Edición 2526: Jueves, 15 de Febrero de 2018

Sin Sangre en la Cara

Escribe: Patricia Salinas O. | Cuando además del dolor por el que atraviesan, los deudos tienen que “actuar” para complacer a los medios y al público.

Debe ser complicado perder a un ser querido o estar atravesando por un momento terrible y tener que estar pensando en cada palabra que hay que decir para complacer a los medios, porque si no dices lo que para algunos es lo políticamente correcto, si no lloras, si no ‘actúas’ como los que manejan los programas quieren que actúes, puedes pasar de ser la víctima de una situación dolorosa, a ser un villano sin sentimientos.

Eso le pasó a Jorge Avellaneda, padre de Jimena, la niña que fue violada y asesinada por César Alva Mendoza, apodado el ‘Monstruo de la Huayrona’, durante una comunicación vía microondas con  Magaly Medina en la emisión de ‘90 Matinal’. La conductora le reprochó su actitud “poco adolorida” y, como si fuera poco, lo acusó de querer aprovecharse de la muerte de su hija para iniciar una carrera política, porque Avellaneda mencionó que iba a pedir que se salte una parte del proceso para poder dedicarse a trabajar por los niños del Perú.  “‘Jimena Renace’ se tiene que abocar al 100% para que no hayan más casos como este”, comentó.

La respuesta de Magaly fue agresiva, por decir lo menos. Sin más ni más le dijo: “usted no me suena como un padre adolorido, me suena más como un político que quiere subirse a este caballito de este terrible crimen y dice ‘yo voy a luchar por los niños del Perú’. Muchos han empezado a veces con buenas intenciones, pero cuando uno politiza un asunto tan tremendo, como es el asesinato y violación de una niña, a mí me causa algo de rechazo”.

El padre de Jimena dijo que sus acciones hablarán por sí solas y que lo único que quiere es reconstruir su familia y el Perú. Y Magaly siguió atacando: “para reconstruir su familia no necesita usted hacer marchas, no necesita presentar proyectos de ley… la familia se reconstruye en privado, se reconstruye sin cámaras de televisión, se reconstruye con discreción, con amor, así se reconstruye una familia”.

Es decir, Magaly Medina, como mucha gente en las redes sociales, se siente con derecho a decirle a un padre que ha perdido a su hija en esas trágicas circunstancias qué es lo que debe sentir, qué es lo que debe decir, cómo debe actuar. A ella “le causa rechazo” que alguien canalice su dolor buscando la manera de que una desgracia como la suya no vuelva a suceder, a ella “no le suena como un padre adolorido”. ¿Por qué no puede expresar lo que siente haciendo marchas o proyectos de ley en lugar de salir ante las cámaras llorando como todos quisieran? ¿Por qué Jorge Avellaneda tendría que convencer a alguien de algo? ¿De qué se le acusa?

No es novedad que si alguien que está involucrado en alguna desgracia no ‘actúa’ como el público y los medios quisieran que actúen, inmediatamente son juzgados y condenados. Rosario Ponce no lloraba por la muerte de Ciro, por lo que inmediatamente pasó a ser sospechosa de haberlo asesinado. Eva Bracamonte hablaba serena, por lo cual, incluso, estuvo presa sin ninguna prueba que la incriminara en la muerte de su madre. Y así, distintas personas que han pasado por momentos difíciles han sido señalados y juzgados por sus gestos, por una frase que a alguien no le gustó y hasta por cómo camina, sin ni siquiera considerar el estado de shock en el que se encuentran.

¿No hay un poquito de empatía con esta gente que está pasando por el momento más difícil de su vida? ¿Nadie se pone en sus zapatos? ¿No piensan que debe haber hasta un toque de locura en la manera como reaccionan porque, probablemente, no lo terminan de asimilar?

Yo ni siquiera me atrevía a escribir sobre el caso de Jimena porque es algo que duele de solo pensarlo, porque cuesta aceptar que en nuestro país, que en el mundo, pueda suceder lo que le sucedió a ella. No he perdido a ningún ser cercano en una tragedia parecida y no sé cómo reaccionaría si me encontrara ante una situación tan extrema: una hija violada, golpeada, asesinada y quemada, pero no me atrevo a juzgar a sus padres, solo se me ocurre desearles que tengan la fuerza necesaria para seguir viviendo. 

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