Edición 2514: Jueves, 16 de Noviembre de 2017

En el Nombre Del Arte

Escribe: Patricia Salinas O. | Las denuncias de acoso y abuso sexual contra Guillermo Castrillón vuelven a poner el tema sobre el tapete.

Desde que comenzaron a hacerse públicas las denuncias de acoso y violación sexual contra el  productor Harvey Weinstein, las cosas en Hollywood parecen haber comenzado a cambiar. Claro, Weinstein no era el único y las víctimas entendieron que la única manera de parar con algo que parecía “parte de la industria” era no callando más. Y los medios hacen su parte, como debe ser.

En nuestro país, hace unos días, pasó exactamente lo mismo. Eva Bracamonte denunció a través de su página de Facebook que había sido víctima de acoso sexual por parte del director de teatro Guillermo Castrillón, quien so pretexto de su método de exploración artística se aprovechaba de las alumnas que tomaban talleres con él, así como de muchas de las actrices que participaban en algunos de sus montajes.

Después del descarnado post de Eva, en el que narraba con lujo de detalles cómo este sujeto había ido avanzando en su manipulación y en el abuso, salieron más de una decena de chicas contando que habían pasado por lo mismo, incluso algunas de ellas llegaron a acusar a Castrillón directamente de violación y no necesariamente en medio de un “proceso creativo”.

Las preguntitas tontas de ¿y por qué no se fue? ¿y por qué no lo detuvo? ¿y por qué habla recién? no hacen sino evidenciar que nuestra sociedad todavía no entiende lo que es el abuso. Es la misma actitud que, seguramente, los mismos que hacen esas preguntas critican cuando escuchan cómo es tratada una mujer que va a una comisaría a denunciar una violación o una agresión: “Pero ¿qué habrás hecho tú?”

El tema es tan escandaloso como el de Hollywood, pero aquí los medios de comunicación no han reaccionado de la misma manera. Apenas un par de programas de televisión y El Comercio han puesto énfasis en el caso, los demás siguen  usando páginas completas para difundir los testimonios de las víctimas de Weinstein, como si aquí no pasara nada.

Y entonces, la pregunta cae por sí sola: ¿por qué? Aparte de los muchos testimonios de las víctimas de este seudo director, han salido varias reconocidas actrices a contar experiencias parecidas con otros hombres relacionados al teatro. Tatiana Astengo habla de uno que ya murió, Stephanie Orué se refiere a un profesor del Teatro de la Universidad Católica, pero evita decir su nombre. Es más, hay muchos que aseguran que eso ha pasado siempre no solo en el teatro, sino también en la televisión, en el cine… todo en nombre del arte.

Yo creo que ha llegado el momento de hablar, de no callar nada, de revelar quiénes son los que se aprovechan (o se aprovecharon en su momento) de su condición de director, de profesor, de productor, de cualquier cargo que les diera cierto poder sobre sus víctimas. Ha llegado el momento en el que también los que no han sido víctimas, pero han sido (o son) testigos de estas prácticas hablen, denuncien, porque ésa es la única manera de no seguir justificando y normalizando la violencia.

Y no se trata solamente de desenmascarar a estos tipos que usan su cargo para hacer lo que les da la gana, se trata de salvar a todas esas chicas que recién comienzan un taller de teatro, que ingresan a participar en una obra o ser parte de un programa de televisión. Se trata de que sepan que NO es normal que alguien invada su cuerpo, que la confianza que depositan en esa persona a la que admiran y quizás temen, tiene un límite. Que no hay ningún método de exploración artística que justifique que se les obligue a hacer algo que no quieren.

Suena fácil, suena a algo obvio, pero no lo es. Cuando entregas tu confianza a alguien que tiene mucha influencia sobre ti y crees que dependes de esa persona, las cosas se ven de otra manera. Puede ser un director, un profesor, un jefe, tu padre o tu pareja, cualquiera que tenga cierto nivel de control.

El mismo Guillermo Castrillón lo dice en una entrevista publicada en El Comercio y realizada justo un día antes de la denuncia de Eva Bracamonte: “Hay muchas maneras de violentar, no necesariamente física o verbalmente”, y vaya que él sabía muy bien de lo que estaba hablando.

No callar es la única manera de lograr que las cosas cambien. #NiUnaMenos. 

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