Edición 2505: Jueves, 14 de Septiembre de 2017

Sin Rumbo

Escribe: Patricia Salinas O: | La vergonzosa cobertura de la excarcelación de Maritza Garrido Lecca demostró que el nivel de la prensa peruana está peor que nunca.

Después de ver este lunes la cobertura de la salida de Maritza Garrido Lecca del penal de Ancón, en la que decenas de reporteros pugnaban por llegar a ella entre empujones y codazos, creo que la prensa peruana ha tocado fondo. No sé si los ¿profesionales? que estaban allí habían ido con el encargo de sus jefes de montar un show, como, de hecho lo hicieron, pero me queda claro que ni siquiera sabían qué buscar.  ¿Se arrepiente de lo que ha hecho? ¿Le pide perdón al país?, le preguntaban, a gritos, una y otra vez, mientras ella trataba de llegar al automóvil en el que la habían ido a recoger, en medio de un desorden, que, creo yo, se pudo evitar.

Y mientras ese grupo de gallinazos en Ancón, se lanzaba sobre la mujer que acababa de salir de la cárcel después de 25 años, en los sets de televisión estaban los conductores pontificando, repitiendo la palabra terrorista una y otra vez, sin saber que ella no fue sentenciada por terrorismo, sino por encubrimiento, lo cual podría ser pasible de una denuncia por difamación, por si acaso. Pero nada, cero investigación, cero profesionalismo, cero responsabilidad. Había que sacarle el jugo a ese momento, sea como sea, así que mientras más sensacionalismo, mejor.

Lo que vino después fue simplemente patético: las unidades móviles de todos los medios realizando una persecución absurda en caravana. Tenían todo preparado en la casa de la madre de Garrido Lecca en Miraflores, porque pensaban que  hasta allí se dirigiría, y ya habían reclutado varios vecinos que aseguraban que no permitirían que la exconvicta vaya a alterar la calma de este distrito: “¿Por qué no se va a una barriada, por qué no se va a San Juan de Lurigancho en lugar de venir a molestarnos a nosotros?”, declaraba una “civilizada” dama miraflorina, mientras los reporteros asentían sin decir nada.
Igual se quedaron con los crespos hechos con su show de Miraflores. El auto que recogió a Garrido

Lecca tomó la Panamericana Norte con rumbo desconocido y la persecución no se detuvo. ¿Qué buscaban? ¿Qué querían informar a los televidentes? ¡Nada! Lo único que querían era rating, como en la época de Montesinos, cuando pagaba cerros de billetes a los dueños de los canales para que mantengan estupidizados a los peruanos con cortinas de humo. Esa es la herencia que nos dejó el Fuji-montesinismo: descubrieron lo fácil que era hacer rating, exacerbando el morbo en cualquier circunstancia, con cualquier noticia y ya no necesitan que nadie les pague por hacerlo, se ha convertido en una suerte de adicción.

Se quedaron con el rol que el ‘doc’ inventó para los medios de comunicación y se olvidaron de su verdadera responsabilidad. Es una prensa sin rumbo, como las unidades móviles que seguían el carro de MGL sin saber a dónde, sin saber por qué, sin saber para qué. ¿Quisieron crear un cuco al que todos teníamos que temer? Pues créanme que no lo lograron. Lo que se vio fue una horda de salvajes ensañándose con el enemigo derrotado, al que, sI hubieran podido, le  darían el tiro de gracia en la nuca, sin el menor remordimiento.

¿Se arrepienten de lo que han hecho, coleguitas? ¿Le piden perdón al Perú? Porque deberían hacerlo. El circo que han armado no ayuda a la reconciliación ni a la memoria, no sirve para cerrar heridas ni para sanar, no aporta en nada para hacer de la nuestra, una sociedad mejor. El circo que han armado es más peligroso de lo que imaginan, porque cuando se le echa sal a una herida, cuando se destila tanto odio y se intenta sembrar miedos solo para tener titulares, cuando se busca la histeria colectiva solo para tener una noticia, cuando se quiere instalar el terror donde no hay nada, ustedes se convierten en lo que tratan de combatir. Ustedes son los terroristas.    

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