Edición 2527: Jueves, 22 de Febrero de 2018

No sé si es Justo, Solo sé Que es Cierto

Escribe: Patricia Salinas O. | La noticia de la repentina muerte de Daniel Peredo conmovió a todos los peruanos, incluso hasta los que no aman el fútbol.

¿Por qué nos ha golpeado tanto a todos la partida de Peredo?”, me preguntaba un amigo ese día gris de verano que Daniel comenzó, como le gustaba comenzar la semana, con su pichanguita de los lunes y que no pudo terminar porque un infarto se lo llevó para siempre. ¿Por qué gente de todos los canales, de todos los equipos, de todos los colores lo ha llorado como si se hubiera ido el mejor goleador de la selección? Creo que, porque, al margen de su talento en el periodismo deportivo y de la pasión que ponía al narrar los partidos, lo lloramos porque Daniel era un hombre transparente en un medio bastante turbio, porque era un tipo decente, una buena persona, alguien que, como la pelota, no se manchó nunca.

Daniel Peredo se inició en el periodismo escrito y desde sus primeras notas llenas de datos, de análisis y de un gran sentido del humor, marcó la diferencia. Alberto Beingolea, que es de esos pocos jefes que buscan rodearse de gente talentosa porque no tienen el temor de que alguien le haga sombra, supo de inmediato que sería un gran jale para “Goles en acción” y ahí comenzó toda la aventura que convirtió su voz en esa suerte de “soundtrack” de nuestra vida, cada vez que narraba un partido de fútbol, cada vez que gritaba un gol peruano, cada vez que sufría como un hincha; más cuando las cosas no salían como todos esperábamos y entonces soltaba alguna de esas frases que se quedarán para siempre en nuestra memoria: “No sé si es justo, solo sé que es cierto”, frase que encaja perfectamente ahora, cuando tenemos que hablar de su muerte.

“Notemos cómo los narradores de fútbol con brillo se vuelven DJ de nuestros latidos emocionados. Marcadores de la memoria personal. Atajos eternos a un momento feliz”, escribió Juan Manuel Robles en su cuenta de facebook refiriéndose a Daniel. Eso fue, el DJ de nuestros latidos, ese hincha que lograba expresar con palabras todo lo que los demás sentíamos. El DJ que después de tantos momentos de angustia, después de tantas lágrimas, por fin pudo gritar el gol que nos llevaría a un Mundial después de 36 años y con esa emoción hizo sentir a todo el Perú que todo había valido la pena.

Solía decir que él no transmitía partidos sino emociones, y era cierto. Hasta en eso era honesto. No era de los que ocultaba de qué equipo era para parecer más objetivo. No, Daniel era de la U y siendo de la U, lo respetaban igual los jugadores e hinchas de Alianza Lima y de todos los demás equipos, como se evidenció a través de las redes sociales el día que nos dejó. Esa misma noche se viralizó una imagen que habla por sí sola: después del partido frente a Nueva Zelanda con el que clasificamos al Mundial Rusia 2018, un grupo de hinchas se quedó saltando frente a su cabina de narración cantando: “Olé, olé, olé, olé, Daniel, Daniel” y rematando con el clásico “¡Cómo no te voy a querer, cómo no te voy a querer…si eres mi Perú querido, el país bendito que me vio nacer!”, mientras Daniel saltaba también en su cabina y les lanzaba una camiseta de la selección.

Ese era Daniel Peredo, el periodista de la memoria asombrosa que recordaba cada jugada de cualquier partido por más tiempo que hubiera pasado. El que dijo en su última entrevista que la felicidad perfecta sería relatar a Perú en un Mundial. No llegará a cumplir su sueño y el Mundial, aunque esté Perú, no será lo mismo sin su voz gritando ¡Goooooool! No tienes idea, Daniel, de cuánto te vamos a extrañar.   

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