Edición 2519: Miércoles, 20 de Diciembre de 2017

Mirando al Futuro (y al Pasado)

Escribe: Patricia Salinas O. | En algún momento la televisión era copiada por otros países y marcaba la pauta en América Latina.

Hace unos días entrevisté Rosa María Cifuentes, que es astróloga, entre otras muchas cosas y ella me asegura  que el 2018 es un año que pondría fin a las cosas banales y vacías. Inmediatamente pensé en la televisión peruana y le pregunté si eso entraba en su afirmación. Me dijo que sí, que era muy probable que los realities, finalmente, salgan de la pantalla chica para dar paso a espacios con mayor contenido.

Probablemente muchos piensen que, en medio de la crisis que estamos viviendo en el país, es casi intrascendente preocuparse por lo que hay en la televisión. No es así, queramos o no admitirlo, la televisión es, en alguna medida, un reflejo de lo que somos y al mismo tiempo, es también lo que nos va formando o deformando como sociedad.

Se nos ha hecho un hábito, por ejemplo, estar pendientes de la basura que hay debajo de la alfombra de la casa vecina, o más aún,  estar pendientes del basurero de los demás y eso hace que estemos tan acostumbrados a la suciedad que cuando pasa algo que realmente nos debería asquear, ya no hay reacción. Nos hemos vuelto insensibles a la realidad porque estamos perdiendo contacto con ella.

Entonces, mientras volvemos a reconectar con la realidad a través de series de Netflix, que apuestan por hacer algo con contenido, nuestra pobre televisión, nuestra atrasada televisión, nuestra aletargada televisión sigue dando vueltas en lo mismo, hace más de 30 años ¿qué 30? Hace casi 50 años, Panamericana Televisión lanzó Simplemente María, la historia de una empleada del hogar que se enamora del “señorito” de la casa, este la embaraza y la deja y para criar a su hijo, María se convierte en una mujer empoderada y emprendedora cuando no existían esas palabras.

Es decir, para la época era una historia revolucionaria, osada, que rompía esquemas. Si bien comenzaba con el romance entre la chica pobre y el príncipe encantado o su equivalente, después viene la lucha de una madre soltera no solo por salir adelante, sino por no depender de nadie. Y, claro, en 1969 esa trama llamaba la atención de tal manera que conquistó a todo el continente americano y fue replicada en muchísimas nuevas versiones y en diferentes países.

Sí pues, aunque parezca mentira hubo una época en la que otros países nos copiaban, no solo en la ficción, sino en muchas cosas más. Los formatos no se compraban, se creaban aquí y la televisión peruana era la que marcaba la pauta en América Latina.

No, ni siquiera podemos decir que nuestra televisión está igual que hace 40 o 50 años. Sería una maravilla que fuera así. Y es que no solo no se ha avanzado, sino que se ha retrocedido. La pregunta es ¿qué falta? Tenemos buenísimos actores y actrices y los vemos no solo en el teatro y algunas (solo algunas películas nacionales), sino también en la misma televisión. Ahí, desperdiciados, aceptando cualquier papel porque, claro, la TV paga bien, así que aceptan aunque sepan que están haciendo algo mecánico, ligero, comercial y nada más. La mayoría ni se esfuerza, cumple y cobra a fin de mes. Tan solo unos cuantos se entregan totalmente, recordando aquello de que no hay papel malo, sino buenos o malos actores, pero seamos honestos, son los menos.

Lo que falta es que algún canal se decida a apostar por programas novedosos, por ficciones que reflejen tantísimos problemas actuales y entonces estoy segura de que no solo las cosas cambiarían, sino que también funcionaría en cuestiones de rating.

Hace unos días Netflix compartió sus cifras globales de cómo los usuarios de los diversos países consumen el contenido de su plataforma. El Perú es el tercer país en mayor porcentaje de usuarios de la plataforma, la información está publicada en las páginas web de algunos canales de televisión, ¿se habrán dado cuenta de lo que significa esa información? No lo tengo que explicar, ¿no?

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