Cabeza, pájaro (Tête, oiseau), pintura de 1977. Obra sobre papel Derecha: Cabeza y pájaro  (Tête et oiseau). Escultura en bronce  de 1981. Fundición a la cera perdida y patinado.
Cabeza, pájaro (Tête, oiseau), pintura de 1977. Obra sobre papel Derecha: Cabeza y pájaro (Tête et oiseau). Escultura en bronce de 1981. Fundición a la cera perdida y patinado.
Edición 2535: Jueves, 19 de Abril de 2018

Epifanía

Por: Luis E. Lama |“El único escape a la polución que, arropada bajo el manto de la cultura, está anegando Lima y Callao”.

Cabeza, pájaro (Tête, oiseau), pintura de 1977. Obra sobre papel Derecha: Cabeza y pájaro  (Tête et oiseau). Escultura en bronce  de 1981. Fundición a la cera perdida y patinado.
Cabeza, pájaro (Tête, oiseau), pintura de 1977. Obra sobre papel Derecha: Cabeza y pájaro (Tête et oiseau). Escultura en bronce de 1981. Fundición a la cera perdida y patinado.

En medio de la vulgaridad de las publicitadas ferias de ‘arte’, cuyos propósitos comerciales no exceden  a nuestros polvos –azules, rosados, morados, etc.– solo que con mayores pretensiones porque se arropan bajo el disfraz de la ‘cultura’, tenemos una tabla de salvación en el MALI.

Se trata de la formidable muestra de Miró pertenecientes a la colección Museo Reina Sofía, uno de los más importantes del mundo, que en la actualidad ha visto duplicada su área gracias a una impresionante ampliación a cargo de Jean Nouvel.

El hecho de que una muestra tan importante y –hay que decirlo– tan cara pueda llegar a Lima es de agradecer porque permite tener acceso a uno de los más grandes artistas del siglo XX, además de ponernos a la altura de las grandes capitales donde este tipo de exposiciones se exhiben. Hay que reconocer los esfuerzos del MALI por permitirnos la inserción con el resto del mundo.

Miró es uno de los artistas fundamentales del siglo XX y uno de los que han tenido mayor acogida con resultados que se pueden ver en objetos utilitarios, logos, emblemas, y toda suerte de diseño para el consumo público. Y esta aceptación no es poco mérito para un artista que siempre se ha mantenido coherente, sin ninguna concesión y más bien con indagaciones que pudieran alejarlo de la aceptación masiva.

Muchos suelen encasillar a Miró como surrealista, pero en realidad él transitó por diversas vanguardias del siglo XX. Su relación con Breton y el grupo que presidía se quiebra a finales de los años 20 por sus discrepancias con el comunismo, la conflictiva relación con Trotsky –finalmente asesinado en México– inició la diáspora surrealista hacia otras búsquedas. A Miró se sumaron Bataille, Masson y nuestro César Moro, rechazado por su homosexualidad por Breton, optó por regresar a Lima.

Digamos como Georges Raillard: “Entre Marx que abogaba por «transformar el mundo» por medio de la política o el «cambiar la vida» de Rimbaud por medio de la poesía, Miró escogió lo segundo”. ​

Joan Miró (1893-1983). Derecha: Mujer, pájaro, estrella. Homenaje a Picasso (1966-1973).
Joan Miró (1893-1983). Derecha: Mujer, pájaro, estrella. Homenaje a Picasso (1966-1973).

Libre de cualquier compromiso que no fuera artístico, Miró recurre al collage, busca nuevos materiales como la cerámica, hace objetos escultóricos con formas elementales cada vez más arquitectónicas, hizo escenografía y vestuario para ballet (Jeux d’enfants) y se asoció con arquitectos tan importantes como Josep Lluis Sert para dar a conocer internacionalmente la poderosa vanguardia catalana.

Puede ser que la obra más conocida de Miró sean los planos de color aislados que eran unidos por líneas para crear alusiones de personajes y paisajes que resultan altamente ornamentales. Estos les valieron para ser convocado para la realización de varios murales como el de la UNESCO, el Guggenheim y otras instituciones de enorme prestigio que divulgaron a nivel masivo su obra.

A pesar de su ruptura con Breton, nunca abandonó el automatismo psíquico surrealista y en 1941 publican juntos el libro Constelaciones. Ese automatismo se haría más evidente cuando se identifica con los expresionistas abstractos norteamericanos, también influidos por las teorías de Breton. Miró siguió entonces  los primeros postulados de Clement Greenberg y pintó con talento descomunal y gestualidad el universo lúdico que antes detallaba de manera casi infantil.

Las obras que exhibe el MALI corresponden a los últimos 20 años de su vida, a su etapa más radical y la que más se libera del Miró ya conocido. Allí se pueden encontrar los rastros de los fundadores de la gran pintura norteamericana como Pollock o De Kooning.

 Eso hace que esta muestra de acogida extraordinaria sea más para iniciados tanto en la obra del artista como en el campo de la abstracción. Al Miró tradicional solo se le aprecia en el cuadro Homenaje a Picasso (1966-1973). En realidad, lo exhibido son cuadros y esculturas propios de un maestro que ha experimentado todas las alternativas hasta llegar a una síntesis que lo aproxima al vacío. A su manera, otros grandes también lo hicieron en la historia, Malevich y Mondrian entre ellos.

La exposición se acompaña de una película a cargo de un genio del cine español, Pere Portabella (Miró l´Altre, 1968), cuya visión es indispensable. Posteriormente este ilustre representante de la vanguardia cinematográfica haría dos cortos más sobre Miró que no han sido traídos a Lima.

Esta muestra, una epifanía, es el único escape posible a la polución que, arropada bajo el manto de la cultura, está anegando Lima y Callao. 

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