Mi mundo plop (2012), de la artista Natalia Iguíñiz. Cover de Globo Pop de Claudia   Coca. Derecha: No es no. Abajo: Muñeca rota (2005)
Mi mundo plop (2012), de la artista Natalia Iguíñiz. Cover de Globo Pop de Claudia Coca. Derecha: No es no. Abajo: Muñeca rota (2005)
Edición 2532: Miércoles, 28 de Marzo de 2018

Un Siglo de 25 Años

Por: Luis E. Lama | “Ella fue una de las artistas que formó los grupos que con mayor inteligencia se enfrentaron a la dictadura fujimorista”.

Mi mundo plop (2012), de la artista Natalia Iguíñiz. Cover de Globo Pop de Claudia   Coca. Derecha: No es no. Abajo: Muñeca rota (2005)
Mi mundo plop (2012), de la artista Natalia Iguíñiz. Cover de Globo Pop de Claudia Coca. Derecha: No es no. Abajo: Muñeca rota (2005)

La antológica de Natalia Iguíñiz en el ICPNA es una de las muestras más complejas de la institución por tratarse de una artista imposible de encasillar dentro de tendencia alguna, porque en esa larga trayectoria, tan fructífera y vital, ha transitado desde la pintura con notables aciertos hasta la fotografía y los carteles.

Natalia egresó de la Universidad Católica como una muy dotada pintora, a tal grado que fue una de las seleccionadas para la sección de jóvenes que participaron en la Primera bienal de Lima, concitando el interés de los críticos internacionales, como Raquel Tibol, quien destacó su participación en la bellísima casona al final del jirón Ica.

Pero desde entonces a la actualidad, el largo trecho recorrido luce como un siglo, o más bien un mundo tan distinto en el que todo se ha perdido, la ilusión y la inocencia. Los años nos han hecho descubrir un espacio cada vez más turbio en el cual al arte le cabe un papel distinto al de las exposiciones tradicionales.

En el ICPNA se exhiben las cajas de luz con las que ella ganara el premio a la mejor artista joven en 1998. Son obras radicales donde la ropa interior femenina se deja ver con sus manchas respectivas. Si originalmente eran fotografías colgadas en el Centro Cultural de Bellas Artes, ahora un espacio cerrado en negro, las coloca a la altura que correspondería a un sanitario recordando que esa instalación fue la primera confrontación pública de la artista a través de su feminidad.

Con una vocación de cuestionar lo establecido, Natalia presentó Pancho Fierro, una obra en la que hacía referencia al cuerpo de Santa Rosa de Lima, en una colectiva convocada para replantear el cuadro de Laso. Su obra fue la más notable. Un díptico con el cuerpo desnudo y con túnica tapándose el pubis, reiterando la pose de la pintura.  Sin embargo, la Catedral está muy cerca y el arzobispado, curioso por ver la ofrenda a nuestra santa emblemática, quedó indignado y pidió la censura.  Pero como suele ocurrir cuando hay un alcalde con inteligencia –Alberto Andrade-  las clausuras se suelen evadir con inteligencia y se esperó hasta fines de diciembre para cerrar la muestra con tres días de anticipación. Eran días en que las galerías solían estar vacías.

Muñeca rota (2005)
Muñeca rota (2005)
Habría que destacar que ella fue una de las artistas que formó los grupos que con mayor inteligencia se enfrentaron a la dictadura fujimorista, creando carteles que resultan memorables, como el de Cambio no Cumbia. Pero es quizás su acción Perra Habla la que ha originado más polémica.  Los carteles pegados en la calle con un texto tan excesivo resultaba una obvia provocación en contra de las formas como se suponía que eran tratadas las mujeres en nuestro medio. Muy pocos la supieron comprender. De una extraña manera esta elaboradísima propuesta hizo que el medio perdiera la inocencia (?) en torno a las formas como los hombres suelen referirse sobre la mujeres. Esos afiches los volví a reproducir en formato enorme 5 años atrás y los exhibí en la Sala Miró Quesada, y a pesar del tiempo transcurrido la obra seguía indignando a los visitantes más prejuiciosos. En realidad, hoy nos hemos vuelto mucho más conservadores y la sociedad se ha escindido más entre quienes optan por la libertad o la represión.

De manera paralela a la obra gráfica, Iguíñiz hizo magnificas fotografías, como las enviadas a La Casa de América en España, en las que se dedicaba a reproducir el área que la arquitectura dedica a dormitorio y baños de empleadas, un verdadero símbolo de la marginalidad. Posteriormente vino su serie La otra, en la cual a su pesar, muchas de las patronas, en cuanto a gestos y actitudes, evidenciaban el poder de clase que una ejercía sobre la otra.

El erotismo también está presente en esta obra, como ocurre con el trío sobre la cama. Y hay un video antológico en el que ella se extrae la leche materna, que luce como un cuadro colonial. Es una obra tan emotiva que debió ser el centro de la exposición.

Estos cinco lustros han sido tan tumultuosos como todo un siglo, y si la preocupación inicial era vitalista, hoy la muerte se hace presente a través de grandes fotografías de cráneos, bolsas negras y, particularmente, una obra pequeña con la imagen deliberadamente degradada donde, por fin, atisbamos cual será el final que nos espera. 

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