducta ejemplar. Todos se equivocan, siguen sus impulsos, se arrepienten, sufren y tratan de resolver sus problemas como cualquier persona. 

Pero quizás lo más importante es que se han atrevido a afrontar tramas sobre la homosexualidad, la bisexualidad, las madres adolescentes, la transexualidad, las drogas, el alcohol, los hogares disfuncionales, los trastornos psicológicos o enfermedades terminales de una manera totalmente natural, lo cual ya es bastante.

Quizás no resulta fácil valorar la verdadera trascendencia de un fenómeno cultural más allá de los índices de audiencia, pero estoy segura de que Merlí se convertirá, si es que ya no lo es, en todo un clásico. Ya lo han comparado con La sociedad de los poetas muertos, por ejemplo. Yo encuentro al personaje más cerca de Doctor House que del profesor Keating.

No voy a hacer comparaciones con las producciones locales para no herir susceptibilidades, pero sé de muchos actores y actrices que al ver Merlí, han pensado (y me lo han dicho) ¿qué hago yo haciendo esto, cuando podría estar haciendo algo como eso? Sería bueno que los guionistas y productores peruanos le dieran una mirada, de hecho, se van a quedar pegados porque es inevitable verla en modo maratón. Es como cuando agarras un buen libro y lo lees de un tirón y luego cuando lo terminas, te quedas con un gran vacío. Eso sucede con Merlí.   

Loading...