Buena muerte (2018), obra de José Cortez. acrílico sobre lienzo.
Buena muerte (2018), obra de José Cortez. acrílico sobre lienzo.
Edición 2556: Jueves, 13 de Septiembre de 2018

¿El Tiempo Existe?

Escribe: Luis E. Lama | “El caso de José Cortez es distinto de la frivolidad que ha distorsionado el mercado”.

Buena muerte (2018), obra de José Cortez. acrílico sobre lienzo.
Buena muerte (2018), obra de José Cortez. acrílico sobre lienzo.

Muchos sostienen que es sólo una invención del hombre. Pudiera serlo. Pero es en materia de arte donde mejor se comprueba su existencia.

Para quienes nos formamos con las vanguardias de los años 60, siempre se nos inculcó la máxima de que el arte debe ser contemporáneo o no es arte. Sin embargo después vino la posmodernidad y proscribió conceptos como los de vanguardia y lo “nuevo” se dedicó a hurgar en el pasado. Casi 40 años después todo ha cambiado. El arte actual resulta una confusa interacción entre pasado y presente, entre apropiación y creación, en momentos que se dice que ya todo ha sido hecho.

No es cierto. Siempre dentro de cada persona habrá un pensamiento, una forma que la distingue de las demás, unos demonios que van cambiando de configuración mientras el mundo se transforma alrededor suyo.

Cuestionamos la noción de tiempo por las exposiciones que tiene galería Enlace. Todas las piezas podrían haber sido hechas en los años 50 a pesar de algunos asomos a la contemporaneidad.  ¿Pero esto invalida la obra de un formidable pintor como José Cortez? Considero que su pintura es altamente tan estimulante y su apasionamiento es una ruptura radical con esa pintura geométrica plana que se inicia en la segunda década del pasado siglo y que se renueva en los años 60 para regresar de nuevo a la moda en estos años banales. Porque en eso se ha convertido buena parte de nuestra producción artística más hueca. Con las excepciones de lugar, por supuesto.

Pero ese minimalismo que han impuesto las decoradas a la alta burguesía limeña es una infamia a la que muchos artistas se han sumado por razones mercuriales que nada tienen que ver con el arte. Y como suele ocurrir con la decoración, después de unos 5 años todo se tirará al tacho de basura y será reemplazado por la próxima invención que las señoras hayan visto en alguna feria o galería internacional.

El caso de José Cortez es radicalmente distinto de la frivolidad imperante que ha terminado por distorsionar el mercado. La suya es una obra sin tiempo. Se podría relacionar con las teorías de Clement Greenberg antes de derivar su predilección hacia el color field painting, y hay, indudablemente, una impronta que lo acerca a grandes maestros del action painting, mencionemos por ejemplo a Robert Motherwell, salvando las distancias de lugar.

Cortez desde sus inicios fue un destacado pintor, con una elaboración casi performática de sus cuadros. Por eso resulta emblemática su muestra en 1992, en la Sala Miró Quesada, donde pintara durante una semana, en presencia del público, un enorme mural que ocupaba toda la enorme pared de la sala del fondo. El resultado fue un magnífico ejemplo de esa pintura heroica propia de la Escuela de Nueva York.

De la serie Erosión XII. Abajo: de la serie Erosión X. Ambos hechos en aluminio anodizado y policromado.
De la serie Erosión XII. Abajo: de la serie Erosión X. Ambos hechos en aluminio anodizado y policromado.

Ignoro las razones de sus prolongados silencios, pero esta obra merece tener una presencia constante en nuestro medio. Son muy pocos los artistas que he visto en el Perú con la habilidad para dominar el gesto, de trabajar con el color alternando cuadros en tonos pasteles o negros violentos, hasta llegar a una obra maestra que no está en la sala sino en la oficina de recepción. Una obra de formato heroico donde los blancos son interrumpidos por el no color.

José Cortez merece una mayor continuidad en el medio.

LUIS SIFUENTES

Como ocurre con Cortez, sus planteamientos no aportan algo que no haya sido hecho en los pasados 50. Pero a diferencia del pintor su obra se empeña en buscar nuevos lenguajes con resultados variables.

Pudiera ser que la reiteración de planteamientos, el uso del metal, las pátinas de color, o las erosiones de un solo lado de las piezas atenten contra sus planteamientos. En cambio, más acertados resultan las piezas en las cuales el tejido central permite atravesar la mirada a la otra parte de ese espejo virtual para que la mirada pueda atravesar la solidez toda del aluminio, donde obtiene sus mayores logros.
Por eso son ejemplares los círculos que cuelgan y las obras que siguen la misma retórica y que están sobre pedestal. El uso del color en esta muestra no siempre logra los resultados afortunados, sintiéndose más bien como una ornamentación prescindible. Sin embargo hay que reconocer los méritos de un esforzado escultor que asume riesgos y que ha recorrido un largo camino hasta alcanzar una meta cuyo futuro se avizora de interés.

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