Bruno Zeppilli: el gran ausente. Otras ausencias notables son artistas abstractos como Milner Cajahuaringa y Miguel Nieri.
Bruno Zeppilli: el gran ausente. Otras ausencias notables son artistas abstractos como Milner Cajahuaringa y Miguel Nieri.
Edición 2559: Jueves, 4 de Octubre de 2018

Bellas Artes: Un Siglo de Imágenes (1918-2018)

Escribe: Luis E. Lama | “Esta muestra tiene tantas obras importantes que el recorrido se vuelve deslumbrante”.

Bruno Zeppilli: el gran ausente. Otras ausencias notables son artistas abstractos como Milner Cajahuaringa y Miguel Nieri.
Bruno Zeppilli: el gran ausente. Otras ausencias notables son artistas abstractos como Milner Cajahuaringa y Miguel Nieri.

Esta es la muestra indispensable que se presenta en el ICPNA de Miraflores curada por Max Hernández y Augusto del Valle. Paralelamente en ICPNA Lima se exhibe Bellas Artes: Voz y huella de los egresados (1918-2018) que permite una mirada más completa a los 100 años de una escuela que forma parte de la historia del siglo XX por haber egresado de allí buena parte de los artistas más destacados del país.

Resumir un siglo de trabajo en dos exposiciones es una tarea prácticamente imposible. Y aún el caso de las actuales muestras es una tarea endiablada determinar a quién incluir y particularmente a quién omitir. Y esta es la parte más debatible de las propuestas curatoriales. Hay omisiones gruesas e inclusiones fuera de lugar. Sin duda lo más grave es haber dejado fuera a Bruno Zeppilli uno de nuestros mayores artistas que estudió bajo la tutela de Tilsa durante 4 años y es uno de los pocos que ha adquirido la licenciatura de la ENBA. De Leoncio Villanueva se podría decir otro tanto. Grandes artistas abstractos como Milner Cajahuaringa y Miguel Nieri han sido dejados de lado.

Salvando algunas decisiones erradas en cuanto a la selección de obras debatibles, como el esperpéntico envoltorio de Esther Vainstein, o poco representativas –Núñez Ureta, Ugarte Eléspuru, et al.– la muestra es deslumbrante. Sucede que en el ICPNA se presentan muchos cuadros que he visto infinidad de veces en el Museo del Banco Central de Reserva, en el Museo de Arte Contemporáneo de San Marcos y en el MALI, pero colocados en otro contexto, con una museografía inteligente, adquieren otras connotaciones ante nuestra percepción. Puede ser que el formidable cuadro de Julia Codesido de la colección de San Marcos sea el mejor ejemplo de ello. El cuadro de Polanco recién hecho mientras salía de la ENBA resulta una pieza histórica. Cabe destacar también al notable cuadro cubista de Aníbal Santiváñez de 1952, que es otra de las grandes obras incluidas.

Se trata de una exposición endiabladamente difícil por su multiplicidad de variantes que los curadores han tratado de solucionar estableciendo tres ejes que, al mismo tiempo que les permite establecer un ordenamiento coherente, por otro lado encasilla a algunos artistas de manera innecesaria. Del paisaje al territorio, De la naturaleza muerta al documento de la cotidianidad, Del retrato al testimonio corporal. Olvidaron que en la Escuela se gestó el principal movimiento sobre el arte abstracto en el Perú. 

Notable obra de los inicios de Carlos Enrique Polanco. Uno de los rescates de la expo. Derecha, xilografía de Luis Torres Villar (2008).
Notable obra de los inicios de Carlos Enrique Polanco. Uno de los rescates de la expo. Derecha, xilografía de Luis Torres Villar (2008).

Esta muestra tiene tantas obras importantes que el recorrido se vuelve deslumbrante. Por eso, al margen de deficiencias, este es un ejercicio de nostalgia reunido en un solo espacio que es demasiado reducido para su contenido. Es además una confirmación de que la Escuela de Bellas Artes fue nuestra más sólida institución artística por lo menos hasta los años de Ugarte Eléspuru. Cuando Martha Hildebrandt lo echa se inicia el deterioro de la Escuela por los conflictos que enfrentaron los sucesivos directores, quienes no siempre estuvieron a la altura del cargo.

Es por eso que si se traza una línea de tiempo –una carencia lamentable- se podrían ver los resultados de cada etapa histórica y la conducción de cada director. Con esto no se puede aseverar que después de Ugarte Eléspuru no egresaran artistas destacados, pues el rigor de la enseñanza del dibujo y la pintura se mantuvo, pero la parte conceptual quedó relegada un buen tiempo y los artistas destacados que egresaron como Anselmo Carrera, Claudia Coca, Christian Quijada y, particularmente, Miguel Cordero no sólo fueron producto de la formación académica sino también de indagaciones personales que llenaron vacíos no cubiertos.

La actual situación de la Escuela puede apreciarse en la misma exposición. Los únicos egresados que tienen la solidez como para estar incluidos son Luis Torres Villar y José Vera Matos, los demás millennials todavía se encuentran en un proceso de búsqueda que, sin la menor duda, habrá de dar resultados fructíferos.

Los festejos de los 100 años de Bellas Artes son sin duda merecidos. Una vez culminadas estas actividades queda pendiente la gran tarea. Cómo reformular toda la Escuela para que esté a la altura de lo que el Perú requiere ahora de sus artistas.

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