Edición 2484: Jueves, 20 de Abril de 2017

Espejo Negro

Hasta qué punto las pantallas, no solo de los televisores, pueden transformar a una sociedad.

Vivimos atrapados por pantallas, que por lo general, son espejos negros que reflejan lo más oscuro que hay dentro de las personas: ya no son solo las pantallas de televisión, sino las de las computadoras, tablets y  celulares que cada minuto nos entregan fotos, videos, opiniones a través de las redes sociales. Es como en un gran reality en el que todos, tarde o temprano participamos de alguna manera.

Antes se decía que si algo no había salido en televisión, no había pasado. Ahora  hay una fusión enfermiza entre los medios de comunicación y las redes sociales que se retroalimentan: de repente de la nada aparece el video de una violación, a vista y paciencia de mucha gente en una discoteca en Santa Anita o Ate (ni eso está claro) que sucedió hace un año o más, y recién entonces se convierte en noticia, recién  las autoridades toman acciones, recién clausuran la discoteca y capturan al  violador ¿y si no hubiera aparecido el video? ¿nadie hacía nada? ¿Como si no hubiera pasado? ¿Tenemos  que andar grabando todo, para que exista, para que haya una reacción o para que se haga justicia?

Patricia del Río comentaba en su columna el otro día que nos hemos acostumbrado a vivir como eternos vouyeristas que espían a la vecina, que a su vez se desviste frente a su ventana porque le gusta que la miren. “Somos una compleja combinación de exhibicionistas y stalkers; y en este nuevo mundo los hechos solo cobran relevancia si alguien los grabó. Solo impresionan si nos llegan en imágenes capturadas por el celular de algún mirón”.

Y es verdad, pero no es un fenómeno solo de nuestro país. Ocurre en todo el mundo. Sino, miren el video del pasajero maltratado y golpeado en el avión de United Airlines, mientras los demás grababan lo que le estaban haciendo, sin que nadie se atreviera a pararse e intervenir…no pues, hay que pensar en uno mismo ¿y si yo también pierdo el vuelo?

Nos hemos vuelto insensibles a la realidad porque estamos perdiendo contacto con ella. Estamos más pendientes de los likes que conseguimos en nuestras redes sociales, a veces incluso, participando de linchamientos colectivos.

Varios episodios de “Black Mirror” (justamente “Espejo negro”), la extraordinaria serie inglesa de Netflix, aborda varias aristas de este tema. Los límites (o la falta de ellos) en todo lo que tiene que ver con una pantalla y nuestra forma de actuar frente a ella. Sin querer ser spoiler, voy a mencionar solo el primer capítulo de la primera temporada titulado “El himno nacional”, un thriller político en el que el primer ministro Michael Callow se enfrenta a un gran dilema cuando la princesa Susannah es secuestrada y el pedido para ponerla en libertad, es que él tenga relaciones sexuales con un cerdo en la televisión nacional, en vivo y en directo.  Pronto se convierte en “la” noticia, por lo que Callow se ve obligado a realizar el acto indecente, para salvar a la princesa,  frente a una audiencia global en directo. Mientras eso sucede, ella es devuelta ilesa antes de la hora límite, lo cual pasa desapercibido ya que todo el mundo, que además se escandaliza de que los canales pasen algo tan aberrante, está  “enganchado” a la emisión, siendo cómplices de esa humillación.

A ver pues, si algo así pasara en nuestro país ¿creen que los televidentes  dejarían, por solidaridad, por compasión, por decencia, de ver algo semejante? ¿cuántos de ustedes, por ejemplo,  decidieron no ver las imágenes de la violación de la chica en la discoteca “Fuego” cuando tuvieron la opción de no hacerlo?

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