Desarrollo (2006), políptico de Diego Massi. Acrílico sobre lienzo, 204 x 306 cm.
Desarrollo (2006), políptico de Diego Massi. Acrílico sobre lienzo, 204 x 306 cm.
Edición 2598: Jueves, 11 de Julio de 2019

Debacle

Escribe: Luis E. Lama| “El Mincul apoya destruir Chinchero. Por otro lado, la cabeza del MAC debe ser decapitada”.

Desarrollo (2006), políptico de Diego Massi. Acrílico sobre lienzo, 204 x 306 cm.
Desarrollo (2006), políptico de Diego Massi. Acrílico sobre lienzo, 204 x 306 cm.

De las cuatro décadas que llevo escribiendo críticas de arte en el Perú nunca antes había visto una pauperización tan aplastante en el ámbito cultural. Solo el MALI y el Museo de Arte Italiano escapan a esta situación. El MAC y el MATE son prácticamente inexistentes. La nueva cabeza del MAC debería ser decapitada por no haberse dado cuenta que Lima no es Bogotá y lo poquísimo hecho hasta ahora es inexcusable para un país urgido de un activo movimiento.

Por su parte, el Ministerio de Cultura está más dedicado a apoyar la destrucción de Chinchero. Su último  desatino fue dar la sala Kuelap a un pintor como Ceccarelli, que está lejos de merecerla. La Cancillería de vez en cuando tiene algún acierto, mientras el Centro de la Universidad Ricardo Palma se muestra cada vez más abúlico.

En cuanto a las municipalidades vemos que Jorge Muñoz está siguiendo los pasos de Castañeda en términos de gestión cultural. Mientras en Miraflores, Luis Molina, que tiene buenos gestores, deben contar con un presupuesto evidentemente limitado.

Su promesa de iniciar en abril la reconstrucción del mural de Ricardo Wiesse en la Vía Expresa no se ha cumplido, principalmente por las transferencias de fondos que debería de haber hecho Lima. De otro lado, la Miró Quesada ha prolongado las muestras a dos meses de duración, lo que es un periodo excesivamente largo para un espacio ubicado en el centro mismo de la antigua movida.

Patricia Camet presenta la exposición Huacamets en la Galería del Paseo.
Patricia Camet presenta la exposición Huacamets en la Galería del Paseo.
En las dos últimas décadas del pasado siglo, a falta de actividades públicas, eran las galerías privadas las que asumían una magnífica labor de promoción cultural, alternando muestras que les permitían mantenerse con otras que les otorgaban prestigio. Esos bríos fueron truncados por una crisis de casi una década que ha obligado a las galerías a luchar por su supervivencia. En algunos casos con dignidad y en otros cometiendo errores, como –siento mucho decirlo– Forum, que con su muestra  de polos hecha con el pretexto del Bicentenario se ha convertido en una versión high-cult de Gamarra.

Sin embargo considero que la caída en picada de Enlace es aún más deplorable. Es imposible comprender la invitación al uruguayo Diego Masi, cultor de un decadente arte óptico que haría revolcar en su tumba a Le Parc y a otros tantos. Lo de Mesi es Kitsch sin atenuantes y la decisión de exponerlo en Lima por lo menos demuestra que hay artistas insuperables en este campo, digamos Eugenio Raborg, a quienes no se les brinda una oportunidad similar. ¿Estaba obligada Enlace a enriquecer nuestro mal gusto?

Estructura metálica del valenciano Robert Ferrer i Martorell (1978) en la Galería Impakto. La mejor exposición de Lima.
Estructura metálica del valenciano Robert Ferrer i Martorell (1978) en la Galería Impakto. La mejor exposición de Lima.

En cambio, en la Galería del Paseo, Pati Camet presenta una serie de esculturas en cerámica, donde el humor, el candor y la ironía la llevan hasta el “camp”, porque este neodadaísmo hecho con objetos encontrados y luego ensamblados y reelaborados tiene diversos antecedentes históricos, digamos el primer Jasper Johns. La sala se convierte en una íntima juguetería, donde manipular cada pieza es encontrar similitudes con una serie de especies que la imaginación del espectador va creando. Lo mejor es que ella no oculta los orígenes de cada una de las partes. Contenedores de huevos y otros objetos descartables se reúnen para crear un zoológico delirante que se aleja de las convenciones de lo que en el Perú se considera arte serio. Ése es su mayor logro.

En este momento Impakto tiene la mejor exposición de Lima. Se trata de Robert Ferrer i Martorell  un valenciano (1978) cuya obra ya viéramos y que recientemente expuso una destacada individual en la sala pequeña del ICPNA de Miraflores donde hacía un inteligente aprovechamiento del espacio, la luz y el sonido, al enfrentar dos estructuras metálicas y, entre ellas,  una serie de ¿dardos? flotantes que las unía. Trasladado a Impakto, la atmósfera anterior se diluye debido a sus proporciones y a la estridente  iluminación. Es una muestra radicalmente distinta a las que acompañan otras piezas notables, en la que Ferrer i Martorell reitera  su dialéctica del metal doblado, el enfrentamiento de colores, la construcción de un sólido muro que luce moverse y, en las piezas de menores dimensiones, el cinetismo tridimensional, con hilos que van creando una compleja trama y donde todo aparenta moverse con el ritmo de nuestro cuerpo. Hoy añade el atractivo de otros colores como el rojo. Y hay una pieza de pequeño formato que es una obra maestra. Es aquella semioculta hecha en pliegues de acero sin color alguno y que nos remite a lo más esencial de todo el trabajo presentado. Es lo único que amerita verse en galerías.