Edición 2473: Jueves, 2 de Febrero de 2017

Cuando los Actores Ponen el Dedo en la Llaga

Escribe: Patricia Salinas O: | La ceremonia de los premios del sindicato de actores de los Estados Unidos parecía un evento de protesta contra Trump.

Muchas veces se subestima la opinión de los actores e incluso hay quienes, cuando alguno se involucra con alguna causa o postula a algún cargo público, lo critica, como si el hecho de ser actor le quitara a la persona sus derechos de ciudadano.

Hace poco, cuando Salvador del Solar fue designado como ministro de cultura, los que no estaban de acuerdo decían cosas como “qué puede saber un actor” , mientras que los que celebraban su nombramiento lo “justificaban” diciendo que además de actor, era abogado, con maestrías aquí y allá, profesor de la Universidad Católica, etc., como si ser actor no fuera suficiente.

Pero por supuesto que lo es, porque los actores, además de representar a una serie de personajes y emociones, tienen una sensibilidad especial con lo que sucede a nuestro alrededor y porque, además, cada cosa que digan, tiene triple repercusión, mucho más que si lo dijera cualquier persona.

Y eso quedó demostrado el domingo pasado en los Screen Actors Guild Awards (SAG), que es el premio otorgado a sus pares por el sindicato de actores de Estados Unidos y en el que todos los discursos  se volcaron en contra de la política migratoria del presidente Donald Trump con tal fuerza que remeció más que cualquiera de las grandes marchas que se realizan, ahora con tanta frecuencia, en el país del norte.

Siempre se inicia la ceremonia con algunos de los rostros más conocidos diciendo su nombre y agregando “… y soy actor (o actriz)”, pero esta vez se agregó al “guión”, una frase más: “somos actores y hablamos sobre política”. Luego Ashton Kutcher abrió la gala diciendo: “Buenas noches, miembros del SAG y todos en casa y a todos en los aeropuertos, quienes pertenecen a mi Estados Unidos –golpeando con vehemencia su pecho mientras estallaba un gran aplauso de sus compañeros–. Ustedes son parte del tejido de lo que somos, los amamos y les damos la bienvenida”.

Después de él, un actor tras otro emitió comentarios sobre la actual crisis política estadounidense y, por supuesto, cada discurso, cada opinión se convertía en tendencia en las redes, porque esa es la ventaja que tienen los actores: su fama, su arrastre, su popularidad, la forma en la que sus seguidores toman en cuenta su forma de pensar y de actuar. Es más, Trump se toma el trabajo de responder a través del twitter  con alguna de sus pachotadas cada vez que un “famoso” lo critica, pero esta vez eran tantos las referencias hacia él que se tuvo que quedar callado.

Ya en la alfombra roja, actores de diversas etnias como Riz Ahmed, de Rogue One, y Dev Patel, de Lion se habían pronunciado sobre los absurdos decretos de Trump de bloquear por 120 días la entrada de refugiados a los Estados Unidos y por 90 a ciudadanos de siete países musulmanes (medida que, dicho sea de paso, hará imposible la presencia en la ceremonia de los premios Oscar del director iraní Asghar Farhadi, nominado por The Salesman), pero la ceremonia en sí fue realmente un evento político. No podía ser de otra manera.

Y si en Estados Unidos el pueblo tiene en sus estrellas una voz que habla por ellos, ¿por qué acá no? ¿Por qué cuando Mónica Sánchez o Jason Day se comprometen y salen a la calle por una causa, siempre hay una sospecha? ¿Por qué esas burlas en las redes sociales diciendo ¿y ahora dónde está Charito? ¿Por qué no sale a marchar por tal o cual cosa? Ellos, los actores, como cualquier ciudadano, han salido y saldrán cuando les dé la gana, cuando sientan que deben hacerlo y no por complacer al “público”. 

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