Edición 2533: Jueves, 5 de Abril de 2018

El Otro Extremo de 'Me too'

Escribe: Patricia Salinas O. | Toda historia tiene dos caras ¿estamos dispuestos a escuchar ambas versiones y a juzgar objetivamente?

Podría parecer la trama de una telenovela mexicana de hace treinta años, pero también podría ser un episodio de Black Mirror. Y es que toda historia tiene dos lados. Mientras la actriz Daniella Pflucker denunciaba a través de su facebook que cuando tenía 19 años (en el 2016), el también actor Guillermo Castañeda se aprovechó de su inocencia y admiración para tener sexo con ella, él aseguraba también vía facebook que jamás pensó estar envuelto en una situación como esta y que rechazaba categóricamente las acusaciones.

El post de Daniella era bastante enredado: “Intenté acomodarme a su versión sin mencionar nunca que fui violentada tanto sexual como psicológicamente, le creí que era mi culpa, que era mi culpa por quererlo, por aceptar tomar un helado con él, por creer cada una de sus palabras, por no preguntar si él estaba con alguien más. Porque se sintió en el derecho de usar mi cuerpo de la manera más egoísta”, dice en parte del texto que hasta ahí, no es más que la historia de miles de chicas que se dejan llevar por sus sentimientos y se van a la cama con una persona que no ha sido totalmente sincera. Duro sí, pero pasa todos los días, a mujeres y también a hombres.

La pregunta es ¿la forzó o no? Ella insinúa pero no afirma. Da a entender, pero no dice nada totalmente claro: “...Una persona se aprovechó del poder que tenía sobre una chica inexperimentada y muy enamorada para meterla en su cama haciéndome débil e indefensa. Sin escucharme”, dice en su testimonio que luego ha repetido en un par de programas de farándula. ¿El poder que tenía? ¿Era su jefe? ¿Era su profesor? ¿Cuál era el poder que él tenía sobre ella?

Obviamente es un tema tan, pero tan delicado que muy pocas personas se atreven a revelar su verdadera posición ante el caso, porque resulta políticamente incorrecto, así que lo hablan a media voz o en privado, pero no públicamente porque estamos en los tiempos del me too y el ni una menos y queda muy feo que dudes de lo que dice una mujer.

Yo creo que si luchamos por la igualdad de género, no se puede salir a las redes sociales y opinar alegremente sobre el honor de una persona, porque otra (mujer u hombre) se lanza con una acusación tan grave sin una sola prueba. Es la palabra de Daniella contra la palabra de Guillermo y a estas alturas, no se pueden usar argumentos tan pueriles como “Hay que creerle porque es mujer”, porque es una contradicción si queremos hablar de igualdad.

Guillermo Castañeda está dispuesto a demandar a la actriz por difamación si es que no se retracta en un plazo determinado que fija la carta notarial que le ha enviado, pero entre tanto tuvo que suspender la temporada de “Oh, por Dios” que acababa de comenzar y en la radio en la que trabaja le han dicho que, mientras se aclara todo este tema, deje de ir. Es decir, culpable o no, su carrera y su vida ya se vio afectada por una acusación poco clara, por decir lo menos.

Sí, es cierto que es hora de hablar, pero queremos igualdad también a la hora de escuchar, no vaya a ser que vamos de un extremo a otro. Y no me refiero a este caso en particular, sino al camino absurdo que está tomando esta ‘lucha’. No puede estar bien que las mujeres, porque son mujeres, puedan salir y atacar públicamente a sus supuestos acosadores mostrando conversaciones  privadas de whatsApp; pero si el tipo se defiende con las mismas armas, automáticamente se convierte en un canalla y un cobarde, porque “a una mujer no se le hace eso” ¡¿A un hombre si?! Ya pues, no contaminemos todo lo que se ha hecho hasta ahora por lograr que ser tratadas de igual a igual con respecto a los hombres. Hay sumas que restan.  

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