Edición 2508: Jueves, 5 de Octubre de 2017

El Viejo Zorro y el Pulpín

Escribe: Patricia Salinas O. | Dos días antes de Día del periodista, Beto Ortiz invitó a su programa a Mijael Garrido Lecca y, simplemente, lo hizo leña.

Beto Ortiz se lanzó a una nueva aventura: hacer teatro con una obra sobre su vida, nada menos que en el Teatro Municipal. Según ha adelantado, contará las cosas que no puede contar en televisión, sobre lo que hay detrás de ese personaje que aparece ante las cámaras. “Quiero que al final la gente se dé cuenta de que soy un ser humano”, ha dicho.

Gabriel García Márquez decía que escribía para que lo quieran más. En una entrevista que le hice a Ortiz en A mi manera, le pregunté si el deseo detrás de este nuevo proyecto era el mismo que el del escritor. Me respondió con un rotundo ‘no’ y, después de ver la ferocidad con la que trató a Mijael Garrido Lecca, a quien tuvo como invitado en su programa Beto a saber el viernes pasado, entendí que decía la verdad. Le importa un pepino que lo quieran. Es más, no le importa que lo odien, si eso significa no desaprovechar la oportunidad de destrozar a alguien ‘en vivo y en directo’, como lo hizo con el ex conductor de la edición matinal de 90 Segundos.

Claro, esta vez su víctima era perfecta, porque Mijael Garrido Lecca es de esos chiquiviejos que muy poca gente soporta, ese palomilla de ventana que cree que se las sabe todas y que no entiende que llegó a estar sentado conduciendo un noticiero porque sus preguntas rebuscadas y absurdas como panelista de Sin medias tintas, lo convirtieron en “mediático”, pero no porque lograra “pepas” o algo parecido, sino porque generaba “troleos” en las redes sociales.

No sé cuál fue el pretexto que usó Beto para invitarlo a su programa, pero a dos días de celebrarse el día del periodista, podría apostar que Mijael juraba que iba a ser una suerte de homenaje a su ¿trayectoria? o que, por lo menos, lo pondría como un símbolo de la libertad de prensa, por haberse ido de Latina con gran berrinche. En lugar de eso, Beto no solo le enrostró su poca experiencia en el mundo del periodismo, sino que también lo puso entre la espada y la pared por sus continuos deslindes con su padre, el exministro aprista Hernán Garrido Lecca.

“Has dicho ‘cada vez soy menos hijo de mi padre’ ¿cómo es eso? ¿Cómo haces para querer una sola parte de tu padre? ¿Lo quieres o no lo quieres? ¿No estás convencido de que tu papá es inocente?”, lo apabullaba y más adelante incluso le dijo de frente ¿o tú sospechas de que tu papá podría ser un ‘choro’? porque si yo estoy seguro de mi padre, lo defiendo, y si pierdo objetividad, al carajo con la objetividad porque es MI padre”.

Mijael trató de mantener la calma. Es más, trató de usar sus famosas palabras rebuscadas para sentirse un poco menos vulnerable, como cuando se refirió a la famosa pregunta que le hizo a Verónika Mendoza, calificándola como una suposición “ucrónica”… Beto aprovechaba cada detalle: “¿ucrónica? …desásnanos, ¿qué es ucrónica? ¿Por qué hablas en difícil? Es televisión; llegamos a todo el Perú”, lo “escueleó”.

En fin, lo hizo añicos: lo acusó de arrogante, logró que confesara que contabilizaba el tiempo que Magaly hablaba en pantalla versus el que él lo hacía, se rió de sus destapes, se burló de que dijera que sigue haciendo lo mismo que la televisión, pero en Altavoz (su portal web) e incluso puso en duda que pueda viajar a Siria como “enviado” con el dinero de los auspicios de ese medio (“a nosotros no nos alcanza ni para ir a Madre mía”, comentó).

Sí pues, Garrido Lecca, que con sus 28 añitos se alucina el niño terrible de la prensa peruana, probablemente se había ganado a pulso todo lo que Beto le dijo ese día, pero la pregunta es ¿por qué? ¿Para qué ridiculizarlo a nivel nacional? ¿Por el placer de darle una sobredosis de “ubicaína” en vivo? ¿Para ofrecer una nueva víctima a sus televidentes? ¿Para demostrar que sigue siendo feroz? Además, le dedicó su columna del domingo en Perú21 a la que tituló “Manual de autodestrucción” ¿Tantas balas contra un inofensivo pulpín? Humm, no sé, yo no creo en casualidades. 

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