Historia y Cultura (a H.B.V.), del pintor Miguel Aguirre. Óleo sobre lienzo, 2019.
Historia y Cultura (a H.B.V.), del pintor Miguel Aguirre. Óleo sobre lienzo, 2019.
Edición 2591: Jueves, 23 de Mayo de 2019

Un Acelerado Homenaje

Escribe: Luis E. Lama | Cuadros impresentables: el kitsch de Ceccarelli y el Manet de Carranza. Un insulto.

Historia y Cultura (a H.B.V.), del pintor Miguel Aguirre. Óleo sobre lienzo, 2019.
Historia y Cultura (a H.B.V.), del pintor Miguel Aguirre. Óleo sobre lienzo, 2019.

La muestra del Centro Cultural de la Universidad Católica, curada por Jaime Higa y Rafael Llimós, dedicada a la memoria de Herman Braun-Vega resulta prematura a solo un mes de fallecido el artista. No se trata de que sea inmerecida, pero ninguna actividad de esta naturaleza, que demanda un mínimo de coherencia, puede hacerse en un tiempo tan breve.

Esto ha obligado a exhibir obras que no han sido preparadas especialmente para la muestra y que ya han sido vistas antes de manera reiterada. Por ejemplo, el Klimt de Claudia Coca, que siendo un buen cuadro solo podría considerarse una aproximación a un cierto espíritu del homenajeado.

Es inevitable preguntarse por las razones de este inútil apresuramiento que ha llevado a muchos artistas a presentar piezas que no siempre se han adaptado a la idea de los curadores. Sin embargo, prescindiendo de su objetivo, la muestra tiene grandes méritos. Entre ellos la reivindicación de la pintura. Con excepción de dos piezas antiguas de Raborg, el resto son cuadros donde se revaloriza la acción de pintar. Y como toda colectiva con 33 participantes hay cuadros notables y otros impresentables como el kitsch de Ceccarelli. Algo similar ocurre con José Luis Carranza y su interpretación de Manet. Un insulto.

La realidad es así (en proceso), óleo sobre lienzo del artista Enrique Polanco, año 2019.
La realidad es así (en proceso), óleo sobre lienzo del artista Enrique Polanco, año 2019.
La muestra acierta con cuadros brillantes como el de Miguel Aguirre y la mayor referencia a Braun-Vega a cargo de Bill Caro. Sin embargo, hay otras obras sobresalientes que nada tienen que ver con el homenaje. Esto ocurre con André Argüelles con unas referencias al Bosco en medio de una caligrafía de pinceladas sueltas que constituye lo más sobresaliente de las obras más independientes de la exposición. Y, confieso mi culpa, el desnudo de Gustavo González con el recuerdo de Les Demoiselles d›Avignon, no deja de perturbarme.

Salvo excepciones y las objeciones acotadas, los cuadros elegidos son buenos, como el tributo que le hace Agustín Rojas a Braun. El conjunto tiene además un gran mérito. La mayoría de los participantes son jóvenes y poco conocidos, no son parte de collera alguna y difícilmente serían parte de la argolla del MALI… salvo excepciones. Uno de sus logros principales ha sido reunir a maestros como Polanco con jóvenes como Paolo Vigo, y entre ellos esa generación en la cual Higa está incluido con una apropiación del Cristo de Mantegna.

Retrato de Herman Braun-Vega. El pintor peruano francés se fue el 2 de abril del 2019.
Retrato de Herman Braun-Vega. El pintor peruano francés se fue el 2 de abril del 2019.

Lamentablemente, resulta un exceso la abundancia de cuadros “posterizados”, un proceso digital que fragmenta la imagen como un rompecabezas en la cual se puede pintar cada pedazo en planos de color, como Warhol fácilmente hacía. El recurso se ha vuelto un  cliché y los artistas deberían meditar sobre su uso y evitarlo, si es que tienen la capacidad para hacerlo. Luce una línea de escape para evadir fácilmente sus carencias.

Sorprende que la mayoría aparente no conocer bien la obra ni las intenciones de Braun-Vega. Si fue un artista del mestizaje se debió a los tiempos posmodernos, a la apropiación y a la incorporación en una sola superficie de distintos momentos y lugares de la historia. Fue un neoclásico en el mejor sentido posmoderno y a pesar de sus limitaciones pictóricas su imagen era tan poderosa que hacía pasar a segundo plano cualquier carencia que pudiera reprochársele.

Hace un par de años me escribió antes de venir a Lima y reanudamos una amistad interrumpida en los ochenta por razones de índole ideológica. El origen era un cuadro exhibido en Camino Brent que costaba un ojo de la cara y mostraba a ocho sinchis violando a una mujer andina. Esa no era la obra para lucrar en un templo de la burguesía en esos días.

Antes de morir me envió una carpeta con sus últimos trabajos en los cuales repetía su retórica de enfrentar pasado y presente, Europa y América Latina. Pero ahora recurría a artistas que se encuentran en mi olimpo particular. Enfrentaba a Cezanne con Matisse y le añadía a Guamán Poma de Ayala en un encuentro cercano al delirio, pero que no aportaba más que aquellas obras hechas medio siglo atrás.

En realidad Braun-Vega es un pintor más francés que peruano. Su nacimiento lo vincula a nosotros y en su obra se esfuerza por incorporar al Perú. Pero creo que en materia de arte no hay cabida para chauvinismos de ningún tipo y menos en estos tiempos donde el arte es más global que nunca. Lo que en realidad merecía era una gran retrospectiva que incorporase aquellas obras producidas durante los largos años en los que estuvo ausente. Él fue merecedor de todos los homenajes que se le han brindado en el Perú y en el mundo.